Jurado del programa de La 1 desde 2013, el mediático chef (con una estrella Michelin) destaca el papel que han jugado programas como Masterchef para democratizar la gastronomía y, por ejemplo, acabar con el tabú de visitar un restaurante de alta cocina. Y es que, tal y como subraya televisivo cocinero: “La gastronomía es una cosa de todos”.

  • Pepe Rodríguez es, en la actualidad, uno de los chefs españoles más mediáticos. Pero, ¿cómo llega a la televisión?
  • Pues como he llegado a casi todo en la vida: por casualidad. A mí, ni me interesaba ni me gustaba ni jamás pensé  que iba a acabar en un programa de televisión. Pero, de pronto, me llamó una chica para comentarme que estaban haciendo unas pruebas para un programa y que, por favor, me acercara. Las hice y, no me digas cómo, pero aquí estoy. Seis años llevo ya.
  • Se dice que la televisión es espectáculo. De lo que vemos en Masterchef, ¿cuánto es real y cuánto es actuación?
  • Yo siempre digo que en la televisión hay más verdad que en la gastronomía. Imagina cómo está la gastronomía (se ríe). Es todo como se ve. Además, hay cosas que no se pueden falsear. Eso sí, siempre hay quien te dice: “Ya, ya, pero es que en la televisión está todo preparado”. Pero no es así. Eso lo dice la gente que nunca ha hecho televisión o que no sabe de televisión. Yo mismo, que siempre había sido un tipo escéptico, que nunca me había enganchado a un programa de televisión y que cuando veía a alguien llorar decía: “¿Pero qué necesidad hay de llorar ahora? Le dirán que hay que llorar…”. Sin embargo, cuando estás ahí dentro, ves cómo te lo prepara la gente de la televisión para llevarte al límite, para que salgan todos tus sentimientos: llores, cantes, ríes, bailes,…, y hagas todo aquello que no harías jamás y, además, lo hagas delante de una cámara. Es magia lo que hacen los profesionales de la televisión.
  • ¿Ha cambiado mucho su día a día desde que participa en Masterchef?
  • Seguro que sí. Lo que pasa es que llevo seis años tan intensos… Es verdad que vivo en el estrés. Ya vivía antes, teniendo un restaurante y una cocina, pero, ahora, puedo hacer 400 cosas más. Me he dado cuenta de que si a una persona le dejas trabajar ocho horas al día, pues trabaja ocho horas al día. Y si al mes siguiente te dicen que en vez de ocho tienes que echar diez horas, los tres primeros días estarás jorobado, pero al cuarto, ya te habrás acostumbrado. Y lo mismo si te dicen que estés 14 horas. Y al final, te das cuenta que cuando haces lo que te gusta y haces lo que quieres y cómo quieres, te vas acostumbrando. Yo estoy todo el día enchufado, pero soy feliz así, estoy encantado y me da tiempo a hacer muchas más cosas. Aprovecho muy bien el tiempo, lo gestiono mejor.
  • Cada vez hay más modalidades de Masterchef. ¿Cómo hace para sobrellevar la cocina de su restaurante y la televisión?
  • Esa es mi vida diaria, como comentaba. Es lo normal. Los lunes, miércoles y viernes grabo y los martes, jueves, sábado y domingo estoy en el restaurante. Y entre medio de todo esto, hago 1.500 cosas más.
  • ¿Han ayudado programas como Masterchef a acercar la gastronomía a la gente?
  • Yo creo que sí, que programas como este han hecho un gran trabajo. No es que la gente ya vaya a comer mejor en su casa, pero siempre habrá alguno que vea ese formato y diga: “Pues me dan ganas de cocinar”. O como me comentan otros: “Nunca había visto a niños cocinar y ahora mis hijos me están pidiendo hacerlo. Así que los fines de semana nos ponemos a cocinar en familia”. También hay quien te dice que antes no se le hubiera ocurrido ir a un restaurante con estrella Michelin y ahora lo hace o quien te explica que una vez al mes intentan probar y conocer nuevos sitios. ¿Se come mejor en España ahora que cuando no estaba Masterchef? Pues igual no hay mucha diferencia, pero seguro que ha mejorado algo la situación y a un poquito, por lo menos, habrá contribuido Masterchef.
  • ¿Se ha cambiado también la forma de tratar la gastronomía en los medios?
  • La gastronomía se ha democratizado, con lo cual, se le da más espacio, porque el público consume más gastronomía y demanda más contenidos. Y es que a raíz de programas como Masterchef, la gente quiere una sartén mejor o un soplete, porque sabe que con eso puede quitarle el pelo a las manitas y antes no lo sabía; conocen que la trufa se consume en invierno y otros productos en verano,… Saben más y consumen más este tipo de información que, con anterioridad, parecía propiedad solo de unos pocos, de una élite. Y nosotros lo que hemos hecho ha sido acercárselo al pueblo llano, que también ha cambiado su actitud. Y, como comentaba antes, cuando puede o cuando quiere, consume en reconocidos restaurantes y hace el esfuerzo de ir a conocerlos. Algo que antes les parecía tabú. Y esto lo ha conseguido un programa de televisión, algo que no ha logrado el periodismo gastronómico en toda su historia.
  • ¿Qué papel juega el periodismo gastronómico en todo esto?
  • Los periodistas gastronómicos van a otra. Es más, he recibido muy poco apoyo de ellos. Y eso que los conozco a todos porque me he criado con ellos. Porque al final tenían cierto recelo hacia el programa, como que les estuviéramos quitando cuota de poder, porque, hasta ese momento, la información gastronómica parecía una cosa restringida a ellos. Y no se dan cuenta de que la gastronomía es algo para todo el mundo. Y lo que hemos hecho nosotros ha sido popularizarla, llevarla a las casas y que la gente pueda conocer a Joan Roca, que no sabían quién era y es el mejor cocinero del mundo, o a Ferran Adrià o a cualquier otro gran cocinero. Y antes esto parecía que era propiedad de unos pocos intelectuales. De ahí la necesidad de democratizar la alta cocina y del recelo hacia nosotros y el programa. Porque yo lo he notado.
  • En lo que lleva de carrera, ¿han cambiado mucho los mensajes de la cocina?
  • Aunque depende del tipo de restaurante, creo que el mensaje de la cocina es claro, por lo menos, en mi restaurante es dar placer, es que la gente pase tres horas sentada, como las podía pasar en el teatro o en cualquier otro sitio, disfrutando. Se trata de pensar que no solo vas a un restaurante porque tienes ganas de comer, sino porque vas buscando una experiencia, algo diferente, algo más: ese menú degustación que te da una secuencia, eso que te quiere decir ese cocinero (que es diferente en el norte, en el sur, en el este o el oeste)… Ahora la gente visita Toledo y no solo va a ver El Greco y la Catedral, también van a comer a Casa de no sé quién porque hace una cocina extraordinaria, diferente,… Esos mensajes ya los teníamos antes y siguen siendo válidos ahora. Pero también es verdad que la sociedad ha cambiado e intentamos que esos menús y la forma de comer sea un poquito más estética, más ligera, más sana, más saludable,…, unos aspectos que antes igual no se cuidaban tanto. Creo que hoy estamos todos en ese mismo barco. Y sí, ciertos mensajes han ido cambiando, lógicamente, pero porque la cocina es un lenguaje vivo que se va transformando día a día. De hecho, lo que estoy diciendo hoy igual no vale dentro de 20 años.