Algunos han aprovechado el periodo estival para conspirar o provocar cambios. Mientras la mayoría pasea por la playa o hacen largas caminatas por la montaña siempre quedan unos pocos que trabajan en depararnos sorpresas para la vuelta.

Dos son los acontecimientos que por sí solos no son graves, pero unidos pueden condicionar el panorama mediático que rodea al Gobierno de Aragón.

PepeQuilez_ATV

Por un lado Podemos ha amenazado con dejar de participar en el consejo de Administración de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión. Exigen que el Gobierno renueve el equipo directivo designado por el anterior ejecutivo con el fin de que se produzca un cambio radical en la estructura y funcionamiento de la Televisión Autonómica. Alegan que los miembros del órgano de administración de la Cooperación Aragonesa de Radio y Televisión llevan en funciones desde que comenzó la legislatura. Todo apunta a que van a por el cese de su jefe.

Por otro parte, a Lamban le acecha el acoso Sanchista de unas primarias próximas donde necesita medios propios y afines para garantizar su continuidad. Será “lo que los medios digan de él” o cómo lo traducen algunas lenguas “los medios contarán lo que el Presidente argumente a golpe de contrato publicitario”. Los mismos acusan a Lamban de “haber incumplido por enésima vez el compromiso anunciado de aprovechar el mes de julio para negociar los nombramientos pendientes”.

Ambos acontecimientos dibujan un escenario muy voluble en el panorama mediático en esta desasosegada presidencia y, principalmente, en lo que se refiere al canal autonómico que no deja ser la atalaya informativa en beneficio de Podemos primero y de Lamban, después.

Todos querrían trasformar los estudios del Actur en platós semejantes a los que habitan La Sexta y La Cuatro. Esto llevaría indefectiblemente a perder la tan ganada credibilidad del Canal Autonómico y convertiría sus contenidos en meros actos propagandísticos. La consecuencia sería una bajada de audiencias y la pérdida de un prestigio bien ganado a golpe de share.

Una buena gestión y una acertada dirección no merecen ser teñidas y manipuladas por unos y otros. Y tampoco corran, en estos tiempos de zozobra informativa, para facturar al Pignatelli porque, aunque haya, hay que tener claro que el dinero publicitario es un buen siervo y un mal amo.