No voy a hablarles de gastronomía…o sí!!. Porque al fin y al cabo la comunicación puede llegar a ser un arte, tan sugerente o más que el culinario, si contamos con materia prima de calidad.

Y les digo esto porque  leí hace poco una información…¡suculenta!. .  Según anuncian los informes de tendencias en Comunicación y Marketing para 2016, el 73% de las empresas incrementará su presupuesto en “marketing basado en datos”, lo que conocemos como el Big Data.

Las marcas están dispuestas a invertir “lo que haga falta” para que la tecnología les sirva en bandeja una radiografía perfecta de los anhelos y necesidades de sus clientes. Ya  saben,  desde los formularios web a la encuesta personal en el punto de venta, conversaciones en redes…hay miles de vías y herramientas para conseguirla, pero en definitiva información fresquita y a la carta, obtenida a través de canales propios o a través de datos adquiridos a terceros.

Pero, ¿y luego? De nada servirá tener esta jugosa y valiosa materia prima si luego no se acierta al transformarla en un plato sugerente, correctamente cocinado, servido con esmero y capaz de llegar al alma de nuestro público.

¿Me entienden por dónde voy? Me refiero a que en este momento, los profesionales de la Comunicación deberíamos ir afilando los cuchillos (en sentido figurado, no se me alteren) y ajustándonos el gorrito blanco. Porque somos los responsables de cocinar con encanto toda esa información que el Big Data nos pone encima de la mesa:  sobre nuestros públicos, sobre nuestros clientes, potenciales o reales, sobre nuestros consumidores fieles o sobre aquellos que nos detestan. Porque en algún punto del proceso los adoradores del BD (Big Data) tendrán que recurrir a un experto en BC (“Big  Comunication”…ufff) para transformar esa tempestad de cifras y algoritmos en una lluvia fina de contenidos relevantes y oportunos.

¡Cojamos los delantales, colegas!… y metamos las manos en la masa para dar forma y sabor a los mensajes y a los contenidos. Porque sólo con el toque maestro de un buen Chef de Comunicación las empresas serán capaces de poner alma, corazón y vida al feo universo de las cifras. Y sólo entonces tendrá sentido la inversión. ¿No creen?