Camina tranquilo por la explanada de Cine Sur Nervión para acudir a una sesión exclusiva de presentación de Mientras dure la guerra, su última película. Una nueva obra a partir de una escena. Así explica Alejandro Amenábar que nace cada nueva historia que cuenta. En esta ocasión el discurso de Miguel de Unamuno tras el alzamiento fascista de 1936 en el que se dirigió a los franquistas con aquellas famosas palabras: “venceréis, pero no convenceréis”. 

Nos atiende frente a un botellín de agua antes de la proyección de la película, en una sesión en la que tras la proyección mantiene un coloquio con los espectadores moderado por el periodista Alejandro Ávila. Y aunque está de ‘promo’ no elude pregunta alguna, incluso sobre política valorando la actual situación en España, con sus analogías con la historia que él cuenta en la gran pantalla. Y con un mensaje claro, “tenemos que entendernos unos y otros”.

La película ha sido la primera del ránking de recaudación en su primer fin de semana en las salas tras su estreno el 27 de septiembre. Y ha recibido críticas de equidistancia por no posicionarse en ninguno de los dos bandos de la trama. Amenábar lo tiene claro durante la charla con los espectadores: “Más que equidistante, la película es un espejo, y cada uno se refleja de una manera”.

¿Cualquiera diría que estaba programado el estreno de Mientras dure la guerra con la decisión del Tribunal Supremo de exhumar al dictador Francisco Franco?

Precisamente me pilló en una entrevista con Karra Elejalde en RAC 1 el momento en que el Supremo dictaminó la exhumación. Las películas se preparan con mucho tiempo, y el guión la escribimos Alejandro Hernández y yo prácticamente después del estreno de Regresión. Ya era oportuna o inoportuna en aquel momento. La película Incluso estuvo en el cajón durante un tiempo y ha acabado estrenándose ahora que es momento justo, no sé si el más oportuno o el más inoportuno.

¿Qué le llevó a escoger este tema?

El proyecto ha ido creciendo sobre la marcha. Yo comparo hacer una películas o escribir guiones con picar en una mina. Vas buscando oro y yo tenía una pepita, que era la escena en que Unamuno se pone en pie, suelta el discurso y es salvado del linchamiento por la propia mujer de Franco. Y en ese momento ya dije: esto es un escenón cinematográfico. A partir de ahí, investigué más sobre la figura de Unamuno, cuál había sido su actitud durante la Guerra Civil, y vi cómo se configuró el mando y la parte de los generales con Franco. Al juntar las dos tramas es cuando cogió forma la película.

¿Cree que en España se van a cerrar esas heridas en algún momento?

Soy optimista por naturaleza. Lo que la película viene a reivindicar es el espacio de convivencia, es decir, entender que en cualquier país, en cualquier sociedad, existen fuerzas e ideas distintas. Igual puede parecer una perogrullada o buenista por mi parte, pero básicamente lo que pretendo decir con la película es que tenemos que convivir unos con otros. El problema es cuando llevas al extremo tu idea, te creas tu burbuja y eres incapaz de acceder o intentar acceder a la idea del que tienes en frente. Pero yo estoy convencido de que en mi bloque de vecinos no todos votamos igual, por lo tanto en España tenemos que entendernos unos y otros. Y la película está hablando todo el rato de eso.

Entendernos unos a otros empezando por los políticos…

Empezando por los políticos. Es triste que no se pongan de acuerdo cuando los propios votantes están diciendo claramente lo que quieren y creo que es su deber y su responsabilidad ponerse de acuerdo. España es un país en el que se discute, y eso está bien. Lo que yo desapruebo en la política es la pasión exacerbada. La pasión está muy bien para el arte. Y en política está bien la razón y el desapasionamiento.

No es lo mismo hacer malabarismos con el presupuesto de Tesis que con los 6 millones de euros que ha tenido esta producción. Aun así es una persona que ajusta el presupuesto al máximo, ¿En qué le ha sido más difícil en esta película?

Siempre tengo la sensación de que estoy haciendo malabarismos. No me quejo en los rodajes, no me gusta, porque creo que al equipo hay que darle fuerzas, y no puedes estar quejándote de lo poco que tienes o lo que querrías. Lo que sí intento es preparar al máximo los rodajes para sacarle el máximo partido. En este sentido, todo lo que tenía que ver con la recreación de Salamanca y la plaza Mayor en aquella época. En el momento en el que intentas ajustarte al periodo histórico, intentas ser riguroso por ejemplo en el vestuario. Sé que nuestros jefes de departamento las han pasado canutas para ofrecer un trabajo que creo que es equiparable a cualquier producto inglés por maquillaje y vestuario, pero con menos medios.

Ha sido una producción larga y compleja y en la que se pueden vivir momentos de bloqueo. Qué hace Alejandro Amenábar para recobrar el pulso en esas situaciones?

El momento del estrés todavía no he sido capaz de vencerlo, debo tenerlo porque tengo unos acúfenos que me están volviendo loco. Lo mejor para el estrés es parar un momento y tomarte unas buenas vacaciones. Irte al mar, y olvidarte de la película. Otras veces lo mejor es meterte en otro proyecto.

Dice en las notas del director que Karra Elejalde no encajaba con el personaje de Unamuno, pero Karra Elejalde siempre encaja…

Y es porque es un grandísimo actor. Yo creo que la ecuación que hicimos fue vamos a ofrecerle este gran personaje a uno de los grandes. No encajaba ni por edad, ni por talante, ni por físico. Pero a cambio tiene su talento, su fuerza, su enorme abanico expresivo… Entonces en un papel como el de Unamuno lo único que he tenido que hacer es acotar o limitar su abaníco de colores para componer un personaje más seco. Pero por otro lado te da una naturalidad absoluta. Unamuno no leía los discursos, sino que improvisaba sobre esquemas. Y cuando Unamuno improvisó el discurso y sonó en el 36 supongo que tuvo bastante impacto por la que se lió, pero cuando Karra lo pronuncia en 2019 me da la sensación de que está resonando en la sala de butacas y se está dirigiendo a cada uno de los espectadores.

Aparte del proyecto en el que ahora estas inmerso, ¿Algún otro acontecimiento histórico de España que te llame la atención para abordarlo?

No sé, habría que preguntarle a VOX [carcajadas]. Nunca sabes qué te va a llamar la atención de la historia. Siempre me ha gustado la historia cuando era estudiante. Aquí fue esa escena de Unamuno levantándose, y me llevó a todo lo demás. En el caso de Ágora fue mirar las estrellas, empezar a leer sobre cosmología y acabar contando la historia de Alejandría en aquel periodo. Nunca sabes dónde te va a llevar la historia.

¿Qué otro actor o actriz del reparto le ha llamado la atención?

En la labor de casting era fundamental dar con Franco en la medida justa, no pasarse y no quedarse corto. Si haces un Franco muy serio, seco, con una voz muy grave y que imponga, para mí sería engañar. Había que jugar con un Franco con sus problemas oratorios, su vocecita, pero a la vez un personaje que genera mucha inquietud en la segunda mitad de la película. Dar con ese punto justo y dar con un actor que no prejuzgara al personaje y dijera: voy a hacer del malo. Que fuera a defender su personaje. Para mi ha sido maravilloso dar con Santi Prego. Ha sido una interpretación muy ambiciosa, no ha renunciado a ninguno de esos elementos y ha intentado darle la profundidad psicológica que necesitaba el personaje.