Efe Verifica bulos redes sociales

Desirée García: “Las redes sociales están yendo en una dirección mejor de la que iban hace algunos años para luchar contra los bulos”

La periodista Desirée García es la responsable de Efe Verifica, la apuesta por la agencia de noticias pública española por seguir sumando en la verificación de bulos y noticias falsas. Una división de la Agencia Efe que ya ha entrado en la Red Internacional de Verificación de Datos del Instituto Poynter y que espera seguir creciendo y ampliando sus servicios en la comunidad latinoamericana, donde la agencia tiene una amplia presencia.

Efe Verifica nació hace algo más de un año, ¿Qué balance puede hacer?

Sí, de hecho la primera información que publicamos fue sobre mitos relacionados con la mujer con motivo del 8M. Lo más destacado es que entramos en la Red Internacional de Verificación de Datos (International Fact-checking Network del Instituto Poynter). Empezamos de cero. En la Agencia Efe tenemos una práctica muy consolidada de contraste de fuentes y estamos muy acostumbrados al trabajo periodístico de fondo haciendo verificación, pero no teníamos un servicio de verificación de noticias ya publicadas. Fue una innovación grande, un cambio en formato y en las rutinas. Cuesta mucho más hacer un artículo de verificación que un teletipo al uso porque tiene un trabajo de investigación detrás.

¿En qué aspectos se está centrando Efe Verifica?

Hemos estado muy vinculados al fact-checking político y desde que estalló la pandemia del coronavirus estamos entrando más en la información en redes sociales sobre este tema. El balance es que es algo que cada vez preocupa más a la sociedad española y a nivel internacional. Es un trabajo necesario y esperamos poder ayudar a los ciudadanos a abrir los ojos y saber identificar cuándo nos intentan engañar y cuándo no.

¿Se cumplen las expectativas?

Ahora mismo somos sólo dos personas a tiempo completo dedicadas a este proyecto. Tenemos colaboradores y periodistas en prácticas. Para los recursos que tenemos, hemos llegado bastante lejos, hemos conseguido montar un servicio de cero, tenemos un espacio en la web y el sello de Poynter. Creo que estamos cumpliendo expectativas, pero sin duda tenemos que crecer. Estamos trabajando para poder incrementar el equipo.

De lo visto durante el Covid-19, ¿Qué ha tenido más incidencia, los bulos políticos o cuestiones relacionadas con la salud, como remedios milagrosos?

Ha habido de todo. También hay bulos que viajan de unos países a otros. Pero lo que más preocupa son los que tienen un efecto directo contra la salud. Como el caso de quienes hayan oído decir al presidente Trump que tomando desinfectante se van a curar o proteger. En Irán se han registrado casos que se han dejado llevar por esta información falsa. Esto es lo que más preocupa porque se viralizan muchísimo. Lo más frecuente son videos de Youtube y cadenas de Whatsapp. Obviamente también hay desinformación política pero tiene una incidencia menor en la salud. También es verdad que con el coronavirus la actividad política y parlamentaria ha descendido. Hay menos declaraciones o pronunciamientos sobre determinadas cuestiones, y por lo tanto menos desinformación en este campo.

Además de la verificación por parte de profesionales, ¿Sería necesario abordar de un modo global una pedagogía para detectar y frenar el bulo antes de que se propague?

Es la medida más importante, que la gente sepa identificarlos y no creérselos en seguida. Hay muchas organizaciones en España, Europa y EEUU que están haciendo pedagogía en este sentido. Talleres informativos, informes, iniciativas con gobiernos europeos para fomentar la educación en identificación de bulos. En España de la mano de Twitter también hay alguna iniciativa. Es importante incidir en el colectivo de los jóvenes que se están formando, que quizá son más permeables y sensibles a las mentiras que les llegan de su entorno más cercano. Y también a las personas mayores, que también tienen más facilidad para creer bulos. Estos dos son los colectivos más vulnerables ante los bulos y en los que hay que incidir más. Es bueno que la gente empiece a pensar que ese tipo de mensajes no lo ha hecho la persona de confianza que se lo manda, sino que le ha llegado a él.

Teniendo en cuenta que los principales canales a través de los que se transmiten los bulos son Twitter, Facebook o Whatsapp, ¿Crees que estas redes hacen lo suficiente para luchar o contener los bulos?

Yo creo que están haciendo muchas más cosas que hace relativamente poco tiempo. La libertad de expresión es un derecho fundamental. Entonces a veces es difícil equilibrar estas dos cosas. Whatsapp tiene la peculiaridad de que la comunicación es interpersonal, con lo cual nadie puede entrar a ver qué se está diciendo. Se están poniendo en marcha cada vez más iniciativas, al menos para avisar a los usuarios de que hay contenidos falsos, advirtiéndoles. Lo hace Facebook y otras plataformas. Y Youtube también lo está haciendo, ha sido de las últimas en sumarse a esta tendencia. 

Pero siempre hay fallos. Por ejemplo una publicidad en Facebook sobre Jordi Évole y las criptomonedas que se supone que debe tener ciertos filtros…

Sí, los hay. Es que el volumen de publicaciones que tienen es increíble. Por ejemplo, nos contaban de Youtube hace unos días que tienen a 10.000 personas en todo el mundo revisando vídeos que reciben algún tipo de aviso por parte de usuarios o organizaciones que colaboran con ellos. Y aún así se escapan cosas… Pero también tienen el algoritmo bastante entrenado para identificar contenidos. Yo creo que las plataformas están yendo en una dirección mejor de la que se tenía hace algunos años y se está consiguiendo reducir la circulación de desinformación en algunas de ellas.

De hecho Facebook y Google son fundadores de la red de verificación internacional de Ponter y han hecho aportaciones económicas a verificadores para esta labor…

Sí, Facebook y Google han dado fondos a Poynter para desarrollar proyectos relacionados con verificación. La IFCN está financiada por tecnológicas y otras organizaciones. En general todas las tecnológicas se han sumado al mismo carro. Son como una realidad paralela en la que la opinión pública está presente y se están dando cuenta de que tienen que establecer algún tipo de regulación respecto a este tipo de contenidos.

En plena pandemia el ministro de Justicia anunció que después de la crisis se revisarán los mecanismos legales para que quienes hagan o difundan bulos “no se vayan de rositas”, ¿Cree que es necesario herrmaientas sancionadoras o punitivas?

A todos nos gustaría que hubiera menos bulos. Pero es muy dificil regular. Para empezar, no hay consenso sobre lo que es un bulo. Lo que para alguien es un bulo, para otra es una mala interpretación de una situación determinada. Ver también hasta qué punto ese bulo tiene repercusión. Es muy difícil medir el impacto de los bulos y definir de forma cerrada qué es un fake. De hecho sobre una misma información falsa, un verificador te puede decir que es falso, y otro que es engañoso o que faltan pruebas. Es muy difiícil regular sobre algo que está en un área gris y que además pone en peligro la libertad de expresión.

Para eso están los legisladores…

Yo creo que en el código penal hay figuras que permiten luchar, aunque el entorno digital lo acelera todo y de alguna forma la justicia puede perder efectividad. Pero sí hay tipos penales que permiten castigar a quienes difaman, cometen delitos de odio, calumnian… Esto puede afectar a personas que a título individual están inventándose cosas. Es verdad que hay ciertas campañas organizadas desde ciertas instancias para desinformar. Sí que deberíamos encontrar alguna forma de evitar que eso ocurra. Igual más que la vía judicial puede ser la sanción económica para evitar de alguna forma que la gente que se dedica a esto tenga medios económicos para desinformar Cuando se tienen medios económicos se llega más lejos que cuando una persona por sí misma se inventa cosas. La desinformación que más daño produce siempre está organizada. Intentar evitar esa organización estaría bien. ¿Cómo? No lo sé.

Del mismo modo que los periodistas tenemos una responsabilidad y atenernos a la veracidad, ¿Este tipo de mensajes en redes que incluso pueden tener más difusión no deberían estar sujetos a una especie de advertencia y a unas consecuencias?

Sí, lo que pasa es que es muy dificil. No es lo mismo que alguien de forma individual difunda o haga una broma o comentario, o pase un mensaje que es mal interpretado y de repente se viralice sin saber muy bien por qué, a alguien que tiene una granja de bots que se dedica a inventarse cosas para desprestigiar a un determinado político, empresa o lo que sea. Esas acciones sí deberían evitarse, se debería luchar contra eso. La forma más eficaz es cortarle los medios económicos.

¿Quién es el mayor fabricante de bulos en España?

Se me vienen algunos a la cabeza. Hay muchos. Hay tres o cuatro páginas muy activas y también tuiteros.

Ya son varios medios verificadores en España, Newtral, Maldito Bulo, Efe Verifica… ¿Os coordináis?

Hablamos sobre todo en algunos temas relacionados con la IFCN. Es una red muy activa que trata asuntos globales y estamos en contacto. Se han impulsado muchas iniciativas colaborativas desde Poynter. Estamos en una alianza contra el coronavirus en el que somos más de 100 medios. 

¿Los bulos han llegado para quedarse?

Siempre ha habido bulos, pero ahora con las redes sociales es mas facil, rápido y se magnifica. Han venido para quedarse, es triste, pero es así. Puede mejorar si se hace pedagogía con la ciudadanía como comentábamos antes. Así puede mejorar. Pero al final nos creemos lo que queremos creernos. Cuando te cuentan algo que es mentira es muy atractivo y hay gente a la que le apetece creérselo.

Va muy ligado a aquello de “no dejes que la realidad te estropee un buen titular…

Eso ha existido siempre. Además estamos en un momento en el que lo de la posverdad es cierta. Hay mucha gente a la que no le importa que algo sea mentira. Por ejemplo, el tema de la lejía en Estados Unidos. Hasta el propio Trump ha dicho que es una broma, pero hay gente que sigue creyéndolo.

Es muy fácil propagar un bulo y muy difícil desmontarlo…

Deja una sombra de duda que es muy difícil de quitar. Por eso los que generan bulos y tienen una repercusión en la sociedad al final casi siempre salen ganando. Consiguen sembrar la incertidumbre y es justo lo que quieren. Aunque haya medios o verificadores que digan que es falso.

La Agencia Efe tiene una fuerte presencia en latinoamerica, ¿Cómo estáis organizando la verificación allí?

Sí, latinoamérica es un mercado muy importante para Efe a nivel informativo. Y en cuanto a las fake news, Brasil es precisamente uno de los lugares del mundo donde más bulos circulan. Ahora tenemos una equipo en formación allí y esperamos que en breve empecemos a tener el servicio funcionando.

Fotografía: Javier Riaño (EFE)

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