El feminismo, su lucha por la igualdad de derechos, su denuncia de los abusos enraizados y normalizados en las entrañas de esta sociedad patriarcal, han sido, en mi ranking personal porque yo lo valgo, el gran agitador de la Comunicación global en este 2017.

Se han quemado etapas, han caído poderosos estandartes… la Mujer ha capitalizado conversaciones y editoriales en todos los medios, en todos los soportes, de una manera global y contundente. Y sin embargo, uno tiene la impresión de estar todavía caminando los primeros pasos de una larga travesía. Más que nunca antes, la denuncia de bochornosos comportamientos ha tenido eco en medios y no sólo sociales (aunque en gran parte gracias a estos). Parece que una onda de sensibilización hubiera llegado a todos los rincones, los más retrógrados incluidos.

Y sin embargo asistimos horrorizados a la multiplicación de los casos de violencia extrema, una insoportable pesadilla continua que como gota china socava los fundamentos morales de nuestras sociedades “modernas”.

Escribo estas letras y se acaba de cometer un nuevo asesinato de una mujer en nuestro país. Es insoportable. No podemos inmunizarnos ni resignarnos. No podemos consentir que un sonrojante porcentaje de los adolescentes consideren normal que su pareja ejerza un control sobre sus amistades o sus mensajes de whatsapp, por ejemplo.

Eso nos da pistas: las conductas que discriminan a las mujeres están imbricadas a todos los niveles y en todas las instancias sociales, laborales, culturales. El camino de la igualdad será todavía muy largo, máxime cuando asistimos a episodios que dan muestra más de involución que de evolución.

La Comunicación tiene que tener un papel protagonista en procurar que avancemos en esa senda. Hemos visto cómo tirando de un solo hilo (cierto que de tamaño espantoso) como ha sido el caso Weinstein, la alfombra levantada ha dejado ver tamaña acumulación de basura que asusta pensar que cupiera toda ahí abajo.

Richardson o Spacey han sido otros casos de repercusión y consecuencias. Porque sin las consecuencias el grito enmudece y la marea baja sigue al Tsunami con la insoportable rapidez del olvido.

Y dentro de todo ese maremágnum de denuncias, de sacar la mierda de debajo de la alfombra (que no se vea no quiere decir que no esté ahí) nadie se acuerda de las que dijeron no. Porque es absolutamente necesario el altavoz de las que sufrieron abusos en su camino a la fama, al éxito, pero igualmente imprescindible es escuchar la voz de la camarera de la cafetería en la 101, que iba para actriz y sirve café: porque dijo “NO”.

El discurso de la igualdad debe construirse desde el respeto y la empatía. Debe se omnipresente, transversal, y debe dotarse de una solidez ética tan inquebrantable como la memoria del Holocausto. A su vez, las actitudes y declaraciones de involución machista deben ser frenadas con la misma contundencia con que se denuncia el negacionismo.

El Marketing, la Publicidad y la Comunicación deben cumplir un compromiso ético en ese sentido. A la igualdad le queda un largo camino. Necesitamos poder decir en 2018: “estamos mucho mejor que hace un año”.

El becario de Don Draper, Marketing y Comunicación sin pelos en la lengua