Apasionante noche electoral. Comprobamos que las encuestas previas no habían servido para nada. Llega la hora de los pactos. Muchas posibilidades tras una campaña desapasionada sin sorpresas ni alicientes.

La línea que ha separado la política de la comunicación ha sido tan fina que hemos confundido donde empezaba y acababa cada disciplina. O tan gruesa que cada una ha discurrido por caminos paralelos. O tal vez, la comunicación no haya existido.

María Luisa Suero del PSOE, Sebastián Torres Fernández del PP, Pablo Pérez Ganfornina de Podemos y Celia Díaz-Rodríguez de Ciudadanos no han jugado, visto lo visto, un papel relevante en la campaña andaluza. Independientemente de los resultados. Sabemos que, tras la mayoría de las elecciones, todos ganan. En esta ocasión, ninguno debería dormir con la sensación del deber cumplido.

Alguno pensará que, tras los resultados alcanzados, el éxito lo ha conseguido el departamento de comunicación de VOX. No es así. No se equivoquen. La causante ha sido la política y, en concreto, la idea de resucitar a Franco por parte de Iván Redondo. El único objetivo era trocear en tres a la derecha española y perjudicar a PP y Ciudadanos en base al sistema d’Hondt. El tiro les ha salido por la culata y la abstención motivada por el hartazgo ha concluido en unos resultados que han sorprendido a propios y extraños.

Susana Díaz revalida victoria, aunque no tendrá que cortejar a una de las mujeres que más la odian de Andalucía. Pablo Casado se enfrentaba a su primera prueba de fuego. Ha salido airoso. Juanma Moreno -el hombre que susurraba a las vacas- no ha estado a la altura, aunque ahora se vea presidente, con el permiso del político tranquilo Juan Marín. Estaremos atentos a que dilucida Abascal.

Escuchen y disfruten estos días de los magníficos analistas con los que cuenta este país. Ignacio Camacho, Soledad Gallego-Díaz, Isabel San Sebastián, David Gistau, Ruben Amón, Raúl del Pozo y un largo etcétera ya nos están aportando claves de esta insípida campaña que acaba de finalizar repleta -para muchos- de mediocres actores que se hacen llamar políticos. Desde anoche los andaluces les han dado una oportunidad histórica para poder cambiar esa opinión.