Richard Davidson nació en Brooklyn. Es profesor de Psicología y Psiquiatría en la Universidad de Madison (Wisconsin), doctor en Neuropsicología e investigador en algo que hoy en día está de moda como es la neurociencia afectiva y según la revista Time es una de las cien personas más influyentes del mundo.

Que una persona autorizada declare que la política debe basarse en lo que nos une para así reducir el sufrimiento en el mundo o que siga creyendo en la amabilidad, la ternura y la bondad debiéndose entrenar las tres cualidades le hace digno merecedor de un espacio en este editorial digital.

Fundó el Centro de Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison donde lleva años investigando en las bases neuronales de la emoción y en los métodos para promover desde la ciencia el florecimiento humano. Algo que parece que se lleva poco en la actualidad a contrario del  DATA y todo lo tecnológico que ha adquirido gran protagonismo.

Davidson dejó Harvard para irse a la India a investigar cómo entrenar la mente. Conoció al Dalái Lama y éste le invitó a enfocar sus estudios neurociéntíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión y no tanto en el estrés, la ansiedad y la depresión.

En la India descubrió que una mente en calma pude producir bienestar en cualquier situación y, de regreso, esto lo llevó al laboratorio. Tomando una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes descubrió cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas pudiéndolo medir con precisión.

¿Qué descubrió en su Centro de Investigación? Que la empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás, que la compasión es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento y que la amabilidad y la ternura se pueden entrenar a cualquier edad. Y no menos importante, Davidson descubrió que la base de un cerebro sano es la bondad pudiéndose también entrenar.

Este investigador apunta que todo lo descubierto se puede aplicar globalmente en sectores como la educación, sanidad, gobiernos o empresas internacionales.

Si la vida son sólo secuencias de momentos y encadenas esas secuencias, la vida cambia. Por eso el cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo al ser circuitos cerebrales distintos. Aquí la cuestión es cómo acceder a los circuitos neuronales para cambiar el día a día de uno y él ha descubierto cómo hacerlo.