Se llama Alejandro, pero todos lo conocen por Jano, apodo cariñoso del que dice “casi se convierte en su marca personal”. Periodista por vocación, asegura que nunca quiso ser otra cosa. Aunque ahora es funcionario (no como lo entiende la gran mayoría), este zamorano ha pasado su tiempo sumando experiencias: “directos desde un wc público, organización de cumbres internacionales, artículos escritos en un taxi, cruzar Jordania por un kibutz, colarse en el edificio de la ONU o pelearse con la burocracia cubana”. Actualmente desempeña la labor de Director de Comunicación pero dentro de la RPT (Relación de Puestos de Trabajo) de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) su cargo se denomina, oficialmente, Jefe de la Unidad de Comunicación. Eso sí, él prefiere menos siglas y más ‘Dircom’ de toda la vida; o como suelen llamarle, ‘el de comunicación‘. Para no perdérselo.

  • ¿Cuál es la labor del Director de Comunicación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo?
  • La AECID es una agencia estatal adscrita al Ministerio de Exteriores que tiene encomendada la gestión de la Cooperación Española. Mi labor es que la gente entienda qué quiere decir esa parrafada. Explicar la cooperación, dar visibilidad a una labor tan bonita como necesaria, exponer por qué las políticas de cooperación son positivas para España como emisores y para otros países como receptores. Explicar por qué son un pilar básico de la acción exterior de España, tan básico que forma parte del nombre actual del Ministerio de Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Concebimos el pleno ejercicio del desarrollo como un derecho humano fundamental, y eso merece ser comunicado. Para ello entre mis labores está marcar los hitos a visibilizar en el corto y largo plazo, idear campañas de comunicación acorde a esos hitos, y también mantener una relación constante con periodistas especializados, formar parte de grupos de trabajo nacionales e internacionales, negociar convenios, abrir procesos de contratación pública… no me aburro.
  • ¿Cómo llegas a ser Dircom de una institución de estas características?
  • Soy funcionario de carrera. Pertenezco al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado (CSACE) y estoy encantado de trabajar para una gran compañía llamada España, creo que es la mejor empresa para la que se puede trabajar. Pero ante todo soy periodista, creo que es lo único que sé hacer, y por ello mi idea siempre ha sido dirigir mi vocación de servicio público hacia el ámbito de la comunicación. Porque creo firmemente que comunicar eficazmente también es un servicio público, la comunicación debe ser parte esencial del trabajo de toda administración pública. Mi puesto, como el resto de niveles superiores de la Administración General del Estado, obligatoriamente ha de estar ocupado por un funcionario del subgrupo A1, y no hay muchos funcionarios del subgrupo A1 con perfil de comunicación, así que cuando la plaza quedó libre la AECID contactó conmigo y yo no me lo pensé dos veces. Hay quien dijo que era demasiado joven para ser jefe, pero las canas me ayudan a disimularlo.
  • ¿Se valora poco el papel de la comunicación cuando se trata de proyectos internacionales en la que intervienen muchos -y muy importantes- factores para hacer de la cooperación para el desarrollo algo tangible?
  • He trabajado también en gabinetes de comunicación de empresas, y la comunicación es siempre el patito feo, tanto en el ámbito público como en el privado. Es ese departamento del que solo te acuerdas cuando aparece una crisis reputacional, cuando te critican en un periódico. En la AECID acabamos de cumplir 30 años, una trayectoria que nos convierte en un actor importante en foros internacionales como FAO, Unicef, etc, pero sobre todo ante la Unión Europea. Y por suerte desde esos organismos internacionales se empieza a exigir que la comunicación forme parte de los proyectos de cooperación desde su concepción. Faltan medios y coordinación, queda un largo camino por recorrer para poder comunicar mejor, pero el impulso es claro, ya no hay vuelta atrás.
  • Fuiste el primer Community Manager del Ministerio de Exteriores. ¿Qué retos se te presentaron al tener que encargarte de las cuentas en redes sociales de un organismo tan relevante?
  • Durante un total de cinco años, en dos etapas distintas y justo antes de entrar en la AECID, trabajé en el gabinete de prensa del Ministerio de Exteriores, al mando de 4 ministros diferentes. En redes sociales empezábamos de cero, fue una época muy bonita pero a la vez de mucho trabajo. El primer reto fue interno: convencer a los que te rodean de que tener presencia en redes sociales no solo era positivo, sino casi imprescindible. También el desafío era cara al exterior: una vez que estás en redes sociales, el flujo de información debe ser constante, y la relación con tu cliente, en nuestro caso la ciudadanía en general, rápida y eficaz. El equipo era pequeño, los medios escasos, pero las ganas muchas. Tuve la suerte de tener una Directora General que apostó de forma clara tanto por las redes sociales como por mí. Dicen que todo consiste en estar en el momento adecuado en el lugar preciso, pero a esa ecuación le falta un elemento clave: coincidir con las personas apropiadas.
  • ¿Cuál fue el momento más tenso o difícil al que tuviste que enfrentarte en las redes?
  • Los momentos de mayor tensión comunicativa dentro del Ministerio de Exteriores se dan cuando ocurren catástrofes humanitarias, ya sean desastres naturales, ataques terroristas o accidentes de envergadura, sobre todo si hay españoles entre los afectados. Una parte importante de la población utiliza las redes sociales como su principal fuente de información, por lo que en momentos de tensión acuden a las cuentas oficiales de Exteriores para saber qué está pasando en el lugar de la catástrofe, y sobre todo para saber si los suyos están bien. Has de conjugar la máxima rapidez en la respuesta con la absoluta seguridad de que la información que proporcionas es veraz, precisa y pertinente. Existía ya un protocolo de gestión de crisis donde estaba incluida la pata informativa, pero hubo de incluirse un procedimiento específico sobre comunicación en redes sociales en momentos de crisis. También eso es trabajo de un Dircom, por cierto.
  • ¿En qué momento un periodista vocacional como tú decide estudiar Políticas y luego convertirse en Administrador Civil del Estado?
  • Trabajé durante dos-tres años como freelance, básicamente freelance de viajes, al terminar Periodismo. Lo de que te paguen por viajar suena maravilloso, sobre todo cuando tienes veintipocos, pero el problema es que te pagan muy poco y no tienes garantizada una regularidad en los ingresos. El otro gran inconveniente es que siempre tienes que estar disponible: un lunes me dijeron que tenía que irme a Los Ángeles ese mismo miércoles, pero cuando me enviaron los billetes resulta que eran destino Salt Lake City, tuve que buscar dónde estaba ese lugar de nombre tan raro ya en el aeropuerto de Barajas. Un día estuve en mitad de la sierra de Gredos y al día siguiente en un torneo de golf en Tenerife. Una mañana entrevisté a Tom Hanks en Ginebra y la tarde siguiente a Ewan McGregor en Roma, también entrevisté a Jorge Lorenzo o María Sharapova, visité las plantaciones de ron Brugal en República Dominicana, me enviaron a mí solo una semana a un ecoresort en mitad de Brasil, cubrí el European Poker Tour en Viena… Escribí reportajes sobre una veintena de países, pero al final me di cuenta de que llevaba una vida que jamás me iba a poder pagar, era como vivir en un espejismo. Un espejismo tan bonito como precario, y además incompatible con formar una familia. Por otro lado, siempre me interesó la Política con mayúscula, esa que o hacemos todos, o nos la hacen. Y también he tenido siempre vocación de servicio público, prefiero que mi esfuerzo repercuta en la mejora de mi país, más que en la mejora de la cuenta de resultados de una empresa privada. Con todo esto en la cabeza, di un giro a mi vida: master en Relaciones Internacionales y Diplomacia, grado de Políticas y entré de becario en el Ministerio de Exteriores, donde una jefa que hoy es mi amiga hizo el resto: me dio la lata con que tenía que opositar hasta que al final lo consiguió. Durante año y medio trabajé de 8 a 15 y estudié de 16 a 21, cena y vuelta a estudiar hasta media noche. Yo, que hasta hacía cuatro días vivía de comer gratis en los mejores restaurantes y luego contar qué tal había comido… Y eso que tuve la suerte de sacarme la plaza a la primera, lo más habitual de un A1 es tener que opositar durante varios años. En esa época siempre tuve presente una frase: todo saldrá bien. Hoy la llevo tatuada para que no se me olvide. Opositar es un infierno, que nadie se engañe, pero merece la pena. Mucho.
  • Ser periodista no es un perfil muy común entre los funcionarios del grupo al que perteneces. ¿Qué aporta la formación en comunicación? ¿Es un punto a favor que debería potenciarse?
  • Nunca pensé que opositaría hasta que descubrí que existía el CSACE (nos llaman “tacs”). Me horrorizaba la perspectiva de sacarme una plaza y tener que hacer lo mismo durante los siguientes 30 o 40 años de mi vida. Pero el CSACE es un cuerpo multidisciplinar que permite orientar tu carrera allí donde quieras dentro de la administración pública, cambiar de ámbito de trabajo es relativamente fácil. Siendo también un cuerpo del subgrupo A1, no es como un juez o un notario, que serán jueces y notarios toda la vida. Ser Administrador Civil del Estado le permite a un comunicador dedicarse a la comunicación, por ejemplo. Creo que debería potenciarse el perfil comunicación dentro de la administración pública, bien creando un cuerpo específico de ¿Comunicadores del Estado?, igual que ya lo hay de informáticos o de veterinarios por ejemplo, o bien ampliando el contenido dedicado a comunicación dentro del temario de cuerpos generalistas como el mío. Pero me temo que la tendencia no va por ahí. Seguiremos siendo el patito feo.
  • Cuentas, además, con experiencia en Cooperación al Desarrollo en Centroamérica, ¿cuál fue exactamente su labor allí? ¿Qué te aportó para el trabajo que desarrolla actualmente?
  • Se me olvidaba comentar el último punto que influyó en mi cambio de rumbo profesional: un verano me lie la manta a la cabeza y me fui a Guatemala y El Salvador con Asamblea de Cooperación por la Paz. Fuimos a formarnos en cooperación para el desarrollo, a analizar proyectos sobre el terreno y a ayudar en lo que pudiéramos. Fue una experiencia que me marcó, que recomiendo a todo el mundo y que hizo prometerme que algún día trabajaría en cooperación. Parece que no iba desencaminado.
  • Hablemos del ámbito personal. ¿Cómo concilia un Dircom como tú, con sus responsabilidades, la vida laboral y familiar?
  • Según, y en ocasiones, la distorsionada visión del ciudadano de a pie, como soy funcionario trabajo de 8 a 3, y los viernes se me cae el boli a las 2 para no encontrar atasco. Según mi realidad cotidiana, trabajo 4 tardes a la semana, a veces 5, y no puedo permitirme desconectar nunca, que para eso soy el jefe. Todos los fines de semana tengo que enviar mails, recibo llamadas mientras le estoy dando la cena al niño, en ocasiones tengo que viajar a Bruselas ida y vuelta en el día cogiendo el vuelo de las 6:25 de la mañana… Además estoy sometido a presión constante, he de tomar decisiones y normalmente sin paracaídas. No me quejo, va en el sueldo y me dedico a lo que me gusta. Pero eso nos obliga a hacer malabarismos tanto a mi mujer como a mí, pues creemos que no tenemos por qué renunciar ninguno de los dos a nuestras respectivas carreras profesionales ni a tiempo de ocio por el mero hecho de ser padres. Nos compenetramos bien, somos un equipo y siempre estamos dispuestos a ceder el uno por el otro. Sino, sería imposible. Tenemos un peque de dos años que por supuesto es el centro de nuestras vidas, sus horarios marcan los nuestros ¡Al menos duerme como un lirón!
  • ¿Qué objetivos tiene en mente para el futuro Alejandro, perdón, Jano Remesal? 
  • Los objetivos que de verdad importan no tienen que ver con lo profesional: terminar la carrera de Historia, que estudio por hobby, mucho fútbol, que es lo que de verdad me gusta, hacer reír a mi hijo, viajar mucho, leer más y escribir todo lo que pueda, que algún proyecto literario tengo en mente. Bueno, y ya que estamos obligados a dedicar buena parte de nuestra vida a trabajar, ser feliz para mi pasa obligatoriamente por trabajar en lo que me gusta. En eso estamos.