Acabar Eurovisión en puestos irrelevantes ya es habitual año tras año. El pasado sábado España obtenía el puesto 23 de 26 participantes.

Eurovisión, un año más, resultó ser un fiasco para los telespectadores españoles y así nos lo hicieron ver sus protagonistas –Amaia y Alfred–  con sus declaraciones tras las votaciones: “el puesto ha sido una mierda”.

Y es que a muchos les habían vendido la moto de que había posibilidades para la victoria por parte de la pareja ñoña del año. Los recientes ganadores de OT acudían con una canción más propia de cualquier sala de fiestas de la tercera edad en Benidorm, que de un concurso internacional donde hay que competir con una canción solvente ante los amiguismos geopolíticos de Eurovisión.

Nuestra cantante se ha defendido añadiendo que “todo se trata de bastante postureo” y que lo tenían asumido antes del certamen. Lo valiente hubiese sido decirlo antes y no subirse al escenario inflando gratuitamente las ilusiones de algunos de sus compatriotas. Mientras, Alfred -inmaduro y claro ejemplo de español descafeinado- estaba encantado porque su legión de ‘followers’ había aumentado en 50.000.

El mejor dato es saber que Eurovisión sigue siendo rentable para España. Las audiencias así lo determinan. Este año 7,17 millones de espectadores se pusieron delante del televisor alcanzando una cuota d pantalla del 43,5 %. El minuto de oro se alcanzó a las 00.27 horas con un total de 8,75 millones de espectadores.

Amaia y Alfred no quedaron contentos. Los espectadores tampoco. Ahora sólo pido que alguien haga algo para que el año que viene, una vez más, no se nos quede cara de tontos a toda España.