La capacidad de movilización de las emociones, el apoyo de la ciudadanía en torno a un sentimiento y la ideología convertida en mito. Somos espectadores de un escenario cambiante, una actualidad política insólita y la disponibilidad de tecnologías al alcance de nuestra mano que nos invitan a conectar, a participar y a ser miembros activos de la comunidad. En este caldo de cultivo, ha emergido el activismo político, la movilización de la ciudadanía, lo que llamamos grassroots, que, lejos de ser un nuevo método de influencia, se ha convertido en un factor clave para entender la agenda pública.

Las grassroots han estado presentes en la vida política española, en el 11M, en el surgimiento de nuevos partidos y en casos paradigmáticos como el desborde de la campaña electoral de Manuela Carmena. Estos días asistimos a una nueva forma de presenciar el fenómeno de manera especialmente activa, con la polémica generada a favor y en contra del independentismo catalán.

Nos enfrentamos a un problema político que ha provocado una brecha social. La construcción de relatos simbólicos ha generado movilización y la creación de bandos. “Fronteras psicológicas”, que dice Iñaki Gabilondo.

Como arma para lograr una movilización masiva, se utilizan las referencias mentales simples, es decir, banalizar y simplificar una realidad compleja para llegar a todos. Las grassroots no son nuevas, es nuevo el activismo que nace en las redes (clickactivism), que lo compartimos por WhatsApp y que nos proporciona ¿información? a base de memes. El mismo que nos anima a salir de casa, bandera en mano, motivados por una identidad colectiva y compartida. Con un enorme trasfondo ideológico capaz de aglutinar a personas en torno a un sentimiento. Todo un éxito de comunicación política.

Sea posverdad o no, sean contenidos parciales o no, lo cierto es que si el objetivo es generar influencia y la meta consiste en moldear la opinión pública, la estrategia ha sido efectiva. La realidad es que estamos ante un activismo capaz de marcar la agenda pública, provocar reacciones a nivel político y generar cambios. ¿Grassroots 2.0? Habéis llegado para quedaros.