La directora de El País, Soledad Gallego-Díaz, ha participado en Argentina (Córdoba) en un coloquio en el que ha ofrecido su visión sobre dos de los problemas que aquejan al periodismo hoy en día. Resumo lo que se dice en la crónica que publica la edición digital de su medio:

  1. La simplificación del lenguaje que invade las sociedades modernas a través de las redes sociales y la necesidad, en el caso de los periodistas, de alcanzar la claridad (con una reivindicación del libro de estilo de El País).
  2. La pérdida de los medios de la capacidad de hablar de lo que realmente importa, de imponer temas. Gallego-Díaz culpa a las redes sociales, “donde domina la comunicación”, de la pérdida de esta capacidad, advierte de que “destruyen las redes de información contrastadas” y alerta de que puede llevar a los periódicos a su desaparición.

Sobre el primero de los puntos, no puedo estar más de acuerdo. Los ciudadanos tienen el derecho a que se les hable con claridad y con sencillez y los periodistas tienen que hacer el esfuerzo de usar ese lenguaje claro para contar sus historias. Es una norma básica no escrita. Escribir bien, en periodismo, no es llenar un texto de frases subordinadas ni emplear un lenguaje barroco, florido o, peor aún, un lenguaje oscuro y retorcido que no se entienda.

En cuanto al segundo, tengo más dudas.

Quien haya seguido mi blog sabe que participo de la idea de que las redes sociales se han convertido en el terreno de juego más conveniente para la aparición de Torquemadas de medio pelo, hooligans simplones y fabricantes de fake news. En las redes sociales predominan cada vez más los titulares simplones y se tratan con excesiva frivolidad los temas más importantes, pero eso no significa que sean un estercolero donde sólo se habla de estulticias.

Los mismos medios, entre ellos El País, son enormemente seguidos a través de sus cuentas en las redes sociales y suministran en líneas generales buenas informaciones y buenos artículos de análisis y de opinión. El problema, pues, no son las redes sociales, sino qué quieren consumir los ciudadanos en las redes sociales. Y si los medios no son capaces de “imponer sus temas”, entonces quienes tienen un problema son los medios, no los ciudadanos.

Y sobre esa advertencia de que esa pérdida de importancia puede llevarles a la desaparición, me parece que ha trasladado una visión algo simplista (aunque entiendo que no era el foro ni el momento para explayarse con explicaciones más complejas). Como la misma Gallego-Díaz ha explicado en otras ocasiones, la industria del periodismo vive un proceso de transformación único en su historia.

Los modelos tradicionales de producción y distribución de las noticias se han roto.

Solo cabe la opción del cambio y de la explotación de nuevos modelos de negocio (que vayan más allá de la publicidad: suscripciones, eventos, actividades ligadas con las propias de las agencias de comunicación…) y de nuevos modelos editoriales y de distribución (redes sociales, canales de mensajería, motores de búsqueda, newsletters, podcast, vídeos, etcétera).

Las redes sociales han cambiado la manera de consumir la información y hasta de digerirla, pero no son más que canales de distribución que los medios también tienen que aprovechar. El mismo El País lo hace. Y muy bien. Y no por eso contribuye a hablar de temas que no deberían de estar en el centro de las conversaciones ni, por supuesto, se está suicidando.

 

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