Salía de mi colegio electoral y me encontré con él. Ni me abordó. Fui yo, tras leer su identificación en el pecho,  quien me ofrecí para que me preguntara a quien había votado. Era un joven educado, algo desaliñado y con pocas ganas de averiguar mi voto. Pertenecía a la empresa Sigma Dos.

Al chaval de Sigma le pregunté cómo iban las encuestas y me contestó que no se atrevía a decirme porque no recordaba las respuestas de los encuestados. “La verdad es que no me he enterado muy bien de lo que me han dicho… se me olvida”. Me dicen que había llegado al pie de urna directamente de la salida del sábado noche y este cronista se lo hubiese creído.

Uno piensa que este episodio no tiene importancia hasta que te encuentras la encuesta de Sigma Dos delante de tu sofá. Habíamos sido más de 150.000 encuestados con un coste para la televisión pública de 500.000 euros. Comparen ustedes los datos definitivos con la encuesta que nos mostraron a las 20 horas del día de ayer. El ridículo fue mayúsculo.

Elecciones_Encuesta_RTVE