Qué difícil resulta escribir desde la proximidad y el cariño cuando se trata de despedirse de un compañero. En mi caso, además, uno de los primeros maestros que tuve en este mundo del periodismo. Por eso estas líneas no son fáciles, pero hoy quiero hablar de ti, Ricardo Pereda.

Te conocí hace 20 años, cuando daba mis primeros pasos como redactora en la sección de Economía de El Periódico de Aragón. Fuiste el profesor que estuvo ahí en mis inicios, del que aprendí buena parte de este oficio que amabas (pasión que transmitías a todo el que estaba a tu alrededor). A tu lado crecí profesionalmente durante jornadas maratonianas en la redacción (¡cuántas cosas hemos contado!) y durante alguna que otra noche de fiesta post-trabajo, en las que dejabas el traje de jefe de Economía y dabas paso al Ricardo más personal, a ese compañero de risas nocturnas y de ojeras al día siguiente.  ¡Fue una suerte conocerte!

Y sí, fue una suerte conocerte porque me enseñaste a amar esta profesión y a trabajar con pulcritud, minuciosidad y rigor cada información. Porque así eras tú, un purista –de los que ya no abundan- para el que las noticias solo podían salir de una manera: perfectas. ¡Cuántas veces me acuerdo de esos borradores que me corregías y en los que solo se veía el rojo de tu rotulador! Y es que si había que rehacer diez veces la información hasta que estuviera perfecta, se rehacía. Esto nos costó algún encontronazo (era lo que tenía la juventud). Sin embargo, tus lecciones calaron pronto y he tratado de aplicarlas a lo largo de toda mi carrera. Por todo ello, lo único que te puedo decir es ¡gracias!

Con tu marcha, el periodismo aragonés se queda huérfano de una pluma brillante y la Comunicación huérfana de un gran profesional, comprometido y entregado. Siempre has sido un luchador y un defensor de la religión de la Comunicación, en la que no solo creías, sino que también practicabas. Por eso, no dudaste en embarcarte en la puesta en marcha de la Asociación de Directivos de Comunicación (Dircom) en Aragón, con el único objetivo de poner en valor la función estratégica de la Comunicación en empresas e instituciones. Una defensa en la que nunca has cejado y que has mantenido hasta el final.

Te has ido demasiado pronto pero dejas un gran legado profesional. 30 años de oficio dan mucho de sí. Pero, sobre todo, nos dejas tu recuerdo. Ese que es más difícil de perder. Porque, como dice la canción de The Smiths que preside tu perfil de Twitter, There is a light that never goes out.

¡Hasta siempre, Pereda!