Salmantino de nacimiento, alma y corazón, se ha dejado conquistar por la tierra extremeña y su modelo televisivo, basado en la “libertad e independencia para trabajar”. Él mismo señala que esa forma de trabajar es algo irrenunciable para “cumplir con la misión encomendada, que es garantizar el derecho a la información de los ciudadanos”. Nos sentamos a charlar con Antonio Pérez Vicente, profesional de la comunicación que lleva el periodismo en las venas y que decidió alejarse de su Salamanca querida para desarrollar una carrera cargada, como él, de optimismo y buen hacer y que le ha llevado a ocupar, nada más y nada menos, el puesto de editor de informativos de Canal Extremadura.

Empezando por el aquí y ahora, ¿cómo es el día a día del editor de informativos de Canal Extremadura?

Pues cuando llegamos montamos la escaleta, el guión del informativo. Decidimos qué noticias vamos a contar, qué importancia le damos a cada una de ellas y quién se encargará de cubrirlas. Tenemos que prever si habrá directos, dónde iremos, los medios que necesitaremos, organizar el trabajo entre las distintas delegaciones de la región… Y todo está abierto hasta el final. La escaleta va cambiando según la actualidad. El tema más importante a primera hora puede incluso desaparecer el momento de la emisión si pierde interés, porque son la actualidad y el servicio púbico los que mandan. Es un trabajo en equipo, de Redacción, Realización, Producción, Técnica… Una maquinaria que tiene que estar bien engrasada para que al final todo funcione en el directo. Para eso, es imprescindible que tengamos capacidad de decisión e independencia, algo irrenunciable. Si no, no merece la pena dedicar tanto esfuerzo en un trabajo que no cumple con la misión que tiene encomendada, que es garantizar el derecho a la información de los ciudadanos. Por suerte, aquí tenemos libertad e independencia para trabajar.

Tu currículum cuenta que has pasado por diferentes puestos relacionados con el mundo de la comunicación: EFE y TVE, la Junta de Castilla y León y el Parlamento Europeo, Ingeniería y Hospitales… Una experiencia tan amplia, ¿es decisiva para elegir un camino?

Creo que la curiosidad y el interés por aprender son la base de un periodista, por eso intento aprovechar los trenes que pasan. En la Agencia EFE estuve dos años con una beca, tanto en la delegación de Castilla y León como en la corresponsalía de Venezuela, en Caracas. Fue cumplir el sueño de ser corresponsal. Sirve para abrir la mente, olvidarte de prejuicios y aprender el oficio con el rigor que aporta una agencia de noticias. En TVE trabajé con Vicente Vallés y José Luis Regalado… Son referentes. Tenemos unos medios públicos con excelentes profesionales de los que he aprendido muchísimo.

A mí siempre me han gustado los informativos, el rigor de contar una noticia, porque me parece que hacerlo bien es un reto continuo. Pero también me llama la atención cómo se trabaja desde el otro lado, desde los gabinetes de comunicación, y especialmente desde instituciones públicas. No es nada sencillo hacerlo bien. Son dos caras de una misma moneda. Se trata de informar, pero los intereses y los criterios no son los mismos. Creo que para elegir bien tu camino tienes que probar cosas nuevas, lugares distintos… Hay que cambiar de vez en cuando, salir de la zona de confort y ponerte a prueba. Más en el caso del Periodismo, donde las maneras de contar varían constantemente. Ejercer en el sector público me parece, además, un doble desafío: contar bien las cosas y estar a la altura de los jefes más exigentes, que son los ciudadanos.

¿Por qué, entonces, y en qué momento decides opositar para la televisión autonómica de Extremadura?

Estaba terminando en Madrid el Máster en Periodismo de Televisión de TVE y convocaron oposiciones para Canal Extremadura. Me pareció una oportunidad para dejar de ser becario y ejercer de manera profesional, con un contrato estable, en el camino que más me gusta, que son los informativos. Lo preparé, pero la verdad es que no pensé que obtendría plaza. De hecho, me iba a quedar en TVE con un contrato en prácticas… Pero al final superé el proceso y comencé una nueva aventura en una región que tiene mucho que contar, con unos compañeros de un nivel, personal y profesional, envidiable. Es una suerte trabajar contando las cosas que le importan a los extremeños. Una suerte y un honor.

¿Virtudes y carencias de los diferentes sectores por los que has pasado?

Entre las virtudes, el compañerismo, la profesionalidad, el rigor y ganas de enseñar qué hay en todas las redacciones y en los medios de comunicación por los que he pasado. Sin pasión, sin ilusión y sin vocación es muy difícil que una noticia o un informativo llegue a buen puerto. En cuanto a carencias… A veces no disponemos de los medios que nos gustaría para contar lo que está pasando. Con la crisis se hizo más evidente esa falta de herramientas para poder cubrir todo. De hecho, muchos periodistas trabajan en condiciones inadmisibles y tienen muchas dificultades para ejercer. En el sector de la comunicación corporativa a veces pasa lo contrario… Hay medios para llevar a cabo acciones, pero, especialmente en las instituciones públicas, falta iniciativa, ilusión, profesionales especializados… Y la burocracia ralentiza todo. Afortunadamente, cada vez somos más conscientes de que una comunicación profesional y especializada es imprescindible para lograr los objetivos de cualquier organización.

¿Cuál dirías que debe ser la máxima, la línea de la que no salirse nunca, en los informativos de una televisión autonómica?

El respeto. A los hechos, a la verdad y a nuestros espectadores. Sin caer en el sensacionalismo ni el morbo y sin hacer daño innecesario, pero sin ocultar nada que sea relevante para el ciudadano. También cuando contamos un suceso, la línea está clara: no puede haber un solo plano que, sin aportar información necesaria, incremente el dolor de las personas afectadas. Hay que cuidar lo que contamos de la misma manera que lo contaríamos si el protagonista fuera alguien cercano a nosotros.

¿Se valora poco el trabajo de las televisiones regionales?

Yo creo que sí se valora, especialmente por parte de los que nos ven. Damos información más próxima y noticias a las que no llegan las televisiones nacionales. Cuando veo las audiencias de los informativos de Canal Extremadura, me siento orgulloso y siento que sí merece la pena todo el trabajo que hacemos en equipo. Es imprescindible que llegue el mensaje porque, si no llegamos, si los espectadores no nos ven, no tiene sentido. Pero sí, creo que hay que poner más en valor el trabajo de las televisiones autonómicas. Hay que lograr en todas, y también en la nacional, un modelo de radiotelevisión pública independiente de cualquier gobierno y de cualquier partido, dirigida por profesionales. Es la manera de tener la credibilidad y la confianza de los ciudadanos. Por ejemplo, Telemadrid ha dado un giro en los últimos años que los espectadores han sabido valorar. Siempre que hay independencia, ganan los ciudadanos, que son a los que realmente pertenecen las radiotelevisiones públicas.

Desde tu perspectiva actual, ¿crees que Castilla y León necesita un cambio en su modelo televisivo?

El modelo de Castilla y León es válido, pero también debatible. Personalmente, en el caso de las autonómicas que dependen del sector público, defiendo un modelo 100% de servicio y gestión pública, con profesionales independientes que accedan al trabajo por oposición. No es un sistema perfecto, pero sí una manera de garantizar la independencia de los trabajadores. En los últimos años hemos visto las justas reivindicaciones laborales de los compañeros allí y, de manera paralela, cómo responsables de la cadena aparecían en tramas de corrupción. Es lamentable. No es, ni en la forma ni en el fondo, lo que se espera de una televisión pagada con fondos públicos.

¿Cómo ve el futuro del periodismo Antonio Pérez?

Veo un futuro incierto, pero lleno de retos y desafíos. Un futuro en el que el Periodismo es probablemente más necesario que nunca. En un mundo globalizado, con la expansión de las redes sociales, los teléfonos inteligentes y con miles de personas dedicadas a propagar mensajes falsos, nuestro papel es esencial. Para eso, primero hay que recuperar la importancia de la verdad, de los hechos, diferenciarlos de las opiniones y se vuelve también imprescindible en nuestra labor aportar contexto, explicar qué sucede y por qué.

Hemos comprobado en los últimos años el poder de las redes sociales que los políticos utilizan para dirigirse directamente a sus votantes y cómo influye la desinformación en elecciones como el Brexit, la de Estados Unidos y también aquí, en Europa y en España. Nuestra labor ya no será tanto la de mediar, sino más bien seleccionar y cribar la información relevante. Aportar valor añadido y, sobre todo, contrastar, poner en evidencia aquellos datos que no sean ciertos, desenmascarar a los que traten de engañarnos. No será fácil, hay muchos intereses, pero creo que será gran parte de la batalla que debamos librar en las próximas décadas. Y, por cierto, más nos vale ganar el combate.