Paco Perujo es un periodista, “proletario de la palabra” como gusta definirse, que fue el encargado como Director de la Agencia Andaluza del Flamenco de redactar y tramitar el expediente para que esta expresión de la identidad cultural andaluza fuese declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. En víspera del 16 de noviembre, Día del Flamenco, recibe a Extradigital para pormenorizar todos los pasos que se dieron para el reconocimiento del arte jondo. En la actualidad es coordinador del Master Interuniversitario en investigación y Análisis del Flamenco.

Hace poco más de una década se reinició la maquinaria para para la declaración del Flamenco como Patrimonio de la Humanidad. ¿Qué es el Expediente ICH0/ 2?

Efectivamente, en el verano de 2009 recibí el encargo por parte de la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Torres, para articular el procedimiento y elaborar toda la documentación (obligatoria y complementaria) relacionada con el expediente para la inscripción del Flamenco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, que era el cauce que, ya por entonces, tenía arbitrado la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura para catalogar y proteger aquellas manifestaciones del patrimonio inmaterial mundial más singulares y representativas sin el temor ni la urgencia de estar sometidas a contextos de riesgo que pusieran en peligro su supervivencia.

Fue un mes y medio duro e intenso que, en lo personal, me caía como una plomada nada más volver de mi viaje de boda. Una tarea a contrarreloj que venía, además, con un procedimiento y unos plazos tasados e improrrogables, que incluía los meses de julio y agosto, ya que antes de finalizar este mes tenía que estar registrada toda la documentación del expediente en la sede de la UNESCO en París.

De este modo, el primer mes (julio: laboralmente hábil a todos los efectos) lo destinamos a forjar las alianzas y ahormar el expediente a partir de sesiones maratonianas de trabajo (de sol a sol en pleno solsticio de verano) en la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Andalucía en la calle Levíes de Sevilla por parte de un equipo formado por dos técnicos de Patrimonio de la Junta (Juan Manuel y Fuensanta), un representante del gobierno de Extremadura y otro de Murcia (Cayetano e Inmaculada, respetivamente) y yo que, en labores de coordinación y provisto de ordenador, iba anotando todas las deliberaciones para trasladarlas luego a la redacción de los distintos capítulos en que se estructuraba el expediente. El segundo mes (agosto: con las instituciones públicas y las empresas proveedoras prácticamente de vacaciones) lo destinamos (consensuado el contenido y redactadas las 35 páginas del expediente) a diseñar, componer y cerrar la extensa documentación de acompañamiento para, así, hacer de la candidatura un todo riguroso, estructurado, visual, atractivo y sin fisuras. Era, sin duda, el trabajo más voluminoso y cuyo peso recaía ya totalmente sobre la dirección de la Agencia.

A finales de junio, el Consejo del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura (con representación de todas las comunidades autónomas) resolvió presentar la candidatura del Flamenco a la Lista Representativa de la UNESCO para lo cual era necesario cumplimentar adecuadamente el formulario ICH0/ 2. Teníamos menos de dos meses. El 27 de agosto tuve la responsabilidad (y el alivio) de entregar en la embajada de España ante la UNESCO el expediente a quien era, en aquel momento, la embajadora-representante de España, la ex ministra de Educación María Jesús San Segundo.

Era, desde luego, una oportunidad única tras la primera intentona fallida cinco años antes. Un reto formidable que venía con fecha de caducidad. Había que hacer una lectura crítica y rápida de la primera candidatura frustrada y poner a pleno rendimiento una maquinaria que fuera útil, eficaz y cuyo funcionamiento no levantara ni polvareda ni estridencias. Buscamos desde el primer momento el apoyo de todos los sectores del flamenco (artistas, peñas, empresarios, instituciones, aficionados, medios, etc.) y la unanimidad institucional, evitando controversias y sumando en el equipo que redactó el expediente a representantes de las comunidades autónomas de Extremadura y Murcia. El conflicto era un mal aliado ante la UNESCO.

Además, tenía claro que nuestra responsabilidad consistía en montar un expediente administrativo ante un organismo internacional y que, necesariamente, esta parte central de carácter formal debía pivotar en la inteligencia y demostrada especialización de los técnicos de Patrimonio de la Consejería de Cultura. Son un lujo para la administración autonómica andaluza. Juan Manuel Becerra y Fuensanta Plata vertieron en esta parte inicial e imprescindible (la de cumplimentar el expediente) toda su sabiduría en un ámbito que conocen perfectamente, demostrando una implicación que fue mucho más allá de las exigencias técnicas y laborales. Todos éramos conscientes de que estábamos ante la ocasión para que el flamenco, como se merece, fuera subido con todos los honores al olimpo del patrimonio cultural mundial.

Examinadas las insuficiencias, contexto y errores del primer expediente, el siguiente paso fue mirar en todo momento a la UNESCO, evitando la que hubiera sido una inadecuada perspectiva flamencocéntrica y conformando una documentación que, en cada argumento, dato o afirmación, incidiera en las exigencias, contenidos y postulados recogidos en la Convención de 2003 de la UNESCO para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial. Teníamos que demostrar que el flamenco recogía de manera proverbial los valores de la Convención.

Para ello, estudiamos casos de éxito, como el tango argentino que en esos meses superó el examen o el Consejo de los Hombres Buenos de Murcia, que nos sirvieron de modelo. El objetivo era dar en el centro de la diana tanto en lo formal (expediente) como en lo conceptual (contenidos en línea con la Convención).

 

Y quiso acompañar toda esta tramitación administrativa con una campaña de comunicación pionera en su momento y moderna todavía diez años después. ¿Cómo surge y en qué consistió “Flamenco Soy”?

Desde el inicio del proceso trabajamos en paralelo en tres ejes. Elaboré desde la dirección de la Agencia un documento básico de planificación estratégica que incidía, en sus propósitos y acciones, en tres planos: la formalización del expediente, la búsqueda de apoyos institucionales (mociones en ayuntamientos y proposiciones no de ley en cámaras legislativas, etc.) y el lanzamiento de una campaña de comunicación para la suma y el fortalecimiento social de la candidatura a través de adhesiones individuales. En aquel momento estaban naciendo las redes sociales. Por eso, se nucleó esencialmente a través de una web específica. Hoy habría sido bien distinta, más dinámica, intensiva e interactiva.

Circunstancialmente, me encontraba de manera episódica al frente de la gestión del organismo (nonato) donde estaban residenciadas las políticas para la promoción, estudio, conservación y difusión del flamenco del Ejecutivo andaluz, pero mi formación y profesión como periodista me empujaban de forma decidida a trabajar de manera especial la comunicación de la candidatura. El periodista se impuso al aprendiz de gestor y decidí, previa comunicación con la consejera, planificar una campaña emotiva, en torno a la primera persona del singular, que pulsara sin ambages el yo de los públicos objetivos, donde los aficionados fueran el centro y cuyo denominador común estuviera catalizado por un sentimiento de identidad, pertenencia, orgullo y afección personal respecto al flamenco.

De ahí surge “Flamenco soy” (jugando fonéticamente con la rumba Volando voy que incluyó Camarón en su mítica Leyenda del Tiempo). Describimos un marco conceptual que presentaba al flamenco como una forma de ser, como una parte intrínseca del ser de miles de personas repartidas por los cinco continentes y atraídas por sus músicas, estéticas, letras y escenografías. Apelamos a la primera persona del singular del verbo ser. No hay nada más profundo ni ontológico. Nada más distintivo y diferenciador. Nada más emocional ni con más fuerza. Ése fue el centro, el slogan y el claim de la campaña.

Con esa idea central, escribí el briefing que sintetizaba el sentido, el objetivo, los públicos y los mensajes claves de la campaña y, con el visto bueno de la Consejería, contacté con la agencia Entre3 Comunicación, que realizó formidablemente, en tiempo récord y con unos elevados estándares de exigencia y calidad profesional, el ímprobo trabajo gráfico y de diseño de todos los documentos de la candidatura (armonizados visual y conceptualmente bajo esta misma idea) y de la campaña de comunicación. Hicieron un trabajo impecable en la producción de todos los documentos de apoyo del expediente (vídeo, fotografías, etc.). Un equipo humano capitaneado de forma excepcional por Juan Ayllón, a quién no dejaré de agradecer nunca las horas y horas de trabajo en pleno mes de agosto y los atinados consejos profesionales para tenerlo todo listo antes de volar hacia París y registrar el expediente en la UNESCO.

Expediente y campaña de comunicación fueron realidades que discurrieron en paralelo. Lanzamos la campaña tras la presentación del expediente a finales de agosto de ese año en la UNESCO. Quisimos contar con todo el mundo, con todos los artistas, con todas las peñas, con todas las fuerzas políticas, con todas las instituciones, con todos los flamencos, y así fue. Yo dejé la dirección de la Agencia para trabajar en la Oficina de la Portavoz de Gobierno de la Junta en 2010, pero la campaña siguió sin perder un ápice de fuerza, sumando adhesiones hasta el final. Estaba lanzada y sus pasos eran irreversibles, pero hay que agradecer y subrayar la comprometida y acertada labor de continuidad que realizaron el consejero Paulino Plata y la nueva directora, Mª Ángeles Carrasco.

 

¿Qué balance hace de todo ese proceso?

Un balance desde luego positivo. Se consiguió el objetivo deseado. El Flamenco fue inscrito con todo merecimiento en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Está desde entonces en el lugar que le corresponde, porque, si hay una manifestación cultural del mundo que vigorice exponencialmente los valores de la Convención de la UNESCO para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, ésa es el Flamenco.

Podemos encontrar en él tradiciones y expresiones orales diferenciadoras transmitidas de generación en generación a través de canales e instrumentos específicos; prácticas consuetudinarias  en materia de acceso a sus manifestaciones; la promoción del respeto mutuo entre comunidades y de la diversidad cultural (el papel relevante de los gitanos); la identificación de roles específicos de personas y entidades con responsabilidades especiales respecto al elemento (artistas o peñas); usos sociales y rituales vinculados a todas las representaciones colectivas y festivas de las comunidades participantes (es zambomba en Navidad, saeta en Semana Santa, alboréa en las bodas, bulería o tango en las fiestas públicas y privadas, nana para dormir a los recién nacidos, etc.); técnicas artesanales y tradiciones propias; existencia de un tejido social privativo y diferenciador (las peñas), etc. Es lo que, a través de la documentación obligatoria y suplementaria, le quisimos hacer ver primero al comité y luego a la Asamblea de la UNESCO a través de las fotos, audios y vídeo que acompañaban un expediente administrativo balizado hasta el extremo, con límite de palabras para identificar y definir el flamenco o para proponer las medidas de salvaguarda.

 

¿Qué ha beneficiado la declaración a la marca Flamenco?

Lo ha situado internacionalmente al máximo nivel en cuanto a reconocimiento, catalogación y protección del patrimonio cultural. No se entendería que no estuviera ahí. Una declaración, como una efeméride, es un asidero al que tenemos que agarrarnos con fuerza para no perder pie, para no involucionar, para tomar impulso, para exigir el cumplimiento de los deberes impuestos e incluidos en las medidas de salvaguarda; para seguir trabajando con el objetivo de que el flamenco sea más conocido y reconocido en todo el mundo. No podemos encontrar en la declaración una ventaja puntual a corto plazo. Esta observación inconexa sería miope. El flamenco es la marca cultural de Andalucía y España en el mundo. Al reconocimiento se llega desde el conocimiento, de ahí la importancia de su declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad o de su correcto encaje en el sistema público de educación y en los medios. El atajo del prejuicio y el cliché nos ha hecho siempre mucho daño. Hay que huir del estereotipo y vindicar la autenticidad de un arte que, como dice la antropóloga Cristina Cruces, va más allá de la música.

 

Al flamenco hay que entenderlo, quererlo, estudiarlo, protegerlo y promocionarlo como es: la manifestación cultural más genuina y paradójicamente internacional de Andalucía. Es más de aquí que de nadie. No tiene fronteras, pero tiene cuna. Esta tierra sigue pariendo cada año la mayor constelación de artistas del cante, el toque y el baile.

 

Aun así la declaración es un expediente vivo, que tiene, que conlleva, una serie de obligaciones para no perder el reconocimiento. Entre ellos, la divulgación y la inclusión en el ámbito educativo. Usted en la UCA ha puesto en marcha el primer Master en Flamenco. ¿Cómo ha ido esta primera edición?

En primer lugar, debo agradecer a la Universidad de Cádiz (y a las otras cuatro universidades participantes: Granada, Córdoba, Huelva y Pablo de Olavide) su compromiso por la inclusión del flamenco en la oferta de títulos oficiales de la universidad pública andaluza y la puesta en marcha en el curso 2018/19 del primer máster oficial universitario del mundo centrado en el estudio del flamenco. Era una asignatura pendiente. Un agradecimiento que quiero personalizar en los rectores Eduardo González Mazo y Francisco Piniella (y sus vicerrectores de Planificación), que han hecho posible su alumbramiento y continuidad.

Pero, sí he de ser sincero, no es para sacar pecho ni para estar ufanos con lo conseguido. Creo que ha llegado tarde. Que el primer título oficial de máster oficial centrado en los estudios de flamenco se incorpore a la oferta académica de las universidades andaluzas en el curso 2018/19 no es para cantar victoria. Y, aun así, lo peor es la sensación de que estamos construyendo la casa por el tejado porque el flamenco no forma parte del currículo de los niños y niñas andaluces en Infantil o Primaria, como tampoco luego en Bachillerato y en el nivel de los grados universitarios.

Es un camino que debemos recorrer y que figura dentro de las medidas de salvaguarda que propusimos en el expediente para la inscripción del flamenco en la Lista Representativa de la UNESCO: “la inclusión del flamenco en el sistema educativo público de Andalucía” (es literal). Tenemos gran parte de los deberes por hacer y están comprometidos por escrito. Es inadmisible que los niños y niñas andaluces finalicen la educación obligatoria sin un minuto en su currículo para saber qué es el flamenco o cuál ha sido la contribución a la cultura y el patrimonio de nuestra tierra de Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, Antonio Chacón, La Niña de los Peines, Manolo Caracol, Antonio Mairena, Fosforito, Camarón, Enrique Morente, Paco Cepero, Matilde Coral,  Farruco, Manuel Morao o tantos otros.

 

¿Considera escaso el protagonismo del flamenco en las diferentes etapas escolares, desde Infantil hasta la Universidad?

Escaso es un eufemismo. Es, prácticamente, inexistente, salvo la inclusión en los últimos años de actividades didácticas en las escuelas e institutos con motivo del día del flamenco cada 16 de noviembre. Hay que tener visión de conjunto a medio y largo plazo, abrir el gran angular, poner las luces largas, establecer una estrategia que implique a las instituciones competentes (en este caso, esencialmente, la administración andaluza a quien están transferidas desde el inicio de la era autonómica las competencias en materia de educación), comprometer las acciones en los presupuestos de forma secuenciada y actuar con determinación, dando pasos medidos y firmes y siendo conscientes de que la inclusión del flamenco en el currículo de la educación pública en Andalucía exige antes resolver el corpus docente (qué vamos a enseñar) en distintas disciplinas  (no hay espacio para una nueva asignatura, las mochilas de nuestros niños ya pesan suficientemente y se trata de un objeto de estudio esencialmente interdisciplinar) y describir con claridad el plan de formación de los formadores, incluyendo sus contenidos en los temarios de distintas asignaturas en colegios e institutos (música, lengua, literatura, etc.) y en los de oposición de maestros y profesores.

En definitiva, estamos obligados a no conformarnos con lo que tenemos e implementar un salto de paradigma para pasar del salón de actos al aula, esto es, pasar de la excepción a la norma, y la norma en educación es formar parte del currículo de la enseñanza reglada en todos los niveles del sistema educativo, desde Infantil hasta la Universidad. Queda mucho por hacer, pero estoy convencido de que se van a alinear los elementos para ir avanzando hacia un horizonte razonable con la finalidad de que los hijos de nuestros hijos se topen con el flamenco en todos los escalones del sistema educativo en Andalucía.

 

¿Y en los medios de comunicación?

La mayor parte de los medios son privados y se atienen a criterios comerciales. El flamenco es un contenido, un producto de consumo, minoritario. No es rentable reducido a términos de audiencias, salvo en nichos marginales y especializados de programación. Es éste un ámbito de conocimiento (el del flamenco en los medios y como medio) al que he dedicado muchas horas de estudio y reflexión. Creo, pese a esta primera observación preliminar, que los medios de comunicación, en la senda dialógica que ha descrito el flamenco desde su nacimiento hasta nuestros días, han jugado un papel fundamental en su socialización y dignificación. Un ejemplo fue, en su día, la aparición de la crítica flamenca. Por vez primera, los periódicos reservaban al flamenco el mismo utillaje y modus operandi que al resto de artes (teatro, literatura, ópera, cine, etc.). Pasar de las páginas de sucesos a la sección de Cultura en igualdad de tratamiento, con el mismo bisturí y procedimiento hermenéutico para la disección de la realidad, costó más de siglo y medio y una trayectoria zigzagueante, cuando no guadianesca.

Los medios fueron, son y seguirán siendo unos cauces esenciales para socializar el conocimiento del flamenco, tanto los mass media como los social media. El flamenco es un ser vivo cultural, social y antropológico, complejo y cambiante, con una proverbial capacidad de adaptación a todos los contextos y canales de comunicación que le han surgido al paso en apenas algo más de dos siglos. Es, en sí mismo, un mayúsculo instrumento de expresión cuyos códigos emocionales son compartidos por hombres y mujeres no importa su procedencia y el lugar donde habiten. Esta veta existencialmente comunicativa del flamenco lo convierte en universal.

 

¿Es suficiente la oferta en la radio y televisión pública?

No lo es. Mentiría si dijera lo contrario. Aun así, salvo contadas excepciones, es el único reducto mediático estable del flamenco desde hace décadas. Los medios públicos, las radios y televisiones locales, autonómica andaluza y nacional son en la actualidad la última reserva de programas especializados de flamenco. Más en la radio, demasiado poco en la tele. Fuera de ahí: el bosque irregular de los nuevos formatos o el vacío. Por eso, quiero resaltar la importancia del trabajo obstinado contra la ausencia de flamenco en los medios de personas como José María Castaño con “Los Caminos del cante” en EMA-RTV, Manuel Curao con “Portal flamenco” en RAI de la RTVA o José María Velázquez-Gaztelu con “Nuestro Flamenco” en Radio 2 de RNE. Como flamencos que son, estamos ante tres “raras avis” en este universo hertziano y digital que tiene en olvido al flamenco.

Hay que demandar a nuestras instituciones (financiadoras y responsables de contenidos de las radios y televisiones públicas), en cumplimiento de las medidas de salvaguarda del expediente para la inscripción del flamenco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial y –ya en Andalucía- del artículo 68.1 de nuestro Estatuto, un apoyo decidido a la difusión y divulgación cultural del flamenco en los medios de titularidad pública. Y eso sólo es posible a través de su inclusión en las parrillas de programación, por ejemplo, de Canal Sur TV.

 

Como le gusta decir “el flamenco es patrimonio de la Humanidad pero tiene en Andalucía su cuna”. ¿Considera vivo o en stand by el sentimiento de “Flamenco Somos”?

Está muy vivo, pero no debemos cruzar los brazos para dejar todo en manos de las cosas que ocurren por sorpresa y sin planificación. Dice una soleá: no preguntes por saber / que el tiempo te lo dirá / que no hay cosa más bonita / que saber sin preguntar. Metamos esta letra en el último rincón del último cajón posible porque debemos cuestionar constantemente las cosas que pasan, pensar qué podemos hacer para mejorarlas y ponernos en marcha. De ese compromiso y esa inferencia saldrá la oportunidad de un cambio a mejor. Lo que no deseo en modo alguno es que, por dejadez de muchos, ese somos sea cada vez un somos más chico. No lo creo. En parte, por, como decía, la calidad y excelencia creativa, escénica e interpretativa de los artistas que sitúan al flamenco entre las grandes manifestaciones musicales y culturales del mundo y por la pulsión emocional que despierta en aficionados y aficionadas de los cinco continentes.

 

Finalmente, un deseo flamenco para los próximos diez años.

Voy a esbozar tres, si me lo permite.

Uno. Ver a rebosar de gente joven las peñas flamencas de los pueblos y ciudades de Andalucía. El flamenco tiene en nuestra tierra más peñas que el Madrid o el Barcelona. Será éste un medidor de su fortaleza dentro una década más allá de su expansión internacional. La búsqueda y encuentro con nuevas generaciones de públicos es clave para que los artistas puedan seguir viviendo del flamenco y, el resto (los aficionados) viviendo el flamenco. Desde un enfoque básico propio del marketing, tenemos un serio problema de público, no ya de producto. Creo que nunca en la historia del flamenco ha habido una generación de artistas del cante, el toque y baile mejor formada. Falta la estrella rutilante que alumbre la galaxia.

Dos. Tenemos ya en Andalucía y en España una tupida red de espacios escénicos de primer nivel. Hemos llenado la geografía de teatros, ahora toca llenar los teatros de actividad. Vayamos al trabajo colaborativo entre sector público y privado para compartir costes y beneficios a partir del estudio y puesta en marcha de circuitos escénicos con una programación regular, estable y de temporada de flamenco. Me gustaría dentro de diez años sacarme el abono para uno de estos ciclos en cualquier teatro de referencia de cualquier ciudad andaluza.

Tres. Que nuestros hijos e hijas vengan de la escuela y pregunten cuando llegan a casa: ¿mamá, papá… sabes quién fue la Niña de los Peines? ¿Quieres que te lo cuente?… Que digan dentro de 10 años que han sacado un 10 en flamenco en la escuela… y que la nota puntúe en su currículo.