El pasado fin de semana, se volvió a celebrar el 23 de abril, el Día Internacional del Libro, con la irrupción de puestos y casetas en las calles de nuestras ciudades y con descuentos comerciales ofrecidos por las librerías tradicionales o por las grandes superficies que, en los últimos años, se han convertido en los puntos de venta de libros más frecuentado por ávidos lectores. Pero, coincidiendo con esta ya típica celebración, este año se está desarrollando la primera edición del Festival de Cine San Jordi (BCN Film Fest), que dirige el zaragozano José María Aresté, crítico cinematográfico y responsable de la web especializada ‘decine21.com’, autor de monografías sobre Francis Ford Coppola, William Wyler y de un libro que recomiendo vivamente, ‘Escritores de cine’, cuyo subtítulo es muy revelador: ‘Relaciones de amor y odio entre doce autores y el celuloide’.

Así es, la relación entre cine y literatura es muy compleja, tanto si la contemplamos desde la perspectiva del proceso creativo, como si nos centramos exclusivamente en la obra acabada. Es en el primer aspecto donde podemos apreciar con más claridad la interacción entre los dos medios. Hay autores que se niegan a que se haga una película de su libro y otros que rechazan cualquier participación en la adaptación cinematográfica de su obra. Cobran un cheque y se olvidan. O no. También están los escritores que colaboran en mayor o menor medida en guiones de novelas propias o ajenas. Y, por supuesto, nos encontramos con guionistas que, a posteriori, novelizan las películas.

BCNFilmFest

Hasta aquí podemos hablar de semejanzas entre ambos medios evidentes, a tal punto que se llega a considerar el guion cinematográfico como un género literario. Sin embargo, y como consecuencia de la propia naturaleza artística de cine y literatura, el trabajo de creación de ambos medios difiere notablemente a partir de un punto. Pero el público, que en general desconoce los aspectos más característicos de este proceso, suele saldar con excesiva frecuencia esas diferencias con frases como “Es mejor el libro” o “Prefiero la película”, que quien más o quien menos hemos utilizado alguna vez. Esta comparación resulta, en muchas ocasiones, un ejercicio simplista y, lo que es peor, estéril.

Apuesta por el triángulo temático cine-literatura-historia

Por ello es de agradecer que la organización de este BCN Film Fest haya decidido reforzar la idea de complementariedad existente entre libros y películas. No sólo optando por estas fechas coincidentes con el Día del Libro para celebrar su certamen bajo el lema Un día para el libro y la rosa… Una semana para el cine, sino también llevando cabo una selección de películas que serán exhibidas durante estos días en la sección oficial del Festival en la que está presente, de una forma u otra, el triángulo temático cine – literatura – historia.

Pero este solo es uno de los dos pilares sobre los que se ha diseñado esta primera edición del BCN Film Fest. El otro se refiere a una de las funciones que el cine, como ya hace la literatura, debe desempeñar en nuestra sociedad: educar. Uno de los promotores del certamen es el Festival Educacine, que desde hace algunos años se viene celebrando en Madrid y que persigue poner a disposición del público más joven criterios o elementos críticos para reflexionar sobre todos los contenidos audiovisuales que hoy tienen a su alcance. Una de las iniciativas adoptada por el BCN Film Fest, con el objeto de contribuir a la llamada “alfabetización audiovisual”, en palabras de José María Aresté, es la de otorgar el sello Educacine a aquellas películas que tienen valores pedagógicos que las hacen susceptibles de ser usadas con fines docentes.

El éxito de un festival de estas características significará también que los espectadores se acerquen a las obras literarias o cinematográficas con menos prejuicios sobre unas y otras, y empiecen a valorarlas con parámetros más adecuados a la esencia de cada una, aunque a veces resulte inevitable la comparación.