Siempre tuvo ese aire afable, de hombre tranquilo que, aun enfrascado casi toda su vida en un mundo tan pasional como el del fútbol y el periodismo deportivo, no dejó de salir airoso del difícil equilibrio en la relación pelota-rotativa, donde un acento con más o menos intención te convierte en héroe de cabecera o en diana de una ruidosa jauría. No, no vamos a hablar en estas líneas de Florentino Pérez y de los más que conocidos roces con el entrevistado porque a sus 68 años, al periodista Alfredo Relaño ya se le nota un aíre de paz. Y se le aprecia cuando se le ve charlar con los alumnos en la sede de La Rábida (Palos de la Frontera, Huelva) de la Universidad Internacional de Andalucía, donde ha dirigido estos días el curso de verano ‘Periodismo, deporte y técnica, un siglo largo de unión’, en el que se ha hablado de historia del periodismo deportivo pero también de tendencias actuales y nuevos hábitos digitales de este macromundo.

¿Un periodista se prejubila?

Bueno, sí se podría decir. Simplemente me he alejado de las responsabilidades y el agobio de estar permanentemente todas las horas del día pendiente de lo que pasaba en el periódico y en el ambiente deportivo y he hecho un nuevo acuerdo con Diario As por el que dejo la dirección [ahora es presidente de honor] y sigo escribiendo cinco días por semana, sigo haciendo una colaboración en El País los lunes, y seguiré entrando en la Cadena Ser en los partidos de la selección y del Madrid. Me quedo con lo divertido del trabajo y que me lleva poco tiempo y me quito todo lo demás porque quiero vivir mejor los años que me queden que van a ser muchos. Quiero llegar a los 90 en buenas condiciones. Quiero probar lo que nunca he probado, no dar golpe.

Una trayectoria la suya ligada al periodismo deportivo en la que también ha tocado la información general en El País, ¿Cómo se da ese salto? 

Casi siempre estuve en Deportes, pero es cierto que después estuve en Nacional y fui Delegado de El País en Andalucía. Fue una etapa muy constructiva para mi personalidad y me enseñó muchas cosas, me permitió conocer muchos campos. Y después, la Cadena Ser, Canal Plus y el Diario As, esto último con la novedad del periodismo 2.0 que ha planteado un trastorno muy grande en la explotación industrial de las cabeceras clásicas de papel.

¿Prensa Radio o televisión?

He disfrutado todo. La radio y la televisión no son mis biotopos naturales, me defiendo escribiendo, no hablando, nunca me hubiera sentido capaz de presentar un programa de radio, mucho menos de televisión, tengo una timidez que me costó controlar. Para conducir un programa nunca me hubiera visto.

Lo que más ha disfrutado…

Posiblemente lo que más he disfrutado ha sido Canal Plus, allí innovamos la mirada a las transmisiones deportivas, los programas, hacer El Día Después… Y en la Ser me atribuyo el mérito de haberle dado el primer traje de luces a José Ramón de la Morena, que ha sido la gran figura posterior al ciclo de José María García. Lo que sí es cierto es que siempre que me he ido de un sitio he tenido unos meses de maldecirme, de decir con lo bien que estaba yo en el otro sitio. Pasas dos o tres meses malos y luego sacas fuerzas y conocimientos que no crees que tienes y sales adelante.

Ha sido una trayectoria de éxitos profesionales, ¿Es su gran fracaso no haber logrado que Michael Robinson hablara bien español?

En mi última etapa en el [Canal] Plus intenté enseñarle latinajos para que se los aprendiera y de repente sorprender, decir cosas como sic transit gloria mundi. Lo estuvimos ensayando y apunté una docena de latinajos para que se los aprendiera y para decirle en qué momento soltarlos en las retransmisiones de los partidos, pero no dio tiempo a ponerlos en práctica y me marché. Creo que hubiera sido un impacto. Aprender inglés es algo que alguna vez he lamentado. Siempre lo he intentado pero hablo como los indios, puedo pedir en un restaurante pero ya cuando me hablan de las salsas no sé lo que me están diciendo. Empecé hace muchos años a coleccionar películas de futbol en inglés y sé lo que están diciendo: Garrincha pasa a Pelé y Pelé mete gol, puedo medio leer en inglés si es algo periodístico, pero entenderlo me cuesta. Mi padre sabía muchos idiomas y me decía que aprovechara que estaba con Michael Robinson para aprender, pero a la vez teníamos la necesidad de que él aprendiera español.

Lo de Robinson era una causa perdida, pero seguro que alguna espinita clavada profesional tiene…

Yo empecé en Marca y tuve una oferta de Pueblo, con 21 años. Pueblo entonces tenía dos reporteros en Deportes: José María García y Juan Manuel Gozalo. García se fue, Gozalo se quedó de primer reportero y me ficharon a mí de segundo, cuando Pueblo era un gran periódico, el que más vendía de España y apostaba mucho por los deportes. Y allí me afligí, me sentí profesionalizado bastante pronto me daban envidia los compañeros -yo aún estaba en la carrera-, saliendo de vinos, con las chicas… Contra mí nadie hizo nada, pero yo veía un ambiente para el que no estaba preparado, de conspiración, fotógrafos hablando mal de otros… Le di un disgusto a mi padre… Se lo dije a Miguel Ors, que era mi jefe, y me fui. No me sentía con ganas ni capaz, no estaba a la altura. Fui como el jugador del Castilla al que de repente le meten en el Madrid en la Copa de Europa y no le da.

¿No se nos ha ido el fútbol de las manos con las cifras astronómicas que se maneja?

El fútbol sobrevive a sí mismo. El fútbol siempre ha manejado mucho dinero y ahora parece que es el dinero el que maneja el fútbol, pero el fútbol puede con todo. Vamos a acabar concluyendo que es obra de Dios.

Eso el fútbol, pero el periodismo deportivo también va muy rápido y habría que pararse a pensar… 

Ahora vivimos un tiempo, hablando del Diario As, que nació ahora hace 52 años y siempre ha sido el mismo concepto. Desde que yo llegué ha habido un cambio acelerado en el que hemos tenido que probar muchas cosas, sin saber lo que funciona y lo que no, y el panorama es muy cambiante. He conocido a gente que llegó a Internet muy pronto y entendió que ese mundo que se encontró en su momento era lo definitivo, y no ha sido así, se han ido quedando atrás. Hay que tener conciencia de lo que te sirvió el año pasado ya no te sirve. Y todo esto en las cabeceras tradicionales de prensa ha provocado una inquietud industrial, vendiendo cada vez menos en papel y sin saber cómo cobrar esto digital. En As creo que lo he dejado resuelto con ediciones digitales fuera de España, en Colombia, México, Chile, Miami, en el mundo árabe, desde la fortaleza que nos da manejar una liga como la española.

Quizás el primer gran error fue volcar en una web gratis el mismo contenido que se vendía en el papel… 

Hubo una especie de fascinación en ser los primeros en equivocarse, ser los primeros en desarrollarlo gratis y en tener muchas visitas ya veremos para qué y empezamos a dar gratis lo que dábamos por un euro o en su día por 100 pesetas. Es totalmente natural que la gente haya perdido el hábito de comprar el periódico y se ha habituado a tener los contenidos gratis. Ahora es muy difícil reconducirlo. El New York Times tiene una iniciativa que todo el mundo conoce pero que nadie copia aquí, que es el muro de pago. Pero además, el New York Times tiene un prestigio y 3.000 trabajadores pero los de aquí no nos atrevemos. 

Otra cuestión que se nos ha ido de las manos es la publicidad de apuestas deportivas. Tendríamos que reflexionar un poco sobre ello…

A veces me crea mala conciencia, fue apareciendo poco a poco y ha irrumpido con fuerza. Tiene un porcentaje muy alto en el periodismo deportivo y te crea mala conciencia, no he querido pensar mucho en eso y quizás debería haber pensado más en ello, pero hay cuestiones que dependen del director a medias y son más de la gerencia de la empresa. Es cierto que si el director dice aquí no van apuestas no van apuestas, pero hacer un daño así por una cosa que no estás tan seguro… Por un lado hay la libertad de apostar y por otro está el peligro de que estés aficionando a gente que es muy joven a una cosa que no es buena, que sabemos que es un vicio malo desde siempre. Siempre nos han dicho desde niños que si jugamos a las cartas no apostemos dinero. Es un vicio que ha hundido a familias el de las apuestas. Yo he descansado mi conciencia en que es legal y no voy a ser yo excesivamente puritano, si realmente fuera malo confiaríamos en que las autoridades lo prohibieran. Y en el momento en que la prohibieran pues a aguantarse y a buscar la publicidad por otra parte. No sé si es el segundo o tercer sector publicitario en diarios deportivos y es cierto que lo ves por todas partes y hay muchas tentaciones.