Sé que no es ninguna primicia, pero, por si cabía alguna duda con respecto a la defunción del cine como forma de entretenimiento, un reciente informe del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte sobre Estadística de Cinematografía: Producción, Exhibición, Distribución y Fomento ha venido a confirmar tan luctuoso y fatal acontecimiento.

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Del elevado número de cifras y magnitudes que maneja ese estudio, hay uno especialmente significativo a este respecto: en el año 2000 había 3,2 cines por cada cien mil habitantes, mientras que el año pasado el número descendió hasta un 1,5. A este ritmo, antes del 2030, nos quedaremos sin salas cinematográficas. El cine, probablemente la manifestación artística de mayor trascendencia y difusión popular del siglo XX, perderá esa característica diferenciadora, que es su disfrute colectivo, y morirá como entretenimiento de masas.

¡Pero no hay que entristecerse! Siempre nos quedarán esas viejas películas y las nuevas producciones audiovisuales con las que podemos deleitamos en gigantescas pantallas domésticas o en diminutos teléfonos móviles. Sustituiremos ese carácter de acontecimiento social que tenía hace algunos años ir a una sala de cine por una mayor esfera de libertad, individualidad y privacidad … ¿o no?