Actualmente es el mayor ladrón de tiempo. Miramos constantemente el móvil para comprobar si ha llegado un nuevo correo, los 50 “felicidades” por whatsapp del grupo de la promoción, contestas al email que has recibido, te das un paseo por las numerosas redes sociales con las que contamos en nuestro carísimo smartphone, te llega el mismo vídeo con el meme del día por 30 grupos distintos, repasas los ocho periódicos sin pinchar una sola noticia, la profe te envía la foto de la excursión de uno de tus hijos, miras si han realizado el ingreso que esperabas,… y a ratos uno trabaja.

Nuestro enemigo número uno consigue que lo tengamos siempre a mano. A poder ser con la batería cargada. Por encima del 10 % para evitar cualquier momento de ansiedad. Pensamos que somos digitales por tener numerosas aplicaciones descargadas. Nuestra inocencia es tal que nos consideramos inmersos en la era digital por utilizar Uber.

Hemos perdido concentración porque el pequeño diablo huye del bolsillo para esclavizar constantemente al cuarto segmento del miembro superior, o sea, la mano.

Muchos son los estudios que alertan del abuso de nuestro amigo. Uno impulsado por la OMS reveló que “utilizar teléfonos móviles puede incrementar el riesgo de sufrir ciertos tipos de cáncer cerebral”. Otros han alertado de la pérdida de concentración. Otro estudio de Microsoft alertó de la pérdida de concentración, en concreto, después de ocho segundos. En los últimos 18 años nuestro tiempo de concentración se ha reducido de 12 segundos en 2000 a 8 en la actualidad, casi un 35%. La Universidad de Loughborough (Inglaterra) indicó que “una persona revisa el correo electrónico cada cinco minutos y tarda 64 segundos en reanudar la tarea que estaba desempeñando anteriormente”. Dicho de otra manera, tiramos un minuto de cada seis a la basura.

De lo que no hay duda es de que este país está enganchado al móvil. España es el quinto país del mundo en el que la gente pasa más tiempo pegado a teléfono. No llega a ser una adicción, pero sí una dependencia.

Pero si muchos de los estudios son poco estimulantes, el que publicó ‘Emotion’ tras realizar más de un millón de encuestas a jóvenes estadounidenses de 15 a 18 años, me provoca una gran desesperanza. Las conclusiones de dicho estudio sostienen que los adolescentes que pasan más tiempo enganchados al móvil son “notablemente” más infelices que los que invierten más tiempo en otras actividades, como el deporte o la lectura. No hace falta estudios para intuirlo.

Dicho todo lo anterior no me parece peligroso, aunque sí preocupante. Hay algo peor y de lo cual no se ha realizado estudio alguno. Me refiero a al poder que tienen las pantallas para separar a las personas.

¿Podemos dejar de mirar pantallas y volver a mirarnos a los ojos?