En febrero del año pasado, el presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Enrique González Macho, dimitió de su cargo (esto en nuestro país ya es noticia), alegando “motivos personales”. Asumió la presidencia, de manera interina, el actor Antonio Resines, que fue ratificado en el cargo tres meses más tarde, sin llegar a celebrarse elecciones al ser el único candidato que se presentó.

Apenas un año después, en julio de este año, dimitió Resines por “serias discrepancias con parte de la Junta Directiva de la Academia” (una nueva dimisión y del mismo cargo ya no es una noticia, es un fenómeno paranormal). De nuevo se nombra un presidente en funciones, en este caso la diseñadora de vestuario de origen británico Yvonne Blake, que se presentó a las elecciones celebradas el pasado 15 de octubre. Las normas electorales han cambiado y ahora, aunque sea la única candidatura, hay que llevar a cabo los comicios. Y Blake obtiene el voto de 193 de los 1.200 miembros de la Academia llamados a votar.

yvonne-blake-presidenta-de-la-academia-de-cine
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El número de votos emitidos ya es de por sí bajo y habla a las claras del distanciamiento entre este organismo y los profesionales del cine, al que sólo parecen prestar atención en época de premios y galardones. Pero, si además tenemos en cuenta que cuando fue elegido presidente González Macho obtuvo el favor de 290 miembros de la institución, no se puede decir que la nueva presidenta tenga mucho apoyo entre sus propios compañeros. Hay que recordar que esa Junta Directiva, con la que se enfrentó Resines y que provocó su dimisión está formada por 28 personas representando a las 14 especialidades cinematográficas representadas en la Academia. Más datos que no invitan a pensar que aquí se acaba el asunto: Yvonne Blake es la 15ª persona que ocupa el cargo de Presidente de la Academia en 31 años de historia de ésta y es la tercera en 18 meses.

Como le decía el centinela Marcelo a Hamlet: “Algo huele a podrido en Dinamarca”.