El Ayuntamiento de Zaragoza tiene un verdadero problema a la hora de comunicar. No sé si es que no quieren o no saben. Ambas son malas recetas para el técnico que osa el aceptar un cargo para el que tal vez no esté a la altura.

En una organización tenemos la obligación de estar orientados al cliente y contagiar con pasión al resto de la organización porque creemos en la mejora, en este caso, de nuestra ciudad. No sé si a orillas del Ebro habrán oído hablar de la disciplina del Citymarketing o si no se les quedó lo escuchado en algún seminario. Tenemos  la necesidad de buscar una identidad que ponga en manifiesto los valores de nuestra ciudad y proyectar nuestros recursos y cualidades a públicos internos y externos.

Estamos a millones de años luz de esa “ciudad ideal” a la que todo gobernante aspira por su rediseño o las cualidades que regala a los ojos de cualquier ciudadano (de la ciudad o visitantes). El place branding del ayuntamiento zaragozano está lejos de la estrategia de comercialización urbana que se concibe dentro de un enfoque más amplio de dirección estratégica y que engloba la transformación física con el urbanismo.

La semana pasada, la mayoría de las ciudades hicieron su encendido de calles para Navidad. Podemos compararnos con las grandes, medianas y pequeñas. Todas ellas dejan en un triste lugar a nuestra querida ciudad de Zaragoza. Mientras todas despliegan sus alumbrados navideños, nosotros ponemos un árbol en la Plaza Basilio Paraíso que es más pequeño que el de cualquiera de las casas de los transeúntes que pasan por delante. Vergüenza ajena o poco sentido del ridículo tiene quien permite esta broma navideña.

Unas ciudades se ponen bonitas y la nuestra empequeñece año tras año, demostrando lo poco que importa en nuestro consistorio la comunicación urbana. Ahora sólo toca rezar para que no mengüe el Belén de nuestra Plaza del Pilar.

 

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