Es fácil hablar con Esther Vaquero aunque sea de lo más difícil, hacer buen periodismo. Disposición y naturalidad para charlar con una de las caras más conocidas de los informativos nacionales que cada noche se cuela en miles de hogares españoles, junto a Vicente Vallés, para contarnos lo que pasa. Conversamos con esta la salmantina sobre su carrera, la labor periodística de cada día -incluidas las inevitables redes sociales- y un futuro que ve con el reflejo de sí misma, un optimismo puro y humilde dispuesto siempre a sacar lo mejor de aquello que un día se le presentó como una revelación, el periodismo.

¿Dónde y cómo fueron los primeros pasos de tu carrera? 

Empecé como becaria en dos periódicos de Salamanca, mientras estudiaba Periodismo. El primero fue El Adelanto de Salamanca (ya desaparecido). Allí estuve en la sección de provincia y aprendí mucho, de pueblo en pueblo. Después recalé en La Gaceta de Salamanca, allí compaginé mis pinitos hablando de Cultura y asuntos locales con los dos últimos años de carrera. De los dos guardo muy buen recuerdo y ahora tengo incluso el orgullo de haber “vuelto” a La Gaceta como columnista, 15 años después. Me hace mucha ilusión.

¿De dónde viene tu vocación de periodista? ¿Algún referente o figura que te haya servido de ejemplo?

Siempre me gustó contar y que me contasen historias. Desde muy pequeña escuchaba la radio en casa y ya en la adolescencia, cuando empiezas a decidir qué te gustaría hacer, dudaba entre los idiomas o las Bellas Artes. Un día una amiga dijo que ella quería hacer Periodismo, y me pareció una revelación. Aquello sonaba intrépido e interesantísimo. Al final, yo acabé estudiándolo y teniendo la suerte de poder dedicarme a ello (mi amiga se decantó por el Derecho).

¿Cómo es sentarse cada noche al lado de un periodista de la talla de Vicente Vallés? 

Es una suerte muy grande. Dirige Noticias 2 con muchísimo criterio y siempre se aprende mucho con él. Además, los dos somos personas con carácter pero muy tranquilos en general, y te puedo decir que trabajo muy a gusto con él. Tengo la sensación de estar sumando siempre.

Como decías, ahora has vuelto a La Gaceta… ¿Tenías el gusanillo de seguir unida a tu tierra a través del periodismo? 

Bueno, se dieron las circunstancias, me propusieron una colaboración con ellos y aquí estamos. La primera columna fue muy especial por todo lo que suponía: La Gaceta se ha leído en mi casa desde siempre, allí me curtí mucho como becaria y allí tengo todavía muchos amigos a los que les guardo mucho cariño. Ha sido como una vuelta a casa desde la distancia. Y estrenarme como columnista también es un reto para mí. Tengo libertad absoluta para poder escribir lo que quiera y de lo que quiera, y está siendo un ejercicio muy constructivo, porque en general soy muy exigente conmigo misma y me rompo la cabeza intentando abordar temas interesantes y desde un prisma entretenido. Hay días que sale rodado, pero hay otros que tienes que luchar contra los elementos y contra ti misma para sacar algo atractivo.

¿Podrías elegir una noticia que te haya marcado hasta ahora en tu carrera?

Ha habido muchas. El accidente de Spanair en el aeropuerto de Barajas en 2008, por ejemplo, me brindó mi primer directo en televisión. Yo hacía una suplencia de verano en La Sexta. Recuerdo aquel día de agosto como uno cualquiera hasta que llegaron las señales de alarma y todos salimos corriendo. A mí me tocó hacer guardia en el hospital de La Paz. Cuando estudiaba siempre pensaba que si un día tenía que hacer un directo en televisión, seguro que me quedaría en blanco. Pero aquel 25 de agosto estuve sorprendentemente tranquila. Me di cuenta de que saber bien de lo que hablas es lo único que te da calma delante de la cámara, y desde entonces intento llevarlo a rajatabla. Necesito salir siempre muy bien informada.

¿Cuál sería la noticia que más te gustaría contar?

Siempre me gusta hablar de avances en la lucha contra el cáncer. El día que llegue una cura efectiva para esa enfermedad, sería un sueño poder contarlo.

Centrémonos en la tecnología. Parece que actualmente no se entiende el periodismo sin redes sociales. Tú que eres una periodista activa en ellas, ¿qué crees que aportan y cuáles crees que son los riesgos de su uso diario en las labores informativas? 

Creo que son una herramienta muy poderosa de difusión. Para mí es impagable poder acceder a noticias que de otra forma tardan mucho más tiempo en llegarte, pero eso también tiene su cruz: hoy en día hay que ser muy cauto y filtrar mucho. Saber bien de dónde llega la información y si la fuente es fiable, porque por cada noticia puedes encontrarte cinco bulos. Yo tengo ese filtro muy activado, pero hay ciudadanos mucho más permeables, y eso es peligroso. El trabajo de los periodistas de advertir dónde están las mentiras se vuelve fundamental. La credibilidad es nuestro mayor valor.

Y si hablamos de la profesión en su sentido más puro, ¿cuáles dirías que son las luces y sombras del periodismo de hoy en día? 

La tecnología nos ofrece oportunidades que no podemos ignorar, hay que tener la mirada siempre puesta en el futuro porque ahora todo avanza a mucha más velocidad que en las últimas décadas. Esa es una luz inmensa hacia la que tenemos que caminar sin duda, jaja. Pero la sombra de la desinformación y la manipulación de la que hablaba antes se ha vuelto muy grande precisamente por la importancia que han cobrado las redes sociales. Hay que abrazar el progreso, pero sin dejar de poner la vista atrás. A los becarios que llegan a Antena 3 Noticias siempre les pedimos que contrasten, que parece la cosa más aburrida y antigua del mundo, pero es fundamental.

¿Cómo ve Esther Vaquero el futuro del periodismo y de la televisión? 

Con optimismo. Creo que el Periodismo es una necesidad de la sociedad y que tiene que existir siempre, en ese sentido estoy tranquila. Otra cosa es el lugar que ocupemos cada uno. En televisión, por ejemplo, hay que tener muy presente que un día estás sentado en un plató, al siguiente estarás reportajeando en la calle, y al siguiente en cualquier otro puesto de la enorme cadena de profesionales que trabajan aquí. Todos son igual de dignos y de importantes para que la rueda gire.