Pensaba escribir al respecto. El encuentro entre el Rey Felipe VI y Artur Mas me provocaban muchas ganas de teclear sobre el mismo. Descubro un artículo de Lorenzo Silva en el Mundo que me parece insuperable. Insuperable por el grandísimo ingenio de Silva al utilizar el pensamiento de Mas en base a este encuentro. A continuación les dejo un artículo para enmarcar titulado ‘Con normalidad’.

‘Lo que me propongo, muy resumidamente, es quebrar y deshacer el país cuya primera magistratura ostentas. A tales efectos, es mi intención ignorar la Constitución y las leyes que ya desde niño juraste guardar y hacer guardar, esa misma que las Fuerzas Armadas cuya jefatura también ejerces tienen como misión esencial defender. El resultado final de mi plan es que varios millones de tus compatriotas, todos los que según las encuestas, incluidas las más optimistas para mis propósitos, no apoyarán mi maniobra, quedarán convertidos en extranjeros en la tierra que en muchos casos les vio nacer, y en la que todos, de una u otra manera, vienen llevando su vida y sus afanes.

Pero eso sí, con normalidad. Por eso, ya que me convocas a palacio, acudo al encuentro armado con una sonrisa y eludo a los periodistas que quieren pedirme explicaciones embarazosas sobre nuestra entrevista. Como ha dicho previamente mi recién estrenada portavoz, para que quede clara la idea, esta cita se enmarca en la normalidad institucional, y todo lo que me sacan los reporteros malévolos es que vengo en son de paz. Hace ya bastantes meses, quizá años, que la lógica de las acciones y los argumentos no es mi principal preocupación. De ahí que pueda permitirme con toda soltura alentar un proceso que presupone que el desgajamiento de tu país representará para los míos la liberación de la cochambre que tú y los tuyos encarnáis, que una y otra vez manifieste de forma expresa o tácita la superioridad de mi proyecto nacional respecto de la chapuza infame que ha sido, es y será el que tú encabezas, y luego me pueda plantar aquí a decir que no pasa nada, que todo es sin ninguna acritud.

Que os cueste entenderlo, a ti y a los que creen en ese país disfuncional del que eres jefe del Estado, no es sino una muestra de vuestro cerrilismo y de vuestra incapacidad democrática; la misma que os impide comprender que la manera de decidir el lugar de un pueblo, en el mundo y en su entorno, se resuelva a golpe de manifestaciones coloristas y se acabe traduciendo en una lista donde se enmascaran las siglas y donde el número uno va disfrazado de número cuatro pero con el mango de la sartén en la mano, que para eso tiene la llave de convocar o no las elecciones (llave otorgada por esa ley y esa Constitución vuestra, justamente) y la juega para doblarle el brazo a quien no querría ir con él pero se ve compuesto y sin juguete si se niega.

Eso mismo, la falta de visión, lleva a los tuyos a censurar la táctica consistente en engañar y eludir vuestros controles legales, mediante la astucia de hacer lo que nosotros queremos hacer pero llamándolo de otra manera en las normas y los actos administrativos que podríais impugnarnos, o ignorando sin más las resoluciones de vuestros tribunales, y dejando que por la vía de hecho se vayan abriendo paso nuestros intereses. Tampoco es ajena a vuestra poca agudeza democrática la perplejidad en que parece sumiros el hecho de que planteemos unas elecciones para elegir un gobierno que no se propone gobernar, sino disolver cuanto antes el parlamento y volver a llamar a las urnas.

En definitiva, no habéis alcanzado a comprender jamás que lo que queremos y necesitamos es arrogarnos todos los derechos y que os hagáis cargo de nuestras deudas (de las que según nuestro relato nos habéis causado vosotros, o sea, también todas), y a partir de ahí iniciar una singladura libre, veloz y feliz mientras os contemplamos zozobrar por el lado de babor. Y que antes de hundiros, como algún día puede suceder, dada vuestra ineptitud, no dejéis de colaborar para que nos acepten en todos los clubes en los que nos interesa permanecer, desde el euro y la UE hasta la Liga BBVA, donde el Barça desea competir. No os debería costar tanto asumirlo, cuando todo lo planteamos desde la democracia, la cordialidad y, sobre todo, la normalidad’