La periodista de Ejea de los Caballeros se mudó en 2007 a Egipto y, desde entonces, no ha abandonado Oriente Medio. Vive y trabaja como freelance para varios medios en la Franja de Gaza, lo que la convierte en una gran conocedora del complejo conflicto palestino, además de en una observadora privilegiada, que informa desde el terreno y no desde un mirador a cientos o miles kilómetros de distancia.

  • ¿Cuándo y por qué decide hacer las maletas y trasladarte a Oriente Medio a ejercer el periodismo?
  • Tenía la posibilidad de seguir trabajando cómodamente en España, pero dejé todos esos planes y me fui a Oriente Medio en 2007 para continuar con las motivaciones que, de alguna manera, me llevaron a estudiar la carrera de periodismo y que no eran otras que era especializarme en esa zona. Y me fui a Egipto a estudiar árabe. Pensaba que en un sector como el periodismo, con tantos profesionales y competencia, tenía que destacar en algo. Y me fui a Egipto a estudiar árabe, pero también a conocer a la gente, la cultura,…
  • ¿Es difícil ejercer el periodismo en zonas como la franja de Gaza y Palestina?
  • La verdad es que sí. Son zonas en las que la libertad de expresión está muy coartada, ya sea por una cosa u otra. En Palestina, a los periodistas nos atacan varios frentes. El más directo, en Gaza, sería Hamás o en Cisjordania, la Autoridad Palestina. Pero también el poderosísimo Estado de Israel, que limita nuestra libertad de expresión, porque aunque no esté en Palestina, incide y presiona a los medios en los que trabajas para que no se siga informando.
  • ¿Se puede informar con libertad?
  • Se puede, pero luego puede pasarte la factura. Tú decides cuánto y cuándo arriesgas tu integridad física o moral y qué límites estás dispuesto a traspasar pasar para desarrollar el derecho a informar.
  • Imagino que la integridad física también corre peligro. Al fin y al cabo, está en una zona caliente…
  • Sí, también. En Gaza, durante bombardeos masivos, como los de 2014, obviamente no hay un lugar a salvo. Recuerdo una ocasión en la que estábamos metidos en un coche, claramente identificado como prensa y, pese a eso, un mortero cayó al lado. Tú vas con tu casco y tu chaleco que no sirve para protegerte, sino para identificarte. Estás en una guerra tan sin cuartel, que nada ni nadie te protege.
  • Se la juegan en muchas ocasiones para informar de hechos, que luego no encuentran sitio en los medios. ¿Cómo valora la situación de este tipo de información?
  • En el caso concreto de la información sobre Palestina e Israel, tengo la sensación de que a las empresas informativas no les interesa invertir en tener un corresponsal o un enviado especial en determinadas zonas de conflicto. Y en muchas ocasiones, la información que llega es de agencia, un copy paste. Los profesionales que estamos informando desde aquí, no tenemos el apoyo de los medios de comunicación como se tenía antes. Para dar una buena información tienes que ir donde se producen los acontecimientos, arriesgar para conseguirla. Sin embargo, desde los medios, luego no se valora ni se paga el riesgo que correes.
  • ¿Está bien tratada esta información por los medios?
  • No se valora. Dicen que hay crisis, que se venden otro tipo de noticias. Ves que en Cisjordania hay personas muriendo, que les están demoliendo la casa y te dicen que no hay espacio. Y luego compruebas que hay una cobertura a bombo y platillo para una información de prensa rosa. Yo no digo que no se hagan ese tipo de noticias, pero sí que creo que los espacios deberían ser más equilibrados. Dar una buena cobertura para informar y formar a un público que piense activamente, que cree su propia opinión. Y eso solo se consigue con buena información y buenos datos. Y desde aquí, desde la franja de Gaza, hay muchísimas informaciones que dar.
  • ¿Se informa bien de la situación que se vive en Israel y Palestina? ¿Tenemos una buena visión de lo que ocurre allí?
  • No, porque no se da el contexto como se debería de dar, porque no hay espacio o tiempo para hacerlo. Nos piden un resumen de la situación. No se puede hablar de desinformación, pero sí de información incompleta. El público, la audiencia debe seguir informándose por otro lado y no tienen tiempo. Entonces, estamos entre la espada y la pared. O lo publicas así o no lo publicas. Con lo cual, publicas como te lo piden los medios de comunicación: versión corta y descontextualizada. Además, los estereotipos están muy extendidos. El mundo árabe está estereotipado y, en lo que se refiere a Palestina e Israel, el estereotipo no ha cambiado desde hace 60 años, a pesar de que las circunstancias y las coyunturas hayan cambiado. Hay voces que están en contra del Gobierno de Israel. Hay voces que están en contra de los Gobiernos palestinos. Y hay que sacar todos esos detalles, dar a la gente la opción de que conozca lo que sucede realmente. Nos solemos quedar con una parte, a lo sumo dos, y, muchas veces, descontextualizada, con lo cual, no se llega a comprender qué está sucediendo y por qué, que es más importante. Y lo que no aparece por ningún lado es cómo se puede solucionar todo esto.
  • Es joven y mujer. ¿Es un handicap a la hora de informar desde esas zonas?
  • Ser joven y mujer no es un hándicap, el hándicap lo tienen los demás. Pero sí, puede condicionar. Los entrevistados emanan hacia mí cierto temor o cierto recelo. Y es que, sobre todo, entrevisto a personas de movimientos islamistas, que es mi especialización. Hay una pequeña barrera, pero no es difícil de saltar cuando hablas su idioma, entiendes sus tradiciones y sabes cómo preguntar las cosas. Los periodistas en estas zonas somos casi psicólogos, sabemos cómo hacer preguntas para que esas personas vayan a lo que nosotros queremos sacar de ellos. Pero hay que hacerlo con pericia, inteligencia,…, y solo se consigue si conoces la zona, las tradiciones, la religión y la sociedad de ese lugar. Aparte de eso, nos ven como unos objetivos débiles, que no podemos hacer determinadas cosas. Y eso es totalmente falso. Solo hay que ver la cantidad de mujeres corresponsales que hay, que arriesgan tanto como los hombres.
  • ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
  • En estos momentos, en Gaza, es informar de un lugar donde nadie está informando.
  • ¿Qué planes de futuro tienes?
  • En Oriente Medio siempre decimos que no se puede planear más allá del mañana. Así que todo se verá. De momento, en la franja de Gaza está mi hogar. Tengo muchos planes de investigaciones, de impartición de talleres para periodistas sobre Palestina e Israel y de seguir con este papel responsable que me ha tocado -por haber vivido y vivir allí- de difundir lo que sé y lo que he visto.