Hacía tiempo que algo no me estremecía. Esta carta al director –digna de ser leída por mi admirado Luis del Val–  lo ha conseguido. Doce metros cuadrados llenos de soledad.

Queremos que nuestros hijos vuelen y vivan en otros países. Conseguimos ver crecer a nuestros nietos vía skype. Damos la vida por ellos y, en muchas ocasiones, para nada. Algo estamos haciendo mal.

Carta