Galo Celta es el nombre de la explotación avícola de David Sueiro, situada en Vila de Cruces, Pontevedra. Allí cría más de 3.000 gallinas Pularda Celta: la raza autóctona Galiña de Mos. Los huevos más caros del mundo están en Añobre, y Martín Berasategui los compra a un euro la unidad. La marca vende carne de gallo, pulardas alimentadas con uvas, embutidos, caldo de gallina vieja, conservas… y huevos. La media docena se puede adquirir en El Club del Gourmet de El Corte Inglés por 4,95 euros.

  • Lo curioso es que la empresa -que hoy tiene tanto éxito que no puede cubrir toda la demanda-, nació de las cenizas de un fracaso empresarial previo. Tú eras funcionario y, con un programa de emprendimiento de la Fundación Juana de Vega, pusiste en marcha una cooperativa para crear una renta complementaria agraria. Pero aquello no salió adelante… ¿Qué puedes contarnos de vuestros inicios?
  • El concepto de que, aunque seas un pequeño productor no dejas de ser una empresa, a nosotros nos costó el primer fracaso. Veníamos de un mundo totalmente profano a lo que era el mundo empresarial y el producto, pero la idea que queríamos poner en marcha era algo muy vendible y con muy buenas expectativas. Lo que pasa es que se quedó en el camino porque ni yo era empresario ni la gente que me acompañaba en la cooperativa tenía ningún bagaje empresarial. Y fue un fracaso de tiempo y de dinero, una experiencia inicial negativa, pero de la que aprendimos mucho. Finalmente, a nosotros el programa de la fundación Juana de Vega nos sirvió para poder hacer las cosas bien. Nos ayudó a tener claro qué queríamos hacer y a quién nos queríamos dirigir; y a conseguir hacerlo todo con un lenguaje honesto.
  • Vuestro modelo de negocio confirma la afirmación de que menos, es más. Vuestra marca “Galo Celta” ha dejado clara la voluntad de hacer las cosas con el respeto a la tradición, como se hacían antes, pero con la vista puesta en el mercado gourmet. Estáis siendo capaces de demostrar que la agricultura no está reñida con el lujo. ¿Cómo te sientes al ser apodado “el gallinero de la alta restauración”?
  • Todos los piropos y las alabanzas sientan bien, lo que pasa es que como yo me quiero dedicar a esto muchos años es algo que tienes ahí presente constantemente y lo importante, como se suele decir, no es llegar; es mantenerse. Supone más responsabilidad y más ganas si caben de hacer bien las cosas para seguir estando ahí muchos años haciéndolo bien y, sobre todo, conseguir producir más sin perder la calidad. Siempre hemos tenido claro que, por el precio, y sobre todo por la producción que podíamos poner en el mercado, nuestros productos estaban totalmente orientados al lujo. Ahí, aparte de sentirnos cómodos, todas las iniciativas que tratamos de poner en funcionamiento iban dirigidas hacia ese nicho. Ahora lo que está siendo un poco más complicado es conseguir una producción suficiente para abastecer a este tipo de clientes, siempre manteniendo la honestidad y el buen producto.
  • Ferrán Adriá, Pepe Solla, Nacho Manzano, Javier Olleros… Martín Berasategui, que ha incluido los huevos Galo Celta en un plato nuevo de su carta, declaró en una entrevista que es el mejor huevo que ha probado en su vida. Detrás de la receta del caldo de gallina vieja está el también estrella michelín Ivan Domínguez. ¿Cómo conectasteis vuestro producto con la alta gastronomía?
  • Eso fue muy sencillo, nosotros vimos que había un hueco ahí. Era un producto al que la alta restauración no tenía acceso porque ninguna otra empresa dedicada al mundo de la agricultura lo estaba trabajando, ni le estaba dando lo que le estamos dando nosotros.  Así que al principio nos fue fácil en el sentido de penetrar en el mercado. Aparte de que había muchas expectativas en lo que estábamos haciendo nosotros, el producto gracias a dios nos da esos atributos para que cuando llegue a las cocinas realmente conquiste a estos cocineros. Nuestros artículos hicieron lo que tenían que hacer, que era enamorarlos, y nosotros, a través del diálogo que mantenemos con ellos continuamente, reforzamos esos lazos. Precisamente hoy en día una de nuestras fortalezas es ese buen ambiente y esa buena comunicación que tenemos con los chefs. Con respecto a Berasategui, todo empezó de una manera totalmente casual. Le conocí en Madrid Fusión y, durante la conversación, le dije que le iba a mandar unas muestras. A partir de ahí, el recibió el producto y le gustó, y nos ayudó a desarrollar el modelo de negocio y los productos de una manera totalmente desinteresada. Solo tengo palabras de agradecimiento.
  • No solo los cocineros son gastronomía. Nunca hubo en Galicia proveedores tan buenos vendiendo tan excelentes artículos. De pronto hay gente joven que ha vuelto al campo y se ha propuesto reivindicar el producto, darle valor. ¿Qué tienen de especial vuestros “huevos de oro”?
  • Lo que hicimos fue apostar siempre por la calidad, cuando lo que se encontraba en el mercado era exactamente lo contrario. Solo se primaba la producción, mientras que la calidad del producto no tenía tanta importancia. Eran más sustanciales los rendimientos y el aspecto económico. Al observar el modelo de negocio de una forma diferente y apostar por el producto, lo que hicimos fue trabajar un huevo con menos agua, rico en ácido oleicos y en omegas; buscamos recuperar esos productos que hacían antes nuestros antepasados y tenían unas propiedades tan bondadosas y, sobre todo, que estaban tan ricos. Tratamos de hacer lo que hacían nuestros abuelos, pero con la trazabilidad y todas las exigencias del mercado actual.
  • Coincidiendo con la campaña de navidad 2015, comenzasteis la comercialización de vuestros productos en exclusiva para el Club del Gourmet de El Corte Inglés. Unos productos “delicatessen” que ya tienen demanda en distintos países del mundo como Francia, Luxemburgo, Reino Unido, y llegan hasta Japón. Háblanos de vuestro modelo de distribución.
  • Al principio, nuestro modelo de negocio era trabajar directamente con los cocineros. Ahora, son ellos los que nos están echando una mano para buscar distribuidores con los que ellos trabajan para poder entrar en el mercado. Sobre todo, en lo que se refiere a exportación.
  • Hace poco habéis recibido el premio ‘Best Branding Packaging´ por vuestro estuche de media docena de huevos “Galo Celta” en los Best Awards de Marketing Alimentario. ¿Qué grado de importancia ha tenido el marketing en vuestro caso de éxito?
  • Esto es como todo, cuando tienes un buen producto y quieres dirigirte al lujo, lo que no puedes hacer es tratar de escatimar o ver como un gasto la puesta en escena. Nosotros lo que tenemos claro es que, si queremos tener el mejor huevo del mundo, debe ir acompañado del mejor envoltorio que podamos ofrecerle. Fue repito una inversión, no un gasto, que nos dio muchas alegrías y de la que estamos muy satisfechos. La gran importancia que le damos al marketing no se trata de una actividad puntual, sino de una filosofía, una forma de entender lo que es nuestro negocio.
  • Galo Celta cumple además una función educativa. Y es que la granja-escuela de Añobre recibe a los visitantes para enseñarles todo el proceso. Entre vuestros futuros proyectos está el de crear un pequeño hospedaje y un restaurante para dar a conocer toda la línea de productos. ¿Cómo avanza el reto?
  • Vamos cubriendo fases poco a poco. Lo que queremos hacer ahora es poner a funcionar la granja escuela para los colegios y ciertos colectivos con algún tipo de discapacidad. Tanto el restaurante como el hospedaje es algo que montaremos a futuro. Nuestra idea es que Galo Celta sea una experiencia, y que todo aquel que sienta curiosidad o quiera descubrir como criamos y mimamos a nuestras gallinas tenga las puertas abiertas de nuestra granja para que se vaya de aquí enamorado de lo que hacemos.
  • No podemos dejar de preguntarte por tu paso por el reality de Cuatro Granjero busca esposa, donde conociste a Patricia Lorenzo, tu actual pareja. ¿Flechazo a primera vista?
  • La verdad es que las expectativas que tenía eran vivir una aventura y tratar de aprovechar mi paso por el programa para que conociesen nuestro trabajo y la filosofía con la que hacemos las cosas. Me llevé una muy grata sorpresa con Patricia y, aparte de ser un flechazo a primera vista, lo que me cautivó desde el primer momento fue que ella viene también del mundo rural, y nuestra capacidad de conexión y de entendernos desde el minuto uno fue algo que a mí nunca me había sucedido. Aunque el paso por el reality para nosotros fue un poco convulso al tener que romper las reglas para poder salir juntos, la experiencia fue inolvidable y me llevé lo mejor que me podía haber llevado del programa.