Cuando se cumple un año de la ridícula y breve proclamación por 8 segundos de la República catalana continuamos impasibles ante el odio que se emana diariamente desde TV3.

El 155 fue blando en términos generales. Con la cadena pública no existió. La repugnante maquinaria al servicio del independentismo sigue campando a sus anchas siendo TV3 el mejor instrumento cómplice con los peores enemigos del Estado.

¿Cerrarla? Por supuesto. Pero antes llegará la república que tomar esta medida. Sugiero que alguien cambie al menos a la cúpula directiva, fieles súbditos de golpistas, ya solamente por el desplome continuo de ingresos.

Gracias al odio de todo lo español TV3 nos ha regalado un episodio que va a pasar a la historia de la televisión. Ridícula, esperpéntica, absurda, irrisoria, grotesca, mezquina, pobre, burlesca, fachosa, estrambótica y estúpida es la entrevista que realizaron al exalcalde de Medellín, Sergio Fajardo. Comprueben si he exagerado con el número de adjetivos tras ver estas imágenes.

El programa ‘Preguntas frecuentes’, Laura Rosel en el papel de mema-boba presentadora, Ada Colau en el de traductora y Fajardo en el suyo, de entrevistado, fueron los protagonistas del esperpento.

Resumen de los hechos: Boba pregunta a alcalde. Alcalde, auricular en oreja, con traducción simultánea pero que aun así no consigue entender el catalán: “¿Me puede repetir la pregunta? No entiendo el catalán”, dice el político. Boba, entre risas con alcaldesa-traductora insiste en hablarle en catalán. Entrevistado, desorientado, pide que le hagan ola pregunta en ‘español’ y rápidamente corrige ‘en castellano’. La alcaldesa-traductora intercede traduciendo al castellano la pregunta de mema-boba para que entrevistado pueda contestarla. En resumen, tres hispano hablantes haciendo el ridículo gracias a dos memas que odian el castellano.

Las redes se hicieron hecho eco de tal estupidez. Me quedo con este tuit de Jorge de Arlanza que compartió una escena de la película ‘Las autonosuyas’ (1983), en la que los actores Tomás Blanco y Antonio Garisa interpretan, respectivamente, a un político vasco y a uno catalán, y acaban hablando en español ante la imposibilidad de entenderse entre ellos.

El odio a la lengua castellana por parte de la boba, ridícula, esperpéntica, absurda, irrisoria, grotesca, mezquina, pobre, burlesca, fachosa, estrambótica y estúpida Laura Rosel le viene de lejos.