‘El Periódico de Aragón’, una de las cabeceras locales del grupo Zeta, celebró hace unos días su gala anual (y van 24). Celebración que aprovechó su director, Jaime Armengol, para recordar que “si el periodismo no es incómodo es que estamos haciendo algo mal”. El periódico hace gala de ello y es un ejemplo para sus lectores.

La obligación de un medio no solo es informar. Con la libertad de expresión como herramienta fundamental, el medio debe denunciar la mala praxis de aquellos que indignan a la sociedad. La corrupción, la mala gestión en algunas empresas, el mal criterio mostrado en la alineación de un domingo cualquiera o la ausencia de gestión por alguna institución deben ser contadas por alguien más allá de la barra de un bar. Esa es la responsabilidad que todo medio -bajo el paraguas de la independencia, pluralidad y neutralidad- tiene ante sus lectores.

Estoy de acuerdo con la apreciación de Armengol. A veces, se es incómodo. Pero la atalaya de la incomodidad no es propiedad de nadie. Ningún medio es más que otro, aunque le avalen más lectores, oyentes o telespectadores. Todos se deben a su audiencia a la que tienen la obligación de dar voz e informar. De lo contrario, lo mejor es cerrar la señal de radio o televisión, la rotativa o el servidor del que dependa el digital.

Todos somos susceptibles de ser noticia (los “subes-bajas” en la sección de Opinión del diario del grupo Zeta son un buen ejemplo). Nadie tiene la propiedad de la atalaya informativa. Y pensar lo contrario es tener un problema ético con el periodismo.