Tras casi dos décadas como corresponsal y reportero de guerra y un año trabajando en transformación digital en Harvard, el periodista y escritor David Jiménez se puso al frente de la dirección de El Mundo en 2015. Llegó con la misión de sacar al diario de la crisis y liderar su transformación digital. Su andadura como director terminaba apenas un año después. Y lo que empezó como un reto ilusionante, se convirtió en una batalla por la defensa de la profesión periodística frente al poder político y económico. Sus vicisitudes de aquellos meses quedaron plasmadas en el ‘El director’, un libro que ha sacudido al sector periodístico español. David Jiménez habla en esta entrevista de Periodismo, de hacia dónde cree que tiene que ir el sector y qué es lo es lo que hay que cambiar.

¿Pueden ignorar los medios convencionales a la transformación digital?

No. Porque, además, esa transformación digital no va a esperar a nadie. Es como un maquinista, llevando un tren. Los periodistas y los medios están en la estación. Y cuando pasa, pueden subirse o no. Eso sí, el tren va a seguir su camino. Asimismo, no se puede obviar que, en este momento, el 80% del consumo de informaciones de periódicos se hace ya a través del móvil. Y quien hace un medio puede estar empeñado en vender en papel. Pero la realidad es que los quioscos están cerrando y la gente cada vez se informa más por otros medios. Y quien no se prepare, morirá.

¿Prepararse? ¿No debería estar ya hecha esta transición?

Bueno, sí, vamos con retraso. Cuando yo llegué como director a El Mundo en 2015, una de las cosas que más me llamó la atención era el retraso que había en este tema. Yo venía de Estados Unidos. Allí había estado en algunas redacciones. Y cuando regresé a España me sorprendió no solo el retraso que teníamos, también la resistencia que se vivía todavía en algunas redacciones a hacer cambios que eran necesarios y la nostalgia. Sí, porque los periodistas, en general, somos unos nostálgicos y no nos gusta el cambio. Nos gusta que todo siga siempre igual. Y es que durante mucho tiempo -de hecho, siglos-, los periódicos se han hecho de la misma manera. Pero llegó internet y lo cambió todo. Y creo que algunos, en vez de ver la tecnología como una oportunidad, la vieron como una amenaza. De hecho, todavía hay gente que sigue viéndola como una amenaza. Y eso limita mucho su capacidad para adaptarse.

¿Hay una solución definitiva?

Nadie ha encontrado el Santo Grial de la solución a la crisis del periodismo. Llevamos ya diez años hablando de crisis. Las redacciones de los grandes periódicos se han reducido a la mitad. Solo unos pocos -grandes marcas como The New York Times o The Wall Street Journal– han conseguido un modelo de suscripción que sostenga sus medios de comunicación. Mientras que aquí, en España, en la prensa hemos estado más preocupados de que nos hicieran favores. Pedir favores a un gobierno, a una empresa,… Y a ver si así vamos tirando y sobreviviendo. Pero eso, en algún momento, se va a acabar. Y tenemos que prepararnos. Debemos de convencer a nuestros lectores, oyentes y espectadores de que merece la pena apoyar económicamente a nuestros medios de comunicación. Pero para que eso ocurra, antes tenemos que recuperar la confianza perdida.

¿Es el pago de los contenidos el principal escollo en esta transformación?

Si queremos medios independientes, la única salida es que dependamos de nuestros lectores, en el caso de la prensa; de los oyentes, en la radio, o de los espectadores, si hablamos de televisión. Porque, ahora mismo, los medios dependen muchas veces del poder político, del poder económico, de un favor o de una subvención. Y para ser verdaderamente libres e independientes, se necesitan muchos lectores dispuestos a suscribirse a nuestro medio. Pero insisto, antes de pedirles dinero, tendremos que demostrar que nuestra voluntad es poner nuestro periodismo al servicio del público y no de otros intereses.

Otra cuestión en esta transición digital es la adaptación al usuario, que, al estar continuamente conectado, puede demandar diferentes cosas según el momento.

Y no solo eso, ya que aquí surge otra pregunta. ¿Cómo nos adaptamos a un lector joven que demanda un tipo de periodismo y en unos formatos diferentes a los de un lector que viene del mundo analógico? Y es que varios estudios han constatado el desapego de las nuevas generaciones hacia los medios tradicionales. No estamos llegando a la gente joven. Y ahí hay un problema, porque hay un gran vacío de información. En muchas ocasiones, este público acaba informándose con Youtubers que carecen de rigor o entre ellos, a través de WhatsApp, de bulos,… Tenemos que ver cómo hacemos para que esa gente joven también se interese por los medios. Sin romper las reglas básicas del periodismo y sus principios, deberemos de innovar y adaptarnos a los soportes de los formatos en los que ellos consumen esa información.

Y en la carrera por el tráfico y el clic, ¿dónde queda el trabajo de calidad?

A veces, no hay nada más deprimente para un periodista que ver la lista de las noticias más leídas y vistas en un medio. Con todo, creo que, al final, se ha demostrado que esa carrera por la audiencia no tenía ningún sentido. Se ha bajado el nivel del periodismo para atraer a un público mayor y, en cambio, no hemos sabido monetizar y rentabilizar ese crecimiento de las audiencias. Ahora, de repente, nos damos cuenta de que esa no era la solución. Comprendemos que para un gran diario es mejor tener 150.000 suscriptores pagando al mes por periodismo de calidad que tener millones de lectores que no dejan dinero ni ayudan a sostener una redacción.

En este sentido, creo que el giro inevitable es hacia la calidad. El periodismo de clic fácil (o Sexy Periodismo como lo llamo yo), lo puede hacer cualquiera. Pero escribir un buen reportaje, de calidad, con rigor, con fuentes,…, eso requiere tiempo, edición, periodistas bien pagados,…

Sin embargo, las redacciones cada vez son más pequeñas y se les exige más. ¿Es compatible este modelo con un periodismo de calidad?

Esa es otra historia, claro. Cuando llegó la crisis, lo primero que se hizo fue recortar en periodismo, mientras muchos directivos de los medios seguían con sus bonus, sus planes de pensiones, derrochando en cosas que no tenían nada que ver con periodismo,… Y se ha demostrado que fue un error. Se entró en un círculo vicioso. A más recortes en periodismo, más precariedad. Y con ello, menos calidad, menos lectores y, por tanto, menos ingresos. Y ahí, otra vez a recortar. Un bucle.

Y ahí es donde considero que llega un momento en el que los propietarios de los medios deben repensar para que los crearon. Y volver a la esencia del periodismo, con los principios y valores que todos teníamos cuando empezamos en este oficio. Si a esto le sumamos las ventajas que ofrecen las herramientas de la tecnología y la transformación digital, que te permiten llevar tu periodismo a lugares donde antes era impensable, se da una combinación que igual no funciona para todos, pero para algunos sí. Y creo que es por ahí por donde debería ir el sector.

Todo esto lo ha criticado en su último libro ‘El director’ que ha sacudido al sector periodístico español.

Sï, sí. La prensa tradicional ha reaccionado fatal. Los periodistas no están acostumbrados a que se hable de ellos. Están más acostumbrados a ser ellos los que critican a políticos, empresarios, deportistas, restaurantes,…, lo que sea. Pero fíjate lo encerrados que hemos vivido en nuestro mundo, el gueto o la casta que se ha creado en el periodismo, que en cuanto alguien escribe algo crítico sobre el oficio, se echan encima, diciendo: “¡No lo tenías que haber escrito!”. Al final, lo que he hecho con El Director es romper la ley del silencio que, durante décadas y por alguna extraña razón, nos impedía ejercer nuestro oficio con nosotros mismos.

Imagino que era consciente de las reacciones que iba a provocar. ¿Hacía falta escribir este libro?

Hacía mucha falta

¿Y por qué no se ha hecho hasta ahora?

Porque los periodistas no tenemos mucha capacidad de autocrítica. Porque las personas que dirigen los medios no han tenido ningún interés en que las cosas cambien. Porque a una minoría le ha ido muy bien. Porque se han creado aristocracias periodísticas que han decidido que es mejor que nada de esto salga a la luz y que las corrupciones, las irregularidades, el compadreo con grandes empresas del Ibex o las subvenciones no declaradas de instituciones públicas permanezcan bajo la alfombra para que siga funcionando la maquinaría. Y cuando yo llegué a El Mundo y descubrí ese sistema, me resistí. Y como se vio, duré poco.

El sistema, básicamente, lo que te dice es: “Acepta cómo funcionan las cosas y si no, te reemplazamos por una pieza que esté mejor engrasada”. Y si encima, después haces como yo, que demandé a la empresa y que he escrito un libro contando todo aquello de lo que fui testigo, pues hay una parte de la profesión que te ve como un traidor. En cambio, yo lo veo como una prueba de lealtad al oficio. ¿Cómo ayudo más a la profesión que tanto me ha dado: callando todo lo que sé de cómo funciona por dentro y lo mucho que tenemos que mejorar o denunciando lo que va mal para hacer algo y mejorarlo?

¿Y ha servido para algo?

Por lo menos, ha creado un debate. Sería un poco presuntuoso por mi parte pensar que escribo un libro y el periodismo español se regenera. Pero ha creado un debate. El libro ha sido un éxito, está en la quinta edición. Hay muchísimos periodistas jóvenes ilusionados que me escriben, pidiéndome que hagamos un proyecto periodístico diferente. O compañeros, que están en puestos de dirección, más a nivel privado, que también me han dicho que era necesario abrir un poco la ventana, que entrara un poco de aire en el oficio.

¿Es posible un sector periodístico totalmente libre, sin ataduras con el poder político y empresarial?

El poder siempre va a tratar de controlar a los medios de comunicación. Pero aquí, en Corea del Norte, en Ecuador y en cualquier sitio. Lo que pasa es que, en los últimos año, en España hemos vivido una derrota sin paliativos del periodismo. Y eso no ha ocurrido en otras democracias.

Entonces, ¿el periodismo español está peor que el de otros países?

Sí, está peor. Si nos fijamos en el periodismo serio, el español no está al mismo nivel del que se hace en Alemania, Francia, Reino Unido, Países Nórdicos e incluso Portugal. O en Estados Unidos, con grandes marcas como The New York Times o The Washington Post. Estamos muy por debajo en independencia, honestidad, transparencia,… Y, por supuesto, muy por debajo en el respeto al trabajo de los profesionales, que, en muchos casos, no pueden sobrevivir haciendo su trabajo. Yo tengo amigos, cada vez más, que están abandonando el periodismo, porque no pueden vivir de crónicas a 30 euros (y además, págate el taxi). O gente que se va a un conflicto, que se juega la vida, y le dicen que le van a pagar 60 euros por una crónica.

¿Con qué profundidad se va a hacer periodismo si se maltrata así a quiénes lo hacen? Creo que se ha perdido el respeto al periodista en este país. Se lo han perdido los políticos, las empresas y, lo más grave aún, se lo han perdido las propias empresas periodísticas. Y hasta que no lo recuperemos, no va a ser posible de darle la vuelta a esto.

Después de todo lo que ha vivido, ¿volvería a aceptar el cargo de director de El Mundo?

Sí. Y, además, entraría de manera más agresiva a hacer los cambios que son necesarios. Lo haría con la misma mentalidad. Me da igual durar un día, un año o 20. Pero trataría de hacer un periodismo al servicio de la gente, no de los intereses políticos, corporativos o del jefe de la segunda planta, que está en consonancia con ellos. Creo que cualquier periodista que sea honesto, que tenga una visión de un periodismo ferozmente independiente, cuando le ofrecen la posibilidad de hacerlo, debe intentarlo. Una y mil veces.

¿Volvería a dirigir un medio?

No creo que nadie vaya a ofrecerme un puesto ahora. Alguien como yo, que, cuando lo han despedido, cuenta toda la corruptela, intrigas e irregularidades que se ha encontrado, es un peligro público. Dudo que el Establishment mediático vaya a hacer fila frente a mi casa para ofrecerme algún puesto. Además, yo he demostrado que tampoco sirvo para los despachos. No obstante, a mí sí que me gustaría que los puestos de dirección de los medios se ofrecieran y ocuparan por periodistas de verdad. No por políticos disfrazados de periodistas, que es lo que tenemos al frente de muchos de los medios de este país.