Me agotan los Goya o, mejor dicho, todos aquellos que hacen de unos premios una excusa para reivindicar algo en vez de poner en valor su industria. Reivindicaciones, por cierto, siempre hacia los mismos. Esperaba este año que se pusiesen una rosa roja reivindicando unas elecciones en nuestro país tal y como prometió nuestro presidente en plena moción de censura. Pero se les olvidó.

Este fue otro año en el que la audiencia más paciente aguantó la eterna gala con discursos faltos de originalidad. Y ocurrió lo que nadie esperaba. La campanada la dio un actor que se convertía en protagonista al emocionar con su discurso de agradecimiento a todo aquel que lo escuchó.

Jesús Vidal, ganador al Goya como mejor actor revelación, no sólo añadió su grano de arena al trabajo de todo el equipo de «Campeones» sino que puso sobre la mesa un problema que tiene esta sociedad. Este actor leonés con capacidades distintas desnudó a esta sociedad del bienestar con dos frases que deberían hacer recapacitar aquellos que la vida y la familia la consideran simples términos del diccionario.

En un discurso perfectamente armado escuchamos dos frases que llegaron al corazón de todos: “Mamá, gracias por darme la vida y por enseñarme a ver la vida con los ojos de la inteligencia del corazón, te quiero todo” y “A mí sí me gustaría tener un hijo como yo por tener a unos padres como vosotros” fueron las frases que elevaron la altura moral de una gala tradicionalmente infestada de feminismo abortista politizado. Todo experto dice que lo difícil es conseguir que un discurso sea memorable. Jesús Vidal lo consiguió.

Las tesis de todos aquellos “progresistas” que habitualmente atacan a todo aquél que contradice los dogmas de la ideología de género o el feminismo radical saltaron por los aires con dos frases cargadas de lógica y cariño. Sin maldad reivindicó el derecho a la vida y la verdadera inclusión, diversidad y visibilidad de todo aquel que es distinto.

Jesús, gracias a ti por lo que recordaste en la conciencia de muchos. Gracias por los cinco mejores minutos de la historia de los Premios Goya