Recientemente tuve la ocasión de asistir a un desayuno de trabajo con el director de comunicación de una de las multinacionales más punteras de un importante sector de producción. Entre café y pastas, hablábamos de los grandes retos a los que nos enfrentamos en esta profesión, con un escenario tan alterado, tan cambiante. Pronto, la charla derivó en terapia de grupo, para lamentarnos al unísono de la gran incomprensión y desconocimiento que rodea este oficio, sobre todo, dentro de nuestras propias organizaciones.

Este directivo hablaba sin tapujos a la hora de definir el paradigma de la comunicación actual. ¿Qué cómo hay que gestionar hoy la comunicación desde la empresa? “¡¡Ni puñetera idea!!”,  decía entre risas. Pero, en el fondo, resulta serio: el que afirmaba esto tiene a su cargo ni más ni menos que la comunicación de una multinacional con sede en Estados Unidos, subsede en Europa y diez potentísimas marcas en juego. Con una franqueza y claridad rotundas, él  explicaba circunstancias, ejemplos y situaciones que a todos los que estamos en este mundo de la comunicación nos resultaban, cuando menos, “familiares”.

Es cierto que hemos pasado de una comunicación unidireccional, controlada y con protagonistas bien definidos, a una situación en la que los mensajes nacen y crecen a velocidad de vértigo, se mueven en la red, en todas las direcciones, y ya no es posible planificar las acciones como antes, porque el escenario se altera en milésimas de segundo. Se nos exige ser rápidos, ágiles, eficaces, certeros…y, por supuesto, proactivos y con la empatía en vena.

Es cierto también que con todas las nuevas herramientas a nuestro alcance la Comunicación Externa es hoy, más que nunca, la llave de oro para consolidar la reputación y excelencia de las empresas. Y en cuanto a los públicos que están dentro de la propia empresa, está claro que la Comunicación Interna resulta la única vía eficaz para generar motivación en tiempos revueltos.

Sin embargo, tal y como explicaba este dircom, a veces resulta complicado conseguir el reconocimiento a la profesión dentro de las propias organizaciones. No hay cultura sobre la Comunicación y se desconoce el potencial de nuestra labor como elemento estratégico para generar valor en las empresas. Porque cuando los presupuestos flojean, los principales destinatarios de los recortes suelen ser los departamentos de Comunicación. Y la gestión de todas las herramientas a nuestro alcance debe realizarse a través de equipos mermados, esqueléticos, con medios muy limitados. Pero por supuesto, manteniendo esa rapidez, agilidad, eficacia, efectividad, empatía….

El dinero no es el único problema. A veces, los recortes son más severos en otras cuestiones, como apoyo interno y colaboración trasversal. Así las cosas, en el día a día puede resultar complicado atender todos los frentes abiertos. Y en muchos casos, nuestras mesas se convierten en zona de aterrizaje de los más variopintos “marrones”.

Me quedó claro que, hasta en estupendas multinacionales, el reto sigue siendo continuar apagando fuegos cuando las  llamas ya llegan al tejado. Pero… con rapidez, agilidad, eficacia y tiro certero.

¡Qué la empatía y la ilusión nos acompañen, compañeros!