El CAA ha aprobado hoy una serie de recomendaciones para un mejor tratamiento informativo de la discapacidad

 

Coincidiendo con la celebración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, el CAA aboga por una mayor presencia de estos colectivos en los medios de comunicación. Las personas con discapacidad siguen sin un tratamiento informativo adecuado según el CAA. En Andalucía, el número de personas con discapacidad a finales del año 2017 era de 601.544. Pese a la importancia de estas cifras, y a la relevancia de los problemas y aspiraciones de este colectivo, el CAA ha constatado su baja presencia en los medios y la abundancia de tratamiento inadecuados, cuando no con contenidos peyorativos, con mantenimiento de estereotipos y actitudes poco favorecedoras de la inclusión social.

Desde el Consejo Audiovisual se considera que una adecuada presentación de la discapacidad en los medios es requisito básico para la normalización de su presencia en el seno de una sociedad avanzada. Se ha producido un notable avance en la cantidad como en la calidad de la información ofrecida, y en el uso de una terminología adecuada. Pero existen aún carencias que justifican la redacción de unas recomendaciones sencillas y básicas por parte del CAA.

Esta guía para el tratamiento informativo está integrada por catorce recomendaciones para evitar que las personas con discapacidad tengan un tratamiento informativo adecuado. Usar un lenguaje adecuado, que excluya discriminaciones: emplear el término de ‘personas con discapacidad’ y no los vocablos ‘deficientes’, ‘minusválidos’ o ‘retrasados’.

También hay que evitar algunas  expresiones paternalistas: en vez de ‘sufre discapacidad’ o ‘padece discapacidad’, es mejor emplear ‘tiene discapacidad’. Si utilizamos sufrir o padecer estamos asimilando la situación de discapacidad a la de enfermedad. El lenguaje no es neutral, puede contribuir a integrar o a marginar y puede ayudar a evolucionar y cambiar.

De este modo, el comunicador debe evitar caer en errores como considerar, por ejemplo, que la discapacidad intelectual es una enfermedad. O que discapacidad intelectual y enfermedad mental son conceptos equivalentes. Los propios medios proyectan sobre la discapacidad influye directamente en las actitudes y las opiniones del conjunto de la sociedad.

Derecho a la información

El CAA recomienda igualmente que, en los textos informativos que van dirigidos de forma específica o prioritaria a personas con discapacidad intelectual, se utilice un lenguaje claro, sencillo. Es necesario que los medios, en especial los audiovisuales, realicen un esfuerzo para ganar en accesibilidad. Deben usar subtítulos, lenguaje de signos y otras fórmulas con las que generen interés y comprensión entre las personas con discapacidad.

Asimismo, se aconseja como fuentes relevantes de información las asociaciones sobre los diferentes colectivos y las propias personas con discapacidad. También es importante que los medios ofrezcan espacios protagonizados y realizados por las propias personas con discapacidad o, al menos, con presencia destacada de ellas.

El Consejo llama también la atención sobre que continúan en los medios estereotipos en torno a sufrimientos, infantilismos o dependencia de las personas con discapacidad, frente a lo cual se aboga por incidir en el derecho a la igualdad, sin rasgos meramente emotivos o paternalistas.

En este sentido, es conveniente no favorecer desde los medios la sobreprotección. Ésta puede llegar a ser contraproducente al anular la iniciativa e independencia de las persona con discapacidad y no aprovechar su voluntad y sus capacidades.

Son de agradecer así las informaciones sobre logros relevantes de las personas con discapacidad, que menudean, por ejemplo, en el ámbito del deporte. No obstante, hay que tener en cuenta que estas informaciones, planteadas sin una adecuada contextualización, pueden contribuir a consolidar una imagen casi mítica, alejada, sin embargo, de la realidad que viven las personas con discapacidad.

Los medios pueden realizar una excelente labor recordando las dificultades cotidianas con las que se encuentras estos colectivos, agravadas a menudo en los entornos rurales: el precio elevado de los accesorios, desde las prótesis a las sillas de ruedas; el mantenimiento de importantes barreras físicas; la insolidaridad de muchas personas que ocupan, por ejemplo los aparcamientos reservados o la negativa de comunidades de vecinos a construir acceso adecuados.