Hace 9 años creó la primera publicación especializada en Murcia nativa en Internet, MurciaEconomía, como colofón de una extensa carrera profesional de dedicada a los medios (radio Antena 3, Diario 16 y La Opinión de Murcia, entre otros).  Fernando Abad defiende el papel del periodista y su valor como garantía del crédito de la información. “El periodista está hecho para defender unas libertades aunque molesten al, digamos, todopoderoso”, así define la valía de los profesionales que como él “son ‘objetos de deseo’ para validar determinadas causas”. Gracias a su transparencia y su perfecto conocimiento del sector de la comunicación en la Región de Murcia, hemos conocido el punto de vista de un profesional que lleva toda una vida dedicada a sobrevivir contando su verdad.

Hace poco hablábamos con Victoria Galindo del papel de los gabinetes de prensa de las instituciones como barreras para los periodistas. ¿Cuáles son las principales barreras con las que te encuentras tú como director general de un medio digital?

“El periodismo acaba cuando empieza el gabinete de prensa”. Esta es la principal barrera que los medios  debemos saltar cada día. En el ADN de la prensa está el ser molesto. La prensa es molesta y organismos, instituciones y personajes huyen de la prensa cuando esta no es amable hacia sus intereses. La prensa, el periodista en general, debe cada día colocarse unas anteojeras para que nada le distraiga en el ejercicio de este oficio. Ahora bien, al igual que el periodista está hecho para defender unas libertades aunque molesten al, digamos, todopoderoso, tampoco debe caer en la impertinencia. Y lamentablemente cada día hay más tanto medios singularmente ‘corteses’ como groseros en extremo.

Dicho esto, ¿cuál crees tú que es el límite?

Los límites nos los ponemos nosotros mismos: los medios. Hemos de plantearnos si aceptamos esos trágalas o si por el contrario nos defendemos y continuamos trabajando con independencia. En cualquier caso, entiendo que las figuras quijotescas ya no valen en este sector cuando los intereses económicos nos mueven a todos. Admitamos que hemos de pagar nóminas y por ese motivo no puedes organizar una revolución en solitario. Las escalas de grises son muy amplias y el equilibrio es necesario. Ni podemos aceptar que los gabinetes impongan líneas editoriales ni tampoco renunciar a ellos. La simbiosis es precisa.

¿Cómo nace MurciaEconomía? ¿Y cómo sobrevive pese a las dificultades con las que se encuentra?

MurciaEconomía es consecuencia de la crisis, -la eterna crisis- de este sector. Desde 2008 las cuentas de resultados de los medios de comunicación, al igual que las de otras empresas, están teñidas de rojo. El ‘debe’ viene creciendo y el ‘haber’ menguando. Ante esta situación, los primeros perjudicados hemos sido los profesionales que nos hemos enfrentado a recortes de sueldo en el mejor de los casos y a los despidos en el peor. Miles de periodistas nos hemos visto abocados a cambiar de actividad o a reinventarnos. De ahí nació MurciaEconomía en 2010, fruto de una necesidad. Tras el cierre de las últimas publicaciones económicas en la Región, apreciamos que ese nicho de información se quedaba vacío si no era tras un salto hacia el mercado digital. Creo que no me equivoco si digo que fuimos la primera publicación especializada en Murcia nativa en Internet. Pero, además, teníamos claro que debíamos ser profesionales, no un mero blog, con todos mis respetos hacia los blogueros.

Quienes veníamos de trabajar en otros medios sabíamos lo que era aplicar ‘economía de guerra’ y así actuamos en MurciaEconomía: ajustando gastos y diversificando las fuentes de ingresos. Vivimos exclusivamente de la publicidad; pero al contrario de lo que había ocurrido hasta 2008 con medios que se nutrían de tres o cuatro sectores de clientes (administración, inmobiliarias, banca y motor mayoritariamente), nuestra filosofía fue abrir esa cartera de clientes hacia otros sectores más estables que los anteriores y aplicando una política de precios muy ajustada. En la prensa ya se había acabado lo de tarifas desorbitadas solo al alcance de más o menos grandes anunciantes. Siempre hemos considerado que era preferible el ‘muchos poco’ que el ‘pocos mucho’. Esto suponía que si se te caía un cliente o un sector de clientes tu perjuicio era más fácilmente asumible.

Echando la vista atrás y valorando tus más de 25 años de experiencia, ¿qué valoración harías del papel del periodista en la actualidad?

El periodista es hoy más necesario, incluso, de lo que pudo ser en los siglos XIX y XX. Las redes sociales, la facilidad de acceso a la información (o a la desinformación), la sobreinformación o sobrecarga informativa y los nuevos medios son los fanzines del siglo XXI, con la diferencia de que estos nuevos canales son gratuitos. Cuando el fanzine o el posterior periódico no era de tu agrado por la razón que fuera dejabas de adquirirlo con el consiguiente perjuicio para el editor. Y era el editor entonces quien velaba por contar con los mejores escritores y ofrecer la mejor información. Hoy, en la cultura del ‘todo gratis’ no existe ese perjuicio, aunque existan otros. Un tuit llega en segundos al otro extremo del planeta, se reenvía y se ha hecho viral. En este momento la maraña de Internet está multiplicando los impactos de lo escrito y pocos, muy pocos, se paran a pesar cuál es el origen de esa información, qué ‘periodista’ lo avala y qué medio le ha dado calidad. Es, por tanto, necesaria como nunca la figura del periodista que garantice el crédito de la información.

¿Te has sentido ‘utilizado’ en algún momento de tu carrera?

¿Utilizado? Posiblemente lo haya sido, pero no he sido consciente de ello. Ciertamente los profesionales sabemos que somos ‘objetos de deseo’ para validar determinadas causas y en ocasiones todos nos hemos dejado querer si con ello lográbamos lo que perseguíamos. Es decir, voluntariamente en alguna ocasión nos dejamos ‘utilizar’ para conquistar una meta posterior.

¿Cuesta dinero la información de calidad?

Por supuesto que cuesta dinero: salarios, medios técnicos, difusión, etc… Y más aún cuando quieres rodearte de los mejores profesionales y de los mejores medios. Ahora bien, si tu pregunta es si debemos pagar por la información, evidentemente no. Poco fiable sería una fuente de información en la que prima el interés económico, lo que no evita que haya ocasiones en la que se deban sufragar los gastos que conlleve una buena información.

¿Cómo afecta la inestabilidad política a los medios de la Región de Murcia?

Nos afecta de una doble manera. Como a cualquier empresa –no olvidemos que lo somos- cualquier incertidumbre nos provoca inseguridad. Si además de ello tenemos en cuenta que vivimos de la publicidad de otras empresas, los desequilibrios pueden ser mayores: la del cliente y la propia. Igualmente, pensemos que la propia administración es a su vez cliente de los medios y sin órganos de decisión o si estos están en funciones, el daño se multiplica.

Lo anterior en términos económicos, pero existen otros efectos. Me preguntabas si los medios somos utilizados, pues imagínate cuáles son los intentos de captar medios y periodistas ‘afines’ en épocas en las que los políticos están con las armas cargadas.

Con rotundidad, sí, la inestabilidad política nos afecta; por muy apasionante que pueda ser esa inestabilidad en términos periodísticos

Y centrándonos en vuestros lectores, ¿qué es lo que buscan y encuentran en MurciaEconomía? ¿Dónde se encuentran las fortalezas de este medio digital?

El lector de MurciaEconomía es de un perfil muy definido: empresarios, ejecutivos, gerentes, otros directivos, profesionales liberales, etc. Con una formación alta y media-alta. Desde el primer día creímos que no debíamos ni podíamos hacer una publicación ‘salmón’ con sesudos análisis económicos. No teníamos esa preparación para elaborarla y, además, ya hay otros que la hacen y muy bien, por cierto. Sin embargo, y sin evitar ofrecer información económica, queríamos apostar por la empresa y los nombres propios que la acompañan. Siempre hemos preferido humanizar la economía a ofrecer relaciones de números. De alguna manera buscábamos un medio económico que perfectamente pudiera leer mi madre.

¿Nuestra fortaleza? No soy quién para hablar de ello y quizá deberían hacerlo los más de 5.500 lectores que cada día dedican unos minutos de su tiempo a seguir nuestras informaciones. Aún así, creo que el hecho de haber creado un medio diferenciado y diferente, inmediato y focalizado hacia unos intereses muy concretos, surgido mientras caían las ventas en la prensa en papel nos ayudó.

Constituimos ABR Comunicación, la empresa editora de MurciaEconomía en junio de 2010. Precisamente estos días cumplimos los nueve primeros años como empresa y será en septiembre cuando soplemos las velas del noveno aniversario del periódico. Recuerdo que tras unas semanas haciendo ‘números cero’ con informaciones reales (por utilizar un término periodístico), finalmente abrimos la web al público en general. Creo que acertamos en el momento y en el contenido. Asimismo habíamos sido los primeros en la Región de Murcia en crear un boletín diario que enviábamos a los lectores. Cada mediodía, unos 4.000 suscriptores recibían un resumen de las principales informaciones publicadas hasta ese momento. Estábamos en Internet e Internet es libre, pero es difícil que el lector acceda a ti si no te conoce. Así que optamos por presentarnos en el correo de cada lector siendo ya una publicación que podían consultar diariamente. De otra manera quizá aún estábamos a la espera de que ‘San Google’ nos trajera a los lectores.

Tan mal no lo hicimos cuando otros nos han imitado y nos imitan tan bien que hasta han copiado nuestros errores. La frase, por supuesto, no me la atribuyo, es de Jimi Hendrix.

Esto no quiere decir que como editor no haya tenido también mis fracasos, pero el daño económico ya se ha superado y en lo profesional prefiero guardármelo para mí y aprender de aquellos errores.

¿Qué echas en falta en los medios nacionales de nuestro país?

En lo personal y en lo profesional me crié en la radio (Antena 3), crecí en la prensa en papel (Diario 16 y La Opinión de Murcia, entre otros), dirigí un par de años una cadena de televisión y me moriré en lo digital. O no. Cada medio tiene su propio mundo, sus particularidades y circunstancias. Qué malos profetas fueron ‘The buggles’ porque el vídeo nunca logró matar a la estrella de la radio y seguro que yo sería un profeta aún peor si pronosticara qué ocurrirá o qué le ocurre a cada medio.

De lo que sí estoy seguro es que en prensa el ‘todo gratis’ ha llegado para quedarse y ahí tienen los periódicos en papel un grave problema. En cantidad –ventas- es muy probable que se queden reducidos a una mínima expresión mientras no mejoren una calidad que sea imposible o muy difícil copiar. Es probable que la gran prensa en papel tenga que reinventar el formato ‘confidencial’ con menos costes tanto en personal como en impresión y en distribución. De otra manera no les auguro un buen futuro.

Ahora bien, una sociedad no será plenamente libre sin una información libre también y los poderes públicos –es decir, todos- deben valorar recuperar incentivos para el periodismo en general, bien mediante publicidad u otro tipo de ayudas. Hablo, por supuesto, de apoyos económicos. Creo en la libertad de mercado, pero creo más en la libertad de expresión y en el derecho a la información profesional y veraz. Sobre ello debemos hacer una reflexión y adoptar medidas para que el tuitero, instagramer o influencer de turno no tengan en su mano el poder de la información o la desinformación.

Los medios –periodísticos- necesitan medios –económicos- para sobrevivir. Si los queremos –y claro que los queremos- debemos ayudarlos a que continúen con su papel fundamental. En caso contrario estaremos abocados a un destino muy, muy incierto.