Año 2025 (por ejemplo). Dios es un algoritmo.

No se está ocupando de si haces bien o mal. No juzga si haces el Bien o el Mal, no en tanto que comportamientos censurables o loables, no mientras no tengan relevancia comercial.

La puerta del apartamento se abrió cuando la cámara reconoció tu iris. Felicidades. Al mismo tiempo, has recibido un mensaje certificado en tu Smartphone que te notifica que debes abandonar el apartamento a final de mes. Sabemos que has perdido tu empleo y con tus saldos de depósitos no serás capaz de hacer frente a una nueva mensualidad.

Tu iris no te abrirá la puerta el 1º del próximo mes.

Se interrumpirá el servicio eléctrico, no habrá agua corriente y por supuesto el supermercado dejará de reponer tu nevera.

La compañía telefónica te desea suerte para la búsqueda de un nuevo empleo y te propone los servicios de búsqueda gratuitos, soportados por publicidad (artículos low cost, sabe que tus recursos son escasos) o los premium, que te aseguran entrevistas a cambio de un cuota de suscripción anual.

Te propone también subir tus artículos “físicos” al market único de compra-venta de usados. Cobrará una comisión escalable en función de la rapidez con que se deshaga de tu colección encuadernada de El Vívora. En realidad tiene ya un comprador, pero decide cuándo materializar la venta aplicándote un tipo de descuento.

Si tienes prisa, como sabe el algoritmo, estás perdido.

Hace tiempo que la Ética desertó del universo sanitario. Las compañías farmacéuticas, los seguros privados, los hospitales también privados aunque construidos con dinero público redujeron la deontología médica a la categoría de anécdota cañí. El algoritmo comercia con órganos humanos. Siempre hay alguien que necesita y puede pagar. Sabemos quién es y dónde está. Sólo hay que machear.

El algoritmo no hace otra cosa que machear.

Es más, siendo francos, te diremos que lo de tu empleo lo ha preparado el algoritmo. Podemos reemplazarte con alguien igual de capacitado… ya veremos más adelante para qué nos sirve. El caso es que sabíamos que vives un poco al límite. Te encanta comprar los productos que nosotros te proponemos (antes siquiera de sospechar que los puedas necesitar). Así que… como tu hígado está en óptimas condiciones (para algo hemos comprado una red de hospitales privados que hacen reconocimientos médicos en empresas) y es 100% compatible con el de nuestro cliente ruso…

Te dejamos adivinar.

No creas que ha sido fácil llegar a esto.

El algoritmo lleva ocho años y medio entregando una botella diaria de Absolut en la nevera del ruso. Tenía que pasar.

Al final, nos dimos cuenta que la salud era el mejor artículo comercial. Hace tiempo que nos reímos en las narices de Jeff y sus tristes libros, supermercados, artículos de electrónica. Torpes intentos de conquistar el mundo.

En tiempos remotos fueron las especias, luego las materias primas, combustibles fósiles, tierras raras, energía, minería de datos… Teníamos el Gran Producto delante de las narices y no nos dábamos cuenta. Tuvo que decírnoslo el algoritmo. El gran producto era la Vida.

El algoritmo tiene toda la información. Sabe en cada microunidad de tiempo en qué lugar de la curva tiene lugar la intersección de oferta y demanda. Pasado ya el tiempo en que provocábamos oferta cuando disponíamos de una demanda demasiado específica. Hemos ido un paso más allá…

…el algoritmo crea la oferta y la demanda. El donante y el receptor. Miles de veces por segundo en miles de lugares en el mundo. Ahora, sólo tienes que sentarte y esperar tu turno.