Expertos y estrategas de todo el mundo han hecho sus previsiones para este año que recién estrenamos: políticas, económicas, social, medioambientales. Desde el punto de vista sociológico, mi estómago me dice que este año va a ser el año de las mujeres. Y no sólo las tripas lo avisan. Apenas transcurridos 10 días del 2018, las reivindicaciones de las mujeres se suceden día sí y día también en los medios de comunicación.

Esta afirmación no significa que necesariamente sea un dato positivo, ni mucho menos. Sin embargo, desde hace algunos meses, la presencia de las mujeres (como noticia) en la prensa ha escalado exponencialmente.

El caso del productor Wenstein, denunciado por diversas actrices norteamericanas por acoso, desencadenó hace dos meses una serie de reacciones, que, entre otras consecuencias, se ha llevado por delante la fama del antes idolatrado actor Kevin Spacey y de otros artistas menos conocidos. La visibilidad de la industria de Hollywood hizo que el movimiento #metoo trascendiera en todos los países y también en España actrices han denunciado abusos dentro del showbusiness. Además, ha provocado que personas de reconocido prestigio se pronuncien y reaccionen sobre los abusos machistas. Otro efecto colateral ha sido el manifiesto firmado por cien mujeres artistas en Francia para que no se caiga en el “puritanismo sexual”.

MeToo

Pero tampoco hay que llevarse a engaño. Como periodista, soy la primera en reconocer que, cuando un tema concita la atención de la sociedad (por no llamarlo morbo), resulta tentador perseverar sobre el asunto hasta “cosificarlo” y llevarlo a la banalidad.

Sin embargo, se ha conseguido que, precisamente por la actualidad y el foco mediático, casos como el asesinato de Diana Quer o el de la joven valenciana Andrea Carballo, que hace unas semanas murió tras estrellar el coche su pareja, sean considerados crímenes de violencia machista, que, en otras circunstancias, sin el foco mediático tan encima, hubieran sido considerados de otra forma.

Existe un proyecto internacional, el Global Media Monitoring Project, que desde 1995 monitoriza la presencia de las mujeres en los medios y que analiza las tendencias de cambio en materia de género. La pega es que este monitoraje se documenta y edita cada cinco años y los últimos datos son del 2015. En esa última publicación, surgieron datos muy interesantes, que merece la pena repasar.

Por ejemplo, sólo el 24% de las personas que se “trata” en los medios de comunicación son mujeres. De ese porcentaje, su presencia es paritaria en asuntos como ciencia y salud. En contraste, las mujeres representan el 16% de las noticias sobre política.

Otro dato muy sugerente es que a las mujeres se les “selecciona” mucho más que a los hombres, cuando se trata de dar su opinión o de sus experiencias personales, mientras que los hombres tienen mucha más presencia en funciones de “expertos”. Mientras que el 84% de los hombres son escogidos para hablar de política y gobierno, las mujeres representan el 16% en esta temática. Aunque este monitoraje no está centrado en la violencia contra la mujer, sí que hay datos que indican que, en 2015, al 16% de las mujeres se las presenta en los medios como víctimas, frente al 8%de los hombres.

Confío en que, el 2018 suponga un punto de inflexión en las estadísticas del próximo Global Media Monitoring Project, que saldrá en el 2020 a nivel internacional. Esperamos que la presencia de las mujeres sea mucho mayor y que ésta suponga un incremento de su presencia en todas las temáticas. Y, sobre todo, que se reduzca el porcentaje de su presencia como víctimas y aumente su presencia en asuntos que sean determinantes para conseguir un mundo mejor.