Jesús Maraña (Sahagún, León. 1961) comenzó en esto del periodismo en los tiempos de la transición. Después de haber pasado por diversos medios, ahora dirige Infolibre, el primer gran medio de comunicación en España que funciona por suscripción. A lo largo de su carrera, Maraña ha vivido momentos delicados de la profesión, que a día de hoy no está atravesando por su mejor momento después de una cascada de agresiones a periodistas y con los recientes vetos que el partido de ultraderecha VOX ha efectuado a profesionales de algunos medios en sus actos de campaña, actitud que ha sido reprobada por la Junta Electoral Central.

¿En que estado está la libertad de expresión en España?

No iba a decir aquello de hemos vivido tiempos mejores. Pero los que tenemos alguna edad recordamos tiempos bastante peores. El mayor problema es que estamos asistiendo a un retroceso, una serie de pasos atrás. Habíamos conseguido -eso creía yo- asentar, ya no sólo por la vía de la práctica y de los hechos, que todo el mundo pudiera informar u opinar de lo que quiera, sino porque se ha ido acumulando una jurisprudencia del Tribunal Constitucional que colocaba como prioridad ante otros derechos, el derecho a la información de los ciudadanos. Sin embargo, estamos asistiendo a un golpe detrás de otro a esa libertad básica que es la libertad de expresión y sobre todo a ese derecho a la información, que no hay que olvidar que es un derecho de los ciudadanos, no de los periodistas, que somos simples intermediarios.

De los 40 años de democracia que ha vivido ejerciendo la profesión, ¿Estamos en el peor momento?

Yo empecé en la transición española. Ya existía la Constitución, pero no existía apenas jurisprudencia y sí desde grupos ultraderechistas armados hasta ETA. Ha habido amenazas a la libertad de expresión que durante mucho tiempo estuvieron condicionándonos en el ejercicio del periodismo. Por no entrar en los condicionantes que siempre ha habido motivados por las presiones políticas o las económico-empresariales. Ahora ha habido un salto distinto. Ya no son sólo estos condicionantes económicos y empresariales, que siguen ahí, y durante la crisis económica y después de ella han tenido más efectos que durante el periodo en el que se vivían tiempos florecientes para el periodismo como negocio. Ahora hay formaciones políticas legales con una representación importante que directamente atentan contra esos derechos constitucionales.

¿Qué reflejo tienen las dos españas en lo que está ocurriendo con el periodismo y con otros temas?

Bajo distintas justificaciones ya lo habíamos vivido con la llamada Ley Mordaza y una serie de casos que se intentaban justificar con las legislaciones antiterroristas. Y hemos vivido algo tan sorprendente como que llegaran a los juzgados o la Fiscalía se querellara bastante más veces por apología del terrorismo después de acabar ETA que antes. Es una cosa sorprendente que debería llamar la atención. Hemos asistido en los últimos años a confusiones entre lo que es un disparate cívico que se puede leer en las redes o en medios, pero se confunde lo que es un disparate de mal gusto o hiriente y se lleva a la vía penal, lo cual es una amenaza para la libertad de expresión. No pareciéndome nada agradable las cosas que circulan permanentemente por los nuevos medios, no se puede llevar por la vía de lo penal permanentemente. Hay otros resortes para deslindar lo que es una ofensa u otro delito. Pero ahora acabamos de asistir a una campaña electoral -ya habíamos asistido a alguna otra- en la que se veta directamente a medios de comunicación, como es el caso de lo que ha venido practicando VOX. O se presiona, agrede, insulta o condiciona la labor de periodistas en Cataluña por parte de grupos minoritarios pero muy agresivos.

La Red de Colegios Profesionales apuesta ante esto por un grupo de trabajo y un Observatorio Nacional sobre Agresiones a Periodistas, ¿Qué le parece la respuesta del colectivo profesional?

Todas las medidas que de manera colectiva consigan intentar el derecho y el ejercicio del derecho son bienvenidas. Voy más allá porque los casos que hemos vivido de agresiones no son los primeros y no sólo se han dado en Cataluña. Han ocurrido en otras zonas de España y otros países. A mí me parece infinitamente más grave que un partido vete y haga listas negras de periodistas y medios de comunicación, tengamos que recurrir desde la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información y poniéndonos de acuerdo unos cuantos medios y periodistas para llevarlo a la Junta Electoral Central, que nos dio la razón, y este partido siga vetando a medios de comunicación y no pase nada. A mí eso me parece muy grave. Una fórmula muy eficaz para luchar contra esto sería que un partido que se salta el artículo 20 de la Constitución de una manera tan evidente y meridiana, a partir de ese momento no reciba un sólo euro público. Si quieren actuar como una empresa privada que se reserva el derecho de admisión a sus actos, puede funcionar como una empresa privada, pero no como un partido político cuya principal fuente de financiación son las arcas públicas. También echo de menos que aparte de esos gestos y esas actuaciones de los colegios y asociaciones profesionales, si un partido veta a unos cuantos medios, me parecería muy lógico que el resto de los medios vetara informativamente a ese partido.

¿No estamos en España también demasiado movidos por las vísceras en estos momentos, con crispación y enfrentamiento permanente? 

En eso no se puede responsabilizar sólo a los políticos. Tenemos responsabilidad los medios, los periodistas, el negocio de la información, que ha llegado a un punto en que pone por delante demasiado a menudo la audiencia y los clicks a ser respetuosos con los demás y a ponerse en la piel del otro. Cada uno debe asumir su responsabilidad y poner su granito de arena. Los periodistas y los medios tenemos una responsabilidad especial. A diferencia de cualquier ciudadano, nosotros estamos obligados a dar la cara, no podemos escondernos en el anonimato para echar leña a cualquier fuego. Tenemos que asumir la responsabilidad, que es lo que hacemos, poner nuestra firma y si las cosas que decimos van más allá de lo que debe ser la legalidad y el respeto a los demás, asumimos las consecuencias y si llega el momento tenemos que sentarnos en un banquillo. Ante el banquillo que es la opinión pública, debemos estar todos los que tenemos algún tipo de eco de lo que hacemos o decimos emplear otro tono, bajar el diapasón, no enzarzar y no echar permanentemente gasolina al fuego.

Y desde hace tiempo se ha encanallado la profesión y hay bloques periodísticos con un tono de tensión en los debates y a la hora de confrontar ideas diferentes…

Es así desde hace tiempo, aunque yo creo que la mayoría de la gente distingue a quienes atizan los fuegos y a quienes emplean la calma y más los argumentos y datos que el griterío. Creo que la mayoría de la gente sabe distinguirlo. Siempre caemos en la melancolía de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero en este país hemos tenido etapas de mucha crispación con la diferencia del eco y la rapidez e inmediatez que ahora tienen las redes sociales. Por ejemplo, la etapa posterior a los atentados del 11-M, la tensión política y mediática que se vivía era muy alta, y también en el segundo mandato de Zapatero cuando estaba en marcha el proceso de paz para acabar con ETA, recuerdo que en cualquier debate los que defendíamos vías de solución al tema de ETA éramos tachados de cómplices, de terroristas, directamente. No es nuevo. Hay una cosa que empieza a ser demasiado habitual que es que cuando la derecha no está en el Gobierno parece que se tensa todo. Eso habrá que ir examinándolo y que cada uno haga su reflexión. Es verdad que el fenómeno VOX no sólo responde a factores españoles. Hay un plus de la herencia del franquismo y sobre todo la explosión identitaria por el tema de Cataluña, pero luego hay otros factores que tienen que ver con los mismos factores que en otros países hacen explosionar otro tipo de nacional populismo. Y eso no significa que en España haya tres millones y pico de fascistas porque no es verdad. 

¿Qué culpa tienen las fakenews o la ligereza que hay en algunos medios a la hora de tratar la información y darla en el descrédito de la profesión?

Es un fenómeno global y hemos visto como ha influido en asuntos tan trascendentes como el triunfo de Trump en EEUU o el Brexit en Gran Bretaña. El falseamiento de la realidad. Emplean todos un mismo manual. Parte de todo lo que ha hecho VOX viene del manual de Steve Bannon, mano derecha de Trump en la campaña. Es utilizar el falseamiento permanente de la realidad para excitar las emociones y ganarse el apoyo de un determinado público, audiencia o electorado. Lo que no es tan sencillo es combatir eso manteniendo inmaculadas las características de una democracia, que tiene que aceptar todo tipo de opiniones, de supuestas informaciones, etc. Se han probado distintas fórmulas en distintos países, no hay ninguna que haya funcionado completamente ni haya sido una ciencia exacta. Yo creo que es una combinación cuya base principal tiene que ser la credibilidad, que consigamos no caer en las trampas de los discursos que ellos van lanzando. Aunque ellos mismos sepan que lo que están diciendo en diversos temas son falsedades, se les desmonta y les da igual porque consiguen que se hable de los temas que ellos quieren que se hable. Y la mayor responsabilidad es del resto de las fuerzas políticas y, sobre todo, de sus competidores y socios, que tienen que ser conscientes de que están jugando con fuego. Mientras otros partidos liberales y conservadores europeos tratan este tipo de fenómenos de una manera distinta y marcan una distancia muy clara, en España de momento esto no ha ocurrido, sino todo lo contrario. Y esto ha conseguido fagocitar además a un partido como Ciudadanos, que se equivocó en su estrategia y ha sido fagocitado. Veremos si el PP consigue administrar esto con la suficiente inteligencia y estatura democrática como para que no ocurra lo mismo que es que todo el arco político se desplaza hacia la extrema derecha. Y esto contribuye al frentismo, a la crispación y a que pesen más las emociones que las ideas o los argumentos y datos.