El periodista y poeta Manuel Alcántara nos ha dicho adiós a sus 91 años. Su “olivetti”, desde donde escribía cada tarde mirando al mar en su ‘Rincón de la Victoria’, ha tecleado su punto final. El que con maestría tantas veces nos ha contado las peleas de boxeo, hoy a los amantes de la profesión y las artes en general nos ha dejado KO.

El número de reconocimientos es amplísimo Como poeta, ha sido distinguido con los premios Antonio Machado, Nacional de Literatura, Hispanidad de Alforjas para la Poesía e Ibn Zaydún. Como articulista, ha recibido los tres máximos premios del periodismo español: el Luca de Tena, el Mariano de Cavia y el González-Ruano.

Además, ha obtenido premios periodísticos como el Javier Bueno (de la Asociación de la Prensa de Madrid), el José María Pemán, el Pedro Antonio de Alarcón, el Bravo, el Costa del Sol, el Joaquín Romero Murube, o el Premio de las Letras Andaluzas Elio Antonio de Nebrija.

A estos reconocimientos se unen otros de orden académico y social: Doctor Honoris Causa de la Universidad de Málaga, Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Medalla de Andalucía, Hijo Predilecto de Málaga, Hijo Predilecto de la Provincia de Málaga e Hijo Adoptivo del Rincón de la Victoria, localidad en la que reside buena parte del año. Su nombre da título a un premio de periodismo y a otro de poesía.

Entre sus libros de poesía están “Manera de silencio”, “El embarcadero”, “Plaza Mayor”, “Ciudad de entonces”, “Anochecer privado”, “Sur, paredón y después” y “Este verano en Málaga”. De sus más de dieciséis mil artículos en diversos medios de comunicación (actualmente publicaba su columna en los diarios del grupo Vocento) se han editado cuatro recopilaciones: “Los otros días”, “Fondo perdido”, “Vuelta de hoja” y “Málaga nuestra”.

En 2007 se constituyó la Fundación Manuel Alcántara encargada de difundir y reeditar su obra. En la mañana de hoy, aquejado de un fuerte resfriado, su nieta ha anunciado a EFE el fallecimiento. Descanse en paz, y gracias por tanto magisterio.

 

Fuente de la fotografía: Samarkanda