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Mar Abad: “El lenguaje es un servidor de las personas”

Cada palabra que brota del pensamiento de Mar Abad forma parte de un gran wabi-sabi. Envuelta en este término japonés, que alude a la belleza de lo transitorio, la periodista y escritora (Almería, 1972) se revela contra los purismos del lenguaje. “Que solo producen monstruos y supremacismos” alega. Y como cambian la lengua y la vida, así Mar Abad se transforma, a su vez. Comenzó trabajando en Canal Sur Almería y su particular wabi-sabi le ha llevado a probar diferentes formas de ejercer el periodismo. Desde la CNN a Telecinco, pasando por Cinco Días o EFE. Aunque es la invitación de Mario Tascón para publicar juntos el libro``Twittergrafía, el arte de la nueva escritura´ el hito que marca su trayectoria más reciente. Mar Abad es también una firme defensora del papel de la mujer en el mundo de las letras y eso le ha conducido a publicar `Antiguas pero modernas´ (Libros del K.O., 2019).

Actualmente es cofundadora de la revista Yorokobu y colabora con ArchiLetras. Es precisamente en este medio donde ha publicado `El lenguaje impaciente: cada vez más corto, cada vez más rápido´. Esta reflexión sobre cómo ha ido cambiando el español desde finales del XIX hasta principios del XXI le ha llevado hasta el escenario del Teatro Zorrilla en Valladolid. Allí, ayer, Mar recogía el XXIV Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes que convoca la Asociación de la Prensa de Valladolid (APV). “Es el escritor preferido de mi madre. Y eso es lo mejor que le puedo decir hoy para rendirle homenaje” aseguró la periodista. Así, sin dejar de aferrarse a la raíz, Mar Abad habló de abrir los brazos a lo nuevo para que sea así el lenguaje un árbol de ramas flexibles que, lejos de temer a los huracanes, se hace uno con ellos.

¿Si tuvieras que compartirlo en un tuit, cómo expresarías lo que sientes al recoger este premio?

En un titular de Twitter lo expresaría con “Felicidad cinco estrellas”.

¿Se adapta y evoluciona el lenguaje al pensamiento social o es a través de las palabras que construimos la forma de ver la vida?

El lenguaje se va a adaptando a nuestro pensamiento, a nuestros hábitos de vida, a los nuevos objetos que creamos, a las nuevas tecnologías. El lenguaje es un servidor de las personas y somos nosotros los que lo creamos, lo hacemos evolucionar, lo estiramos todo lo que podemos. Está ahí para utilizarlo de tal modo que no sea, ni difícil de pronunciar, ni complicado en su gramática.

De hecho, tú cuestionas la vida útil que les queda a signos de puntuación como el punto y coma o la interrogación a principio de frase.

Normalmente se tiende a la economía del lenguaje y a las abreviaturas que nos sean útiles. Por ejemplo, las abreviaturas que escribimos en los chats las utilizamos para poder mirar menos a la pantalla y no estamparnos contra un semáforo.

Llevado al terreno del periodismo, ¿piensas que “el lenguaje impaciente” en la forma de comunicar conduce más al progreso o al “postureo”?

Creo que la inmediatez en el periodismo conduce al error, a la simplificación a la generalización. No se puede hacer un buen periodismo si vas a “matacaballo” porque tienes que contrastar los datos, tienes que reflexionar, que contextualizar. Claro que las noticias de actualidad tienen una ventaja grandísima, que es saber qué está pasando en tiempo real, pero hay que ser conscientes de que la rapidez introduce muchos errores. Y es algo humano, pero al rapidez tiene un precio.

Supongo que, más o menos inmediato, rápido o cortado, al lenguaje hay que mimarlo y prestarle atención. ¿Crees que eso sucede en los medios de comunicación en general?

Por supuesto, el lenguaje rápido, lento, culto, macarra… siempre tiene que ser mimado igual que tiene que ser mimada tu postura al caminar. La belleza y el cuidado tendría que estar en todo lo que hacemos. En algunos medios de comunicación sí se mima en lenguaje. En muchos otros no y yo diría que, en general, más que el tema de escribir o del periodismo, es una actitud vital.

De hecho, tú eres cofundadora de una revista: Yorokobu. ¿Qué difunde este altavoz?

En Yorokobu no nos interesa tanto la actualidad como una mirada más lenta y pausada, desde una mayor panorámica, para poder entender qué está pasando. Siempre desde un punto de vista sociológico, de antropología urbana y, por supuesto, desde la creatividad. Porque nos parece el motor del mundo y es uno de los grandes temas que nos obsesionan y nos fascinan.

También has escrito varios libros sobre el papel de la mujer en el periodismo y la escritura a lo largo de la historia. Mujeres que no salen en los libros de textos actuales. ¿Qué pasa, por qué no aparecen, quién las ha silenciado?

A muchísimas mujeres las silenció el franquismo. Las encerró, las borró y las reprimió. Si lees la prensa antes de la guerra civil, había muchas mujeres, en el siglo XIX, que fundaban sus propias revistas. Publicaciones que tenía cierta periodicidad, que eran conocidas, que llegaban a su público. Todo eso se borró de manera intencionada y canalla por parte de un régimen ultra machista y represor. Fue una operación meditada de eliminar a las mujeres y convertir a los hombre –a determinados hombres– en los únicos protagonistas de la historia.

Acaba de fallecer una de las figuras emblemáticas en la lucha por la visibilidad y la equidad de la mujer en los medios de comunicación, Alicia Gómez Montano ¿Va por buen camino la lucha feminista en el campo del periodismo?

Es fantástico y emocionante ver lo que el feminismo ha conseguido en los últimos años. Hay muchísimas mujeres y personas que trabajan en los medios de comunicación que están muy implicadas en la igualdad y el reconocimiento de las mujeres. Sí creo que vamos por muy buen camino pero, una de las leyes históricas (y yo diría que de física y química) es que, ante una acción hay una reacción. En este énfasis de conseguir la igualdad o acercarnos a ella han surgido las voces reaccionarias que vienen con la misma cantinela de finales del siglo XIX y de los tiempos más machistas y oscuros del franquismo. Pero no hay centrarse en los mensajes que nos revientan los tímpanos.

Con el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes en las manos, ¿qué piensas que aportó su figura al mundo de la escritura y del periodismo?

Miguel Delibes es un gran maestro y una figura apasionante. A mí lo que más me gusta de él es cómo retrataba la vida, los detalles, los personajes. No era nada grandilocuente ni un esteta del lenguaje por el lenguaje sino que levantaba y construía escenas. Realmente hacía casi películas, además de novelas.

¿Podrías escoger una frase, un nombre de un personaje, un expresión etimológica popular entre sus obras que te haya hecho reflexionar?

Me fascina el título de `El disputado voto del señor Cayo´. Solo con tres palabras Delibes está hablando de una forma de vivir, de un momento histórico, de política, de sociología, de humanidad…

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