En una televisión donde los realitys, el morbo y el ‘despelleje’ campan a sus anchas, se agradece que podamos disfrutar de los pocos contenidos blancos que salpican las diferentes programaciones. ‘Pasapalabra’, ‘MasterChef’, ‘Boom’ o la reciente entrega de ‘Lazos de sangre’ alivian la pobreza de nuestros informativos o de programas donde la ausencia de respeto es tónica necesaria para enganchar a una audiencia que traga lo que le den.

‘Lazos de sangre’ bordea para muchos la ‘línea morbo’ pero comparen historia o vida de las sagas españolas protagonistas en este programa con los invitados de un ‘Deluxe’ cualquiera. Luis Miguel Dominguín, la duquesa de Alba o el barón Thyseen es posible que hayan aportado algo más que el padre de la tal Dakota, Carmen Gahona o Miriam Saavedra. Es posible. Un poquito más de nivel apunta que tienen.

El último documental que hemos visto sobre la saga de los Martínez de Irujo, que no los Alba, nos ha descubierto una familia de estricta educación con sus desavenencias e inquietudes, pero, sobre todo, convirtió en auténtico protagonista de la noche a un Cayetano Martínez de Irujo que desveló la cara real de una vida. La suya. No faltarán los que hagan sangre contra él, pero ya saben que esto es propio de ‘los malos’.

Me gusta el planteamiento de ‘Lazos de sangre’ por su estructura (documental primero y el posterior debate) y por su presentador Boris Izaguirre. Otro descubrimiento ya que, no me negarán, hasta ahora nos tenía acostumbrados a la frivolidad continua.

¿Vemos lo que nos dan o dan lo que nos gusta? Poco importa la respuesta cuando va a derivar en un debate estéril. Apelo, por tanto, a la responsabilidad de aquellos que en su mano está ofrecernos contenidos de calidad porque ya saben, luego nos encontramos con estadísticas donde la audiencia desconfía de la información que les damos.