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Bajen al quiosco y observarán que hoy lo monopoliza un aragonés. César Alierta puede estar orgulloso de todas las líneas y minutos de radio que se le han dedicado alabando su gestión, carisma y personalidad.

Al hacerle hijo adoptivo de Villanúa dijo que “lo local no se contradecía con lo global”. De ahí que esta Semana Santa pasease por Jaca,  el lunes se cogiese un avión y le adelantase en audiencia al Papa su decisión de de dejar Telefónica y su idea de ayudar a niños en Africa y el miércoles lo encontremos en las portadas de medio mundo como si de Obama si tratara. El éxito de aquel tipo normal que tal vez no sea tan normal y que es admirable.

Aragón lo tiene en el corazón. Se acercan los premios más importantes de la comunidad, Aragoneses del año. Este año me gustaría oír: “Aragonés de honor: César Alierta”.