Dice la leyenda que todos tenemos un cuñado que es un entrenador frustrado. Opina de todo y sabe más que el propio entrenador y más que los árbitros. Y esto sin vivir el día a día en entrenamientos y vestuarios. Sin conocer el estado físico y anímico de los jugadores, la calidad del terreno de juego y algún que otro parámetro más. Con las campañas y la creación de marcas, pasa algo similar.

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Bajo mi humilde opinión, en foros controlados, podríamos dar nuestra opinión, pero no se debe entrar a mayores sin saber o conocer de primera mano el público, la estrategia global y el objetivo de la acción. Entre otras cosas, detrás de esa campaña o marca, existe o debería existir un profesional o grupo de colegas que han dedicado horas de trabajo a ese proyecto. Hay que ser conscientes de que el trabajo de enfrentarse a un papel en blanco es toda una aventura.

Esta es la parte complicada, ya que sobre lo que otras personas han trabajado y dedicado horas es fácil sacar “peros”. Deberíamos enfocarlo de la siguiente manera: han tenido acceso a un ‘briefing’ y comentarios e indicaciones del cliente. Han podido hacer o presentar un ‘contrabriefing’. Y por regla general, esta información entra en los acuerdos de confidencialidad entre cliente y agencia.

Tampoco conocemos las propuestas y los cambios o mejoras realizados sobre bocetos iniciales. Y al final, en muchos casos, el que marca la pauta y se tiene que sentir cómodo, es el cliente.