Era un sábado. Hablamos de 1990. Joven, discreta y con grandes maneras. Comenzaba a presentar el primer telediario de su vida un 15 de septiembre.

Han pasado 25 años. En nuestro loco mundo de los medios seguimos viéndola en la cadena pública. Menos joven – pero estupenda-, discreta y con todas las maneras.

Siempre comento entre colegas que no sé si Ana llegó al telediario o fue ella quien inventó esta marca registrada por la cadena pública. Inseparables que te hacen dudar como si del huevo y la gallina se tratase.

Esta pedagoga ha casado a los actuales Reyes, despedido a Diana de Gales y –quedará siempre en nuestra retina- nos informó de los atentados del 11-S o del 11-M.

Discreta que no se pasea por ningún otro medio que no sea el suyo nos da una lección diaria a todos los que amamos la buena información y los medios de comunicación. Esa lección diaria rebosa credibilidad y siempre nos la regala cargada con infinitas dosis de humildad y sencilla discreción.

Me resta agradecerle que llevemos disfrutando de su talento veinticinco años.