Para el viejo profesor la responsabilidad del Consejo Audiovisual de Andalucía es un traje hecho a medida. Entusiasta investigador, prolífico autor de numerosas obras y artículos científicos, Antonio Checa Godoy (Jaén, 1946) es una autoridad audiovisual en sí mismo. Su enorme capacidad de generarse inquietudes y de plantear debates a los demás, le ha hecho aparcar el merecido júbilo para intentar ofrecer soluciones a asuntos como la publicidad del juego, el comportamiento ético de los medios de comunicación o para animar a la ciudadanía a quejarse para construir un universo audiovisual más a acorde al tamaño de su responsabilidad social.

¿Por qué debe existir una autoridad audiovisual independiente?

El mundo audiovisual es tremendamente complejo, hoy día lo invade todo. Los consejos nacen en el siglo XX con la obsesión de la televisión. En el caso de España se habla de la necesidad de contar con un organismo de estas características, sobre todo a partir del tratamiento sensacionalista del crimen de las niñas de Alcásser. Se plantea el debate de poner límites al morbo, y estos entes son el instrumento elegido. Pero en el siglo XXI el concepto audiovisual se vuelve más líquido. Se diversifican los canales como el móvil, el ordenador, el whatsapp, las redes sociales … y también aparecen nuevos fenómenos como la posverdad o las noticias falsas. Y todo ello con dos rasgos potenciadores: la rapidez y la multiplicidad. Ese conjunto puede llevarse por delante pilares sagrados como la credibilidad y el rigor. A lo que hay que sumarle una clara impotencia en la rectificación. La verdad a medias se camufla en caracteres llamativos, y apenas hay posibilidad de dar marcha atrás. Antes, el periódico enmendaba un error al día siguiente. Hoy en día, con la rapidez que toma cualquier publicación, se hace casi imposible restituir la información veraz. Estar vigilantes para que los medios de comunicación cumplan con su responsabilidad social y defender los derechos de la ciudadanía ante este panorama justifican sobradamente la labor de los consejos audiovisuales. El Consejo Audiovisual está para aconsejar. Tenemos un poder moral para decir lo que se está haciendo mal. No estamos para prohibir, pero sí para mostrar caminos de cómo hacer las cosas bien.

 ¿Qué preocupaciones le ocupan?

Vamos a celebrar en noviembre unas jornadas sobre la protección de los menores en el mundo digital. Una serie de especialistas analizarán la incidencia que tiene en la salud, especialmente la adicción a videojuegos. Incluso la Organización Mundial de la Salud ha puesto el foco en este aspecto y ha hecho una advertencia internacional ante la proliferación de enfermedades que se avecinan por este complejo fenómeno. Además, me intereso por la incidencia de la publicidad en la población infantil, juvenil y los mayores, sectores vulnerables con menos defensas a ciertos impactos que los adultos. Igualmente, tendremos que actualizar normativas y recomendaciones. Se ha hecho un buen trabajo, el consejo tiene una trayectoria, pero en un mundo tan cambiante la protección y el sentido de esa acción se puede haber quedado corto, obsoleto, y por tanto hay que revisarlo.

Me ocupa crear sinergias para hacer frente común en asuntos como, por ejemplo, la publicidad de juegos. Tenemos una normativa andaluza muy exigente que limita la emisión de estos contenidos comerciales situándolos sólo en horario de madrugada, pero luego hay televisiones de otras comunidades o de ámbito nacional que te lo emiten con una insistencia enorme. Se ha puesto freno aquí, pero reitero que estamos en una cultura audiovisual sin fronteras.

 ¿Cuál es el propósito que lidera su estrategia para el CAA?

La participación de la ciudadanía en el debate audiovisual. Si este universo todo lo impregna hoy día, las personas no pueden ni deben estar ajenas al debate. Y el Consejo Audiovisual de Andalucía tiene que facilitárselo, hacerle parte activa. Por ejemplo, nosotros tenemos una Oficina de Defensa de la Audiencia (ODA) que recibe quejas, las tramita, las analiza y ofrece soluciones que van desde la recomendación hasta el apercibimiento o, incluso, la sanción a aquellas emisoras o programas con malas prácticas audiovisuales, que vayan en contra de los principios éticos que debe regir esta actividad. Pero necesitamos que la gente proteste, que se queje de lo que se hace mal o no es correcto. Deben saber que existimos y que podemos ayudarles, con todas las garantías y en un plazo máximo de tres meses.

Para ello, tal y como nos obliga la Ley Audiovisual, crearemos una comisión ciudadana de participación audiovisual. Por cierto, que se ha aprobado esta norma pero está virgen su desarrollo. Y éste será otra de las grandes tareas, incluida la realización de un plan estratégico del CAA, a la que también nos obliga. Por último, cabe recordar que somos el único consejo audiovisual que vela al 100% por la lengua castellana (el otro tiene al catalán como principal enseña) y tenemos que facilitar el buen uso. Nuestro idioma se está deteriorando. La huella del inglés nos está impregnando día a día. ¿Por qué low cost en vez de bajo coste? ¿Por qué no baloncesto en vez de basket? En alguna medida tenemos que contribuir a que los medios audiovisuales, la publicidad…, que son en buena medida los que popularizan las modas y usos lingüísticos, traten bien al español.

 ¿Tiene la impresión de que se está cumpliendo el pacto ético referente al tratamiento informativo del niño Gabriel?

Le hemos conseguido, a medias. En general, hemos visto que la figura de los padres ha sido respetada, pero se nos han escapado otras cosas: la descripción de cómo la presunta asesina mató al niño ha salido con pelos y señales en muchos medios. ¿Una página entera para narrar cómo mataron al niño? Por favor, déjenlo en paz. Creo que ha habido un exceso de morbo. Me duele.

 Por último, cuando ve portadas como la de El Mundo con la foto del hijo de Blanca Fernádez Ochoa totalmente destrozado, ¿Se pregunta si un ente debería de velar también ante la prensa escrita?

Probablemente. El periódico ha pasado también a ser audiovisual, la edición electrónica se lee más que el papel. Esa portada duele por innecesaria, es regodearse del dolor. A veces ocurre que periódicos que creemos serios caen en estas cosas. En la vieja Inglaterra lectora estaba el medio serio (The Guardian) y el sensacionalista (The Sun), pero sabías perfectamente la distinción. En España se difumina. En “El Caso” no se justifica pero va con la línea del medio, pero en El Mundo no te lo esperas. ¿Una Consejo para medios escritos? La autorregulación no ha funcionado y en este aspecto las asociaciones de la prensa, colegios profesionales, son insuficientes. También los periodistas están más indefensos por la presión de las empresas y eso se traduce en una debilidad también a la hora de tomar decisiones desde la profesionalidad.