Hace unos días leía en La Vanguardia una entrevista con Aidan Whaite, un veterano periodista irlandés miembro de la Red de periodismo ético, en la que explica qué se puede hacer en la lucha contra las noticias falsas que tanto está destrozando la credibilidad y la confianza en las sociedades. La entrevista muestra a un tipo lúcido y coherente que sabe por dónde camina este oficio y cuáles son sus desafíos. Pero hoy me quiero quedar con el titular de la entrevista, que es por sí misma una declaración de intenciones y que reabre un debate sobre si hay o no que darle respiración asistida a un modelo de negocio que se está cayendo a pedazos: “Si subvencionamos un ballet, ¿por qué no el periodismo?”.

Desde luego, la respuesta que se le dé puede tener múltiples lecturas y matices. Si pensamos que el periodismo independiente es clave para mantener los parámetros de calidad de nuestras sociedades democráticas, lo lógico es que ayudemos a quien ejerce este oficio para que pueda seguir desempeñando esta labor tan esencial para la comunidad. Si se subvenciona el ballet, la minería o el sector del automóvil….

Pero las preguntas se acumulan: ¿y qué tipo de subvenciones hay que conceder? Y no sé si aún más importante: ¿y a quiénes se les dan o deberían darse? ¿En qué cifras? ¿A través de qué vías?

Voy con algunas posibles respuestas:

Las ayudas y las subvenciones a los medios de comunicación no tienen que concederse para perpetuar modelos de negocio anacrónicos que son insostenibles en el mercado. En todo caso, tienen que destinarse a proyectos que permitan a las empresas periodísticas el tránsito hacia proyectos estratégicos que sean sostenibles en el nuevo entorno digital…y les permita ser independientes.

En caso contrario, lo que se logra es retrasar un proceso de adaptación a las nuevas reglas del juego de la industria del periodismo que, más pronto que tarde, penalizará de nuevo a las empresas periodísticas y a quienes trabajen y colaboren con ellas. Los despidos no se frenan con las ayudas, se retrasan.

Y una cuestión editorial que nos devuelve al punto de partida. Lo de las subvenciones y el periodismo independiente tiene algo de oximoron, de conceptos imposibles de cuadrar por ser antagónicos. O el periodismo es independiente o está subvencionado, pero querer ser independiente gracias a las subvenciones de los poderes políticos es como pretender que dos más dos sumen cinco.

Las ayudas siempre vienen bien, vengan de donde vengan, pero normalmente nunca vienen solas. Sobre todo en un sector que sobrevive rentabilizando su influencia a través de los acuerdos empresariales y la publicidad institucional. Y eso lo saben bien todos los medios de comunicación de este país sin excepción. Por eso, mejor centrarse en ser rentables por sí solos que esperar a que un poder público te resuelva los problemas, porque esto, al final, también se paga. Yo sí quiero que se subvencione a los periódicos, pero que lo hagamos los ciudadanos pagando los productos periodísticos. La calidad se paga. En el periodismo, en el ballet y donde sea.

 

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