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Bertín me tiene pegado al sillón todos los miércoles. Anoche admirábamos de nuevo la figura de Adolfo Suárez. La sencillez y admiración de su hijo me emocionó.

Recuerdo con nostalgia la conversación de este Cronista con Suárez Illana otorgando al ex presidente –en vida- un premio. Declinó aceptar tal reconocimiento porque no era digno de sustituir a su padre en tal honor.

Ejemplo de gran político que tal vez ahora cueste encontrar. Nos recordó aquella enseñanza de valorar las virtudes sin escupir los defectos innecesarios que empañan una gran labor.

Valoro sobremanera la educación y la humildad. Adolfo demostró de nuevo que cultiva ambas virtudes.