Mis padres tenían por costumbre el que fuésemos muchos domingos a visitar a las hermanas del asilo de ancianos desamparados. Era muy agradable. Sor Serafina o Sor Alicia me preparaban la merienda mientras mis padres conversaban con personas entrañables que atrás habían dejado su juventud hacía años. Todavía me acuerdo de una anciana que durante todo el día su quehacer era rezar rosario tras rosario. Convencido estoy de que hoy me ve, al lado del Señor, con su ceguera desde que era niña.

La Nochebuena era especial para ellos. Tan especial como es para cada uno de nosotros. Mi padre, mi hermano y yo íbamos a ayudar a las monjas a servir la temprana cena -siete de la tarde- de una noche tan especial. En casa quedaba mi madre para preparar los cardos que serían protagonistas un par de horas después.

Me dolía escuchar a muchos de ellos que sus hijos no se habían acercado por miedo “a las nieblas”. En muchas ocasiones les separaba a penas unos kilómetros pero toda madre disculpa a un hijo siempre. Me rompía el corazón y nunca entendí aquello.

Ahora soy yo quien acompaño a mis hijos. Su corta edad no les permite ver el dolor que yo sentía y que ellos descubrirán muy pronto.

Hace unos días descubrí este emotivo spot de Navidad. Estos supermercados alemanes -Edeka- me han traído al recuerdo el dolor oculto de aquellos padres que pasaban solos la Nochebuena sin rencor alguno pero sí llenos de tristeza.

Este Cronista ha llorado como lo harás tú cuando lo veas.

El protagonista llega a casa con su perro. Pesan las bolsas. Escucha los mensajes de sus hijos anunciando que el trabajo les impedirá acompañarle la Navidad de este año.

Los días pasan. El señor cambia cambia de corbata y de chaleco pero sigue la misma soledad. Su única compañía el recuerdo, la nostalgia y el árbol de Navidad.

Sus hijos, de pronto, reciben esquelas y llamadas. Todos vuelven vestidos de luto. Se abrazan. Lloran… Al entrar en la casa paterna encuentran una mesa puesta y a un fantasma que revive. “¿Tengo que hacer esto para veros a todos juntos?”, dice el padre.

Volvamos a casa. Díganles ‘te quiero’…ustedes que pueden.