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TENDENCIAS DE MARKETING PARA 2020

Estamos en tiempo de recopilatorios, propósitos y tendencias. 

Bueno, los gurús de las tendencias suelen empezar a atacar en noviembre para ser los primeros acaparadores de atención. Todas esas tendencias suelen ser muy “post vacío”, la verdad. El becario, que ya ha visto pasar unos cuantos años, tiene la impresión de muchos gurús reciclan tendencias de un año para otro, explorando a la vez alguna frikada tipo marketing directo en dron para quedar de guayses y visionarios.

Además, seamos sinceros, los gurús se copian. Como mucho hay alguno que traduce del inglés, que para eso estuvo sus años de camarero en Edimburgo. Vamos, que encontrar la aguja del gurú espabilado en el pajar de los que sólo están rellenando el blog de contenido (y toca bola de cristal en esta época) es bastante complicado.

Y si nos ponemos estupendos, repasar las tendencias del año anterior y su grado de cumplimiento vendría a ser como hacer una auditoría de acierto a Rappel, la Bruja Lola o Aramis Fuster.

Por ejemplo, Big Data no es nada como tendencia. Lo que importa es para qué usas qué datos y dónde pones el límite. Big Data sin Marketing Automation es un marrón. Big Data con Marketing Automation sin Filosofía puede convertirse en minería a cielo abierto. Un destrozo. 

Las tendencias son chungas. Por sí mismas, pues, no son nada para tu negocio. No conviene estresarse con ellas, pero tampoco ignorarlas. Lo mejor de las tendencias es que las más de las veces duran sólo una ola, pero si eres capaz de subirte y surfearla puedes sacarle partido. Y de ahí a la siguiente. No importa lo que duren, importa lo que somos capaces de aprovecharlas, al fin y al cabo vivimos la era de lo eventual.

El surf precisa de agilidad y capacidad de decisión. Dos cualidades que les suelen ser escasas a los responsables de marketing de empresas. Son ejercicios más fáciles en pequeños proyectos donde la cabeza de marketing y la dirección de la compañía sintonizan el mismo canal.

Si no es el caso, el becario prefiere realizar un ejercicio más interesante que el de lanzarse a la piscina como visionario y llenar powerpoints de apuestas de futuro: revisar los básicos de la profesión. En el ejercicio se pierde glamour pero se gana eficacia.

¿Quién es mi cliente? ¿De verdad lo conozco, es el mismo que el año pasado a estas alturas? ¿Sigue siendo mi producto genial? ¿Qué puedo hacer para mejorar la experiencia de mi cliente? ¿Por dónde me adelanta la competencia? ¿Cómo puedo aumentar el valor de mi propuesta? ¿Comunico bien mi propuesta? ¿Soy capaz de responder a las críticas? ¿Soy capaz de emocionar (ésta me gusta mucho)?

Si me das a elegir, como diría Rosalía (Feat. Chunguitos) me quedo con la capacidad de emocionar. Si además soy capaz de coger ola, genial. Pero si no, la emoción es un gran flotador.

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