El periodista zaragozano José María Albalad es el primer doctor internacional en Comunicación que sale de una facultad aragonesa. En concreto, de la Universidad San Jorge, donde también es profesor. Albalad nos acerca a los objetivos de su tesis Análisis de tres modelos editoriales de periodismo literario en internet: Anfibia (Argentina), Narratively (Estados Unidos) y FronteraD (España) y analiza la situación actual de la información, del periodismo y de la comunicación, entre otros aspectos.

  • El objetivo de su tesis es analizar el modelo editorial y de negocio de tres proyectos de distintas tradiciones culturales, periodísticas y lingüísticas. Pero todos tienen algo en común: son nativos digitales. ¿Cómo surgió la idea de realizar esta investigación?
  • Empecé a reflexionar sobre la información digital y sobre cómo en estos momentos tenemos más posibilidades que nunca para estar informados. Pero, ¿estamos realmente mejor informados? Esa fue la pregunta inicial. Profundizando más en el terreno y guiado por el profesor Jorge Miguel Rodríguez, director de la tesis, advertí una creciente hornada de revistas digitales dedicadas a contar historias con paciencia y reflexión, frente a la información rápida de última hora y del titular de la redes sociales. Eran medios que buscaban escapar de esa tendencia para ahondar en los hechos, haciendo un periodismo más de reflexión, con el objetivo de ayudar a entender la realidad lejos del ruido al que, a veces, nos lleva la inmediatez.
  • ¿Hay muchos medios de este tipo?
  • Hay muchos, pero una tesis doctoral exige mucha concreción, por eso me he centrado en tres: Anfibia (Argentina), Narratively (EEUU) y FronteraD (España). Se trataba de conocer sus motivaciones y cómo las estaban llevando a la práctica. Respecto a contenidos, son medios que aprovechan el gancho que tienen las historias para empatizar con el lector y, así, incitar a la lectura y conseguir una mayor asimilación de la información, ayudando a entender la realidad. Profundizan en la información y, por tanto, en lo que puede suponer para la sociedad. Sin embargo, se encuentran con una barrera a la hora de llegar a la gente, que no termina de acoger esa propuesta.
  • ¿A qué cree que es debido?
  • Por un lado, por nuestro ritmo de vida. Son revistas digitales, para abaratar costes. Sin embargo, por el consumo más reposado que necesitan, serían más proclives a consumirse en papel. En internet, esa información más reflexiva lucha con una ingente cantidad de información de actualidad, lo que puede provocar que los tiempos de lectura no sean los que exigen este tipo de publicaciones. Como medio, están centradas en producir muy buenos contenidos, pero lo que todavía no se ha conseguido es que eso sea aprovechado por los usuarios. Saben que se dirigen a inmensas minorías, pero queda mucha porción de esas minorías a la que llegar. Por lo tanto, hay que comprobar si una pantalla es el soporte adecuado para consumir ese tipo de información. Tradicionalmente se ha dicho que si quieres leer, lo mejor es el papel. No obstante, yo creo que las historias que te atrapan, lo hacen igual en el papel o en una pantalla. Pero si el reto es que se consuman en pantalla, habrá que diseñarlas de una manera exclusiva para el soporte, alejándose de la papelización de la web. Y, como ciudadanos, también debemos aprender a consumir la información y los medios en que lo hacemos. Es necesaria una reeducación de todas las partes implicadas. El panorama es optimista, pero todo cambio exige un tiempo de adaptación.
  • Se habla mucho de la crisis de los medios, en especial, del papel. ¿Puede ser este tipo de periodismo su futuro?
  • Resulta paradójico que mientras los medios que tradicionalmente se han editado en papel están apostando por lo digital, los medios nativos digitales están estudiando siempre cómo pueden saltar al papel. De hecho, cuando predicen la muerte del papel, yo creo que se plantea una dicotomía errónea. No son soportes sustitutivos, que se vayan a comer el uno al otro. Pueden convivir. Hay que estar en internet porque te permite llegar a tu público objetivo de manera, prácticamente, gratuita, sin grandes campañas de publicidad y alimentar una comunidad. Si esto funciona y se decide dar el salto al papel, van a estar ahí. Es lo que hizo Jot Down. Internet da el público, la conexión con el mismo y el trato. El papel da el dinero de la venta.
  • Ese es otro tema, el de la financiación.
  • Es clave. Otra de las conclusiones de la tesis es que, muchas veces, los periodistas nos empeñamos en crear un modelo editorial estupendo, muy centrado en los contenidos, pero se descuida algo tan fundamental como la parte empresarial. En este sentido, lejos de quedarse solo en el romanticismo de hacer un periodismo de calidad, cada vez toma más fuerza la importancia de monetizar y ver cómo se puede vivir de ese periodismo. Hay quien pensará aquello de que no contar con financiación ajena permite hacer un periodismo independiente. Pero está claro que sin dinero, al final, haces el medio que puedes y no el que quieres. Por lo tanto, hay que tratar de encontrar una fórmula que monetice los contenidos sin caer en estrategias poco decentes desde el punto de vista ético y deontológico. En el caso de los medios analizados en mi tesis, cada uno aporta una lección. Por ejemplo, Anfibia se asoció con una universidad pública, que que financia la revista del mismo modo que sufraga investigaciones experimentales en laboratorios. Ello, con el objetivo de aportar contenidos de calidad entre periodistas y académicos o expertos.
  • Siempre ha dicho que quería hacer una tesis práctica, que no se quedara acumulando polvo en una biblioteca.
  • Creo que el reto que debemos afrontar los académicos es conseguir divulgar el conocimiento, nuestras investigaciones,… Hay que recordar que una de las misiones de la Universidad es que haya una transferencia de ese conocimiento a la sociedad. Y muchas veces, debido a las rutinas de las universidades, de los catedráticos o de las grandes eminencias, se publican numerosos artículos que ni siquiera leen los propios académicos, que quedan olvidados y no llegan a la sociedad. Yo creo en la transferencia. Y para conseguirla, una de las cosas que hay que hacer es adaptar el lenguaje para que lo entienda cualquiera. Y, por supuesto, cuando se va a afrontar una investigación habría que plantearse cómo hacerla para que sea útil. Lo cual no debe ser únicamente desde un punto de vista práctico. Puede ser también desde lo especulativo, desde el conocimiento,…, cabe todo. Pero hay que divulgarlo.
  • ¿Y cuáles serían las aportaciones de su tesis?
  • Por un lado, ayudar a cualquier ciudadano a reflexionar sobre el contexto comunicativo actual. El conocimiento nos hace libres y cuanto más sepamos, más libertad tendremos. Algunos autores hablan del McDonald´s de la información, de la información fast. Esto ha derivado en una corriente de slow journalism, para que el ciudadano pueda replantearse cuál es su dieta informativa, cómo está consumiendo, pensar y que le ayude a tomar decisiones. Por otro lado, los análisis prácticos permiten realizar una serie de recomendaciones que pueden ser de interés para futuros emprendedores que van a crear su medio y así evitar que caigan en los errores que han cometido otros.
  • Por otro lado, el sector de los investigadores se queja de su situación. ¿Ocurre lo mismo en el área de comunicación?
  • Es extrapolable a todas las disciplinas. Conseguir ayudas es cada vez más difícil. Sin embargo, yo he tenido la suerte de contar con el apoyo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y, a través de una ayuda de formación de profesorado universitario, he contado con financiación para cuatro años. Además, he tenido una beca interna de investigación de la Universidad San Jorge. De no haber sido así, hubiera sido más complicado sacar esta tesis.
  • Otras de las críticas provienen de los estudiantes, que, a menudo, se quejan de que la formación universitaria en Comunicación está alejada de la realidad profesional. Como profesor universitario, ¿comparte esa opinión?
  • Esa crítica ha existido y persiste en nuestros días, pero también creo que esto está cambiando. Como institución con tanta historia, parece que todo en la Universidad es inamovible y que lograr cualquier cambio exige mucho tiempo. Pero yo soy optimista. En concreto, la Universidad San Jorge, que es donde doy clases, es una institución joven, con unos planes de estudios con un componente práctico, casi a la altura de la teoría, y donde los estudiantes ejercen, a modo amateur o de prácticas, en una plataforma multimedia, graban en un estudio de radio o de televisión, utilizan un gestor de contenidos virtual para subir esa información,… Y cuando el alumno sale de la facultad, está perfectamente preparado para desenvolverse en ese entorno multimedia.