La marca IVECO ha saltado lamentablemente a la escena pública tras suicidarse una de sus empleadas. El motivo no es otro que la viralización de un vídeo sexual grabado hace unos años y que recientemente se difundió entre los compañeros de la empresa.

Tan asqueroso es el autor de la fechoría como vergonzante la reacción de algunos de los compañeros de la fallecida. Ahora muchos han salido a la puerta de la planta vestidos con el traje hipócrita de la consternación. Se lamentan cuando hace unos días le dieron gratuitamente a la opción de ‘Reenviar’ ajenos a las posibles consecuencias que podía producir.

Hemos averiguado los muchos hipócritas que están trabajando para esta marca que, o son imbéciles o muy tontos, si no sabían el daño emocional y familiar que iban a causar tras la publicación de un vídeo de estas características.

Dar a la opción de ‘Reenviar’ en estos casos sólo puede entrañar la intencionalidad de desacreditar, humillar, jactar o difamar. Todas ellas se merecen los calificativos que antes he utilizado para la panda de hipócritas que conforman la planta de IVECO. No son inocentes. Todo lo contrario.

Quedémonos con lo positivo. Con todos aquellos que no lo difundieron y que hoy sí, de verdad, salen consternados por la repugnante acción de algunos de sus compañeros. Caiga sobre su conciencia durante toda la vida.